Por Maurice Obstfeld

(Versión en English)

Los desequilibrios en cuenta corriente pueden ser saludables, o también pueden ser un síntoma de tensiones macroeconómicas y financieras, y de ahí que su evaluación sea una tarea delicada. Conforme a su mandato de promover la cooperación monetaria internacional, el FMI realiza evaluaciones externas anuales de las principales economías del mundo. El objetivo es alertar a la comunidad mundial acerca de riesgos potenciales que los países deban abordar de forma mancomunada.

Los países, como los hogares, a veces pueden gastar más de lo que ingresa, y otras veces menos. Cuando un país gasta más de lo que percibe como ingreso quiere decir que importa más bienes y servicios de los que exporta, y se dice que tiene un déficit en cuenta corriente. Para financiar este déficit, el país asume pasivos frente al resto del mundo, u obtiene préstamos del resto del mundo.

Cuando un país que presenta un desequilibrio contrario —un superávit en cuenta corriente— quiere decir que está acumulando derechos frente al resto del mundo. Como todo el endeudamiento debe tener como contrapartida una cantidad equivalente de préstamos, la suma de todos los déficits en cuenta corriente existentes en el mundo es igual a la suma de los correspondientes superávits. Este principio se conoce como coherencia multilateral.

Los desequilibrios pueden ser saludables…

En muchos casos, los desequilibrios en cuenta corriente pueden ser totalmente apropiados, e incluso necesarios. Por ejemplo, los países cuyas poblaciones están envejeciendo con rapidez —como muchas economías avanzadas en Europa y Asia—necesitan acumular fondos a los que puedan recurrir cuando sus trabajadores se jubilen. Si las oportunidades de inversión interna son escasas, resulta lógico que estos países inviertan en el exterior, con el aparecimiento de un superávit en cuenta corriente como resultado.

En otros países sucede lo contrario. Las economías jóvenes, en rápido crecimiento y con abundantes oportunidades de inversión se benefician del financiamiento externo, y pueden acumular deudas (que generan déficits en cuenta corriente), siempre y cuando puedan reembolsarlas con los ingresos futuros.

… o señalar riesgos

No obstante, a veces los desequilibrios externos pueden ser una señal de tensiones macroeconómicas y financieras, ya sea a nivel de los países o a nivel de la economía mundial, como lo han explicado mis colegas en el FMI y lo he expresado yo mismo. Así como los hogares sobreendeudados pueden perder acceso al crédito, las economías que acumulan volúmenes excesivos de pasivos externos pueden tornarse vulnerables a interrupciones repentinas de los flujos de capitales, que provocan recortes bruscos del gasto y que hacen más probable el surgimiento de crisis financieras.

Asimismo, los desequilibrios persistentes pueden ser un síntoma de distorsiones en la economía interna que pueden ser perjudiciales para el crecimiento; por ejemplo, redes de protección social insuficientes que dan lugar a un ahorro precautorio exagerado. En este caso, eliminar las distorsiones y reducir los desequilibrios es algo que va en favor de los propios intereses del país. La reducción de los desequilibrios también puede obrar en beneficio de la comunidad mundial, al hacerla menos vulnerable a los efectos de contagio de las crisis financieras o a las desventajas de los superávits excesivos, como una demanda mundial deprimida y un repunte del proteccionismo en los países deficitarios.

Enseñanzas de la historia

En la historia abundan los ejemplos de perturbaciones relacionadas con importantes desequilibrios externos. El más funesto quizá sea el de la Gran Depresión de finales de la década de 1920 y comienzos de la década de 1930. Lo que precedió a ese acontecimiento fue un fracaso de la cooperación internacional a la hora de abordar los desequilibrios persistentes entre países con importantes superávits (en particular Estados Unidos y Francia) y déficits (Alemania y el Reno Unido). El resultante derrumbe del orden económico mundial fue lo que condujo, después de la Segunda Guerra Mundial, al establecimiento del FMI, con el mandato de fomentar la cooperación monetaria internacional y ayudar a los países a mantener economías sólidas.

En un ejemplo más reciente, en el período previo a la última crisis financiera mundial se observaron desequilibrios sin precedentes y una acumulación simultánea, pero desatendida, de vulnerabilidades. Los desequilibrios solo se corrigieron con una recesión excepcionalmente grave que afectó a toda una generación y que causó tensiones económicas en todo el mundo.

Evaluación de los desequilibrios externos

Dado su mandato, ¿qué puede hacer el FMI para atenuar el riesgo de desequilibrios en cuenta corriente con efectos perturbadores? Tomando a pecho una de las moralejas de la crisis financiera mundial, desde 2012 hemos realizado evaluaciones anuales sistémicas de las 28 principales economías del mundo y la zona del euro. Juntas, estas economías representan más del 85% del PIB mundial.

El objetivo consiste en detectar tempranamente las condiciones de riesgo y ofrecer a los países asesoramiento en materia de políticas para hacer frente a los desequilibrios con efectos potencialmente perturbadores. Los resultados se presentan en los informes de la consulta anual del Artículo IV realizada con cada país miembro, y en un informe sobre el sector externo de carácter integral que se publica una vez al año. El ejercicio tiene una perspectiva multilateral, es decir, se enfoca en las transacciones de un país con el resto del mundo, no en los saldos bilaterales de los países. Este enfoque es crucial para detectar los factores macroeconómicos que dan lugar a desequilibrios mundiales.

