Por Carlos Caceres, Carlos Gonçalves, Genevieve Lindow y Galen Sher

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Desde principios de la década de 2000, América Latina ha experimentado un auge de la actividad económica y una mayor integración financiera con el resto del mundo. Este fenómeno ha sido acompañado por un aumento de los flujos de capitales a la región, los cuales han proporcionado abundante financiamiento y han reducido los costos de endeudamiento para la inversión productiva.

Pero en el último par de años, a medida que la región ha ido enfrentándose a una coyuntura externa cada vez más complicada, los flujos financieros hacia América Latina se han reducido a la mitad, de más de 8 por ciento a 4 por ciento del PIB. Dado que para los próximos cinco años se prevé un crecimiento más moderado en América Latina, ¿cabe también prever que los flujos de capitales a la región continuarán reduciéndose?

Es oportuno e importante que las autoridades, a medida que barajan opciones de política para gestionar el impacto de los vaivenes de los flujos de capitales e incrementar la fortaleza y resistencia de sus economías