Por João Tovar Jalles y Prakash Loungani

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Históricamente, el crecimiento económico se ha movido en paralelo a la contaminación. Pero, ¿pueden los países romper este vínculo y gestionar el crecimiento al mismo tiempo que reducen la contaminación?

Nuestro estudio (basado en un trabajo conjunto con Gail Cohen y Ricardo Marto) muestra que sí, que se han realizado avances. Nuestros datos son claros: las economías avanzadas están empezando a mostrar signos de disociación (aumento del crecimiento y reducción de la contaminación), pero no así todavía las economías de mercados emergentes.

El gráfico resume nuestros datos sobre la vinculación entre la tendencia (relación a largo plazo) de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) y la tendencia de la renta. Nuestro análisis cubre los 20 mayores emisores de GEI a nivel mundial desde 1990 hasta el momento actual. En este tiempo, la renta ha crecido (esto es, la tendencia es positiva), pese a algunas caídas debidas a recesiones y crisis financieras ocasionales. Pero, ¿qué ha sucedido con la tendencia de las emisiones?

Las barras del gráfico muestran el incremento porcentual de la tendencia de las emisiones por cada aumento del 1% en la tendencia de la renta (los economistas se refieren a estas estimaciones como elasticidades). Si nos fijamos en los tres casos de la derecha del gráfico (Alemania, Reino Unido y Francia), las elasticidades estimadas en este grupo son negativas: las emisiones se han reducido pese al aumento de la renta. Estos países han conseguido disociar las emisiones y el producto. Nuestros resultados muestran que esto se debe tanto a las políticas activas de estos países, dirigidas a descarbonizar sus economías, como a la transformación estructural de sus economías hacia un papel mayor de los servicios.

En los siguientes tres casos, Ucrania, Rusia e Italia, no podemos estar muy seguros de la relación entre emisiones y renta. Aunque las estimaciones están próximas a cero, los intervalos de confianza no descartan que los valores sean o mucho mayores o mucho menores (las barras de estos casos dudosos se muestran en color claro).

Los cuatro siguientes casos del gráfico corresponden todos a economías avanzadas: Estados Unidos, Australia, Japón y Canadá. Estos países tienen elasticidades estimadas positivas aunque pequeñas, entre 0,1 y 0,4, lo que significa que todavía no han conseguido disociar las emisiones y la renta, pero que las emisiones están creciendo a una tasa mucho menor que la renta. En Estados Unidos, se ha producido un gran avance desde mediados de la década de 2000, cuando la tendencia de las emisiones primero se ralentizó y, después, comenzó a caer, debido principalmente al incremento del uso de gas natural para producir electricidad.

El resto de los países que se muestran en el gráfico son economías de mercados emergentes. En este grupo, las elasticidades estimadas son todas positivas y por encima de 0,6. ¿Seguirán estos países la senda de las economías avanzadas? Existen razones para ser optimista. En primer lugar, las elasticidades estimadas, aunque elevadas, son menores que en la década de 1970 y 1980. En segundo lugar, en un estudio relacionado, encontramos que, en países como China, las provincias más ricas están comenzando a mostrar signos de disociación.

Al ofrecer datos sobre los avances en materia de disociación, no queremos restar importancia a los retos existentes. El control de las emisiones, aunque loable, podría no ser suficiente para conseguir el objetivo de limitar el aumento de la temperatura mundial por debajo de 2 °C. Así pues, tal como el FMI lo lleva defendiendo hace tiempo, los países deberían considerar la fijación de precios del carbono (la aplicación de tasas sobre el contenido de carbono de los combustibles fósiles o sus emisiones) para acelerar el avance hacia un mundo verde.