En vista de que algunos desequilibrios son justificables, el desafío clave está en determinar hasta qué grado la magnitud de un superávit (o un déficit) externo es adecuada, y en qué momento se torna excesiva. Los factores que determinan los saldos en cuenta corriente son sumamente complejos, y por eso ningún método sencillo de detección de desequilibrios excesivos tiende a ofrecer la respuesta correcta para cada país. Por esta razón, el FMI ha desarrollado una metodología detallada de evaluación que, si bien no es perfecta, nos parece que se sitúa en un punto de equilibrio entre la teoría económica, las estimaciones estadísticas y los conocimientos específicos sobre los países a la hora de evaluar riesgos potenciales.

Los detalles

Conceptualmente, nuestras evaluaciones externas comparan el saldo en cuenta corriente efectivo de una economía con una cuenta corriente definida como norma. El proceso consta de cuatro pasos:

Paso 1: Cuenta corriente proyectada. El punto de partida es el modelo de Evaluación de los Saldos Externos (EBA). El modelo estima el saldo en cuenta corriente “medio” de una economía con determinadas características (por ejemplo, estructura demográfica o nivel de ingreso) y políticas económicas (por ejemplo, orientación fiscal). Para generar información complementaria y contar con un control, también aplicamos modelos similares al tipo de cambio efectivo real a fin de derivar un parámetro de referencia para los análisis de subvaluación o sobrevaluación.

Paso 2: Norma EBA. “Medio” no equivale necesariamente a “óptimo” o “conveniente”. Por ejemplo, si un país aplica una política fiscal inadecuada —demasiado expansiva o demasiado restrictiva—, calculamos el saldo en cuenta corriente que prevalecería si la política fiscal fuera adecuada. Al reemplazar las políticas vigentes con las políticas adecuadas en el modelo EBA, obtenemos una cuenta corriente considerada como norma.

Paso 3: Norma derivada por el personal técnico. Ningún modelo es perfecto. Y por eso no es inusual que se deban ajustar las estimaciones del modelo para incorporar factores específicos de los países que fueron omitidos, y que se basan en la información recabada por nuestros equipos a cargo de los países durante el proceso de consulta. Tomemos como ejemplo el caso de una economía joven y en rápido desarrollo. El modelo quizá señale como apropiado un déficit abultado en cuenta corriente, es decir, un déficit mayor del que la economía típicamente sería capaz de financiar. En este caso, la cuenta corriente estimada como norma se ajusta al alza (o sea, hacia un déficit más reducido). Hacemos todo lo posible para garantizar que estos ajustes sean precisos e imparciales, y que respeten el principio de la coherencia multilateral, es decir, que su suma coincida con la suma de las contrapartidas a escala mundial.

Paso 4: Brecha de la cuenta corriente. La diferencia entre el saldo en cuenta corriente efectivo y la norma derivada por el personal técnico es la “brecha de la cuenta corriente”, la base de nuestras evaluaciones. Conceptualmente, la brecha refleja todos los factores que alejan al saldo externo de una economía de su nivel adecuado, y que van desde políticas macroeconómicas desacertadas hasta distorsiones internas. Estas brechas luego se traducen en evaluaciones cualitativas, cuyas categorías generales se ilustran en el gráfico 2, y que sirven de base para el debate de las políticas que serían más eficaces para cerrar las brechas.

Evolución de las evaluaciones externas

Es importante recordar que tanto las normas como los saldos en cuenta corriente evolucionan. Las evaluaciones externas ofrecen una instantánea de un momento determinado, no una conclusión fundamental acerca del carácter inmutable de la economía.

Además, y pese a todos nuestros esfuerzos, siempre hay un margen de error. Por eso incluimos bandas de confianza alrededor de nuestras evaluaciones. Pero aun así, es posible que algunos factores pertinentes se pasen por alto. Un cierto grado de humildad siempre es necesario: nos esforzamos al máximo para que nuestras evaluaciones externas sean lo más exactas posible, pero eso no significa que sean perfectas, y por eso siempre estamos procurando modernizar y pulir nuestro modelo EBA y nuestros análisis.

Un bien público mundial

A fin de cuentas, las evaluaciones del FMI son una herramienta analítica —nada más, pero tampoco nada menos— que sirven para abordar la difícil y a menudo polémica cuestión de cuándo los desequilibrios son adecuados y cuándo son una señal de riesgos. Así, las evaluaciones constituyen un importante bien público cuando alertan a la comunidad mundial sobre tensiones potenciales en la balanza de pagos que los países tienen que afrontar de manera conjunta. Para que sean eficaces, nuestros análisis y nuestras recomendaciones tienen que encontrar oídos abiertos y mentes receptivas entre las autoridades económicas, además de la voluntad para actuar.

Combatir los desequilibrios mundiales excesivos es una responsabilidad compartida. Un país no puede hacerlo de manera eficaz por sí solo. Todos los países tienen que actuar mancomunadamente para que todos salgan ganando. Caso contrario, nos exponemos a los tipos de crisis que han hecho descarrilar la estabilidad mundial en el pasado.