Por Rodrigo Valdés

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Comparado con Europa o Asia, el comercio intrarregional al sur del Río Grande es llamativamente bajo. Incluso África tiene números mayores. En una época en que el comercio mundial ha crecido muy lentamente —1.9% al año en 2012–2016 vs 7.5% en 2003–2007— muchos se preguntan si estamos perdiendo una oportunidad. Ahora que hay sentimientos en contra de la globalización en varios países desarrollados, la pregunta toma aún más importancia.  

Hay varias razones que explican una integración reducida en la región. La existencia de tarifas comerciales en algunos países relevantes, fragmentación de acuerdos comerciales, infraestructura deficiente, y una estructura productiva parecida, incluyendo un elevado protagonismo de las materias primas, dificultan un intercambio más vigoroso. Pero hay posibilidades de integrarnos más y mejor en la región.

En la dirección correcta

El Departamento del Hemisferio Occidental del FMI organizó una muy útil conferencia sobre integración económica a comienzos de este mes. Las tres multilaterales: el FMI, el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) han realizado esfuerzos de investigación valiosos durante el último tiempo y alimentaron la conferencia con excelentes presentaciones. Es de las conferencias que me ha tocado participar en que he sentido aprendí más.

Integrarnos es un paso en la dirección correcta. Hay evidencia robusta que la integración comercial, global y regional, ayuda al crecimiento y no ha provocado una peor distribución del ingreso en los países que se han abierto. Pasar del percentil 25 al 75 en integración provoca aumentos de crecimiento per capita de 1 a 2% los 5 años posteriores. Aunque el coeficiente de Gini (que va de 0 a 1, y en el que los valores menores indican más igualdad) ha aumentado en casi todas partes, lo ha hecho mucho menos en los países que se han abierto más recientemente.

Tenemos varios problemas. La región tiene una estructura de acuerdos tipo “spaguetti bowl” (o “plato de tallarines”), con reglas diferentes, que dificulta exportar a varios países. Mercosur mantiene tarifas relativamente altas y similares a las de hace 20 años. Además, la región en general mantiene un espacio mucho mayor que el resto del mundo entre las tarifas aplicadas y las máximas que potencialmente podría aplicar. Y si bien las exportaciones han aumentado, parece ser que son menos intensivas en capital humano que en el pasado.

Oportunidades y cuellos de botella

Los países de la región ganarían mucho abriéndose más. La estrategia regional es un escalón en este proceso y no debería sustituir el objetivo final: la globalización de la región. Hay grandes oportunidades en armonización y reducción de costos al comercio.

Esto me lleva a cinco puntos que traté de hacer en mi propia presentación en la conferencia y que, desde mi experiencia práctica, se orientan a dónde pienso hay oportunidades y cuellos de botella.

Primero, tenemos que aprovechar formas menos tradicionales de integración, que van más allá del comercio. Hay industrias no transables que un país son mucho más eficiente que otros. La inversión directa en estos rubros puede ser magnífica y, la buena noticia es que está sucediendo. El retail en el caso de mi país (Chile) es un buen ejemplo. Los bancos brasileños son otro. También tenemos que mirar la inmigración como una gran oportunidad. El movimiento de los factores productivos es superior al comercio.  

Segundo, la agenda de la Alianza del Pacífico nos muestra que no es tan fácil avanzar, incluso en un grupo de países que es relativamente homogéneo en cómo ve la globalización. Pero se puede, paso a paso. De hecho, los países acordaron acelerar sus compromisos de reducción arancelaria bilateral en 2015, así como eliminar exclusiones. Hoy queda sólo el azúcar con protección relevante en dos países. En los últimos dos años, también logramos hacer que los cuatro países reconocieran emisiones de títulos de renta variable y renta fija en los otros países, simplificamos el tratamiento tributario para inversiones transfronterizas de los fondos de pensiones y acordamos una arquitectura para un pasaporte de fondos, entre otros.

Tercero, en la región necesitamos prepararnos mejor y tener más recursos humanos en estos temas, especialmente en los ministerios de finanzas. Si por alguna razón los líderes decidieran una integración en serio, me temo no podríamos concretarla. Las multilaterales nos pueden ayudar mucho en este ámbito.

Cuarto, una afirmación políticamente incorrecta y de realismo. Sin Brasil, nuestro gigante regional, convencido y liderando este proceso, no hay mucho que esperar. En Sudamérica Brasil tiene un peso relativo mayor al de Alemania, Francia e Italia juntos en Europa. Un cambio en serio pasa por la convergencia de Mercosur y la Alianza del Pacífico. Pero Brasil, me temo, aún no tiene el convencimiento profundo de que conviene una economía abierta. Hay temas políticos, una experiencia ya algo antigua de éxitos con una estrategia de crecimiento “hacia adentro” y un lobby proteccionista poderoso. Espero que los líderes de Brasil vean los trabajos presentados en la conferencia.  

Y quinto, llevamos demasiados años buscando un Big Bang. Tenemos un número excesivo de acuerdos de libre comercio y de asociaciones de países. No necesitamos más clubes. Necesitamos liderazgo político y simplificar. Partamos por juntar los clubes más parecidos entre los 33 acuerdos que existen entre los 26 miembros regionales del BID.

Rodrigo Valdés es Profesor Asociado de la Escuela de Gobierno de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Fue Ministro de Hacienda de Chile y subdirector de los departamentos Europeo y del Hemisferio Occidental del FMI.