Por Claudio Raddatz y Jay Surti

(Versión en English)

La crisis financiera mundial mostró que a los períodos de fuerte crecimiento y de aparente calma en los mercados financieros puede seguir un aumento repentino de la volatilidad de los mercados y un inesperado giro descendente de la economía. Por eso es tan importante que las autoridades vigilen atentamente lo que se conoce como condiciones financieras. Estas pueden abarcar desde el rendimiento de los bonos y los precios del petróleo hasta los tipos de cambio y los niveles de deuda interna.

Un nuevo análisis expuesto en el informe del FMI sobre la estabilidad financiera mundial desarrolla una herramienta novedosa que permite a los responsables de la formulación de políticas emplear la información contenida en las condiciones financieras a fin de cuantificar los riesgos para el crecimiento futuro, lo cual puede ayudarlos a tomar medidas orientadas a prevenir tales riesgos. 

Bonanza

En el período previo a la crisis, los tiempos de bonanza alentaron a las empresas y los hogares a asumir comportamientos riesgosos. Las bajas tasas de interés los indujeron a atiborrarse de deuda. El alza de los precios de los activos incrementó el valor de las garantías, así como el capital y las utilidades de los bancos, posibilitando que estos relajaran las normas de suscripción de crédito y facilitando un nivel aún mayor de toma y concesión de préstamos. Con el tiempo, el reconocimiento por parte de los mercados de los riesgos inherentes a la acumulación de estas vulnerabilidades desencadenó un rápido aumento de los costos de financiamiento y un endurecimiento del crédito, lo cual a su vez provocó una cascada de incumplimientos y de quiebras bancarias que culminaron en la recesión más grave desde los años treinta.

¿Cómo pueden nuestras nuevas herramientas servir para predecir una contracción económica? Nuestro análisis define algunas condiciones que a menudo parecen indicar la aparición de dificultades en un lapso de 12 meses: creciente volatilidad del mercado, más aversión al riesgo entre los inversionistas, y una ampliación de los diferenciales crediticios; es decir, de la diferencia de rendimiento entre valores ultraseguros como las notas del Tesoro de Estados Unidos y otras formas de deuda. Durante un período de dos a tres años, un mayor nivel de deuda y el crecimiento del crédito son indicios más claros de que se avecinan tiempos económicos difíciles.

Los precios de las materias primas

Por supuesto, la importancia de cualquier indicador dado depende del tipo de economía. La existencia de costos de endeudamiento más altos para las empresas y un empeoramiento del sentimiento de riesgo mundial son signos que indican dificultades de forma generalizada. Pero si bien los crecientes precios de las materias primas benefician a países exportadores como Australia, Canadá y Brasil, también elevan el riesgo de un deterioro económico en los países importadores de dichos bienes.

Entonces, ¿qué están señalando hoy las condiciones financieras? Los diferenciales crediticios son bajos y también lo es la volatilidad de los mercados, lo cual indica una perspectiva relativamente benigna. Esa es la buena noticia. Pero los crecientes niveles de deuda señalan que habrá riesgos en el futuro. Un rápido aumento de los diferenciales de crédito y una mayor volatilidad del mercado podrían agravar significativamente las perspectivas de crecimiento mundial.

Afortunadamente, las autoridades pueden utilizar las herramientas que hemos desarrollado con el fin de ayudarlas a pronosticar los riesgos y tomar las medidas apropiadas. Pueden usar las denominadas medidas macroprudenciales para contener el crecimiento del crédito y reducir el riesgo de una caída repentina. Tales medidas incluyen exigir que los bancos cuenten con más capital como colchón de protección frente a posibles pérdidas, y que las familias efectúen pagos iniciales más elevados al adquirir una vivienda. Cuando una crisis ya parezca ser inminente, las alternativas incluyen reducir las tasas de política monetaria de los bancos centrales, así como adoptar algunas de las medidas implementadas durante la última crisis, tales como los programas de compra de activos y las líneas de liquidez de emergencia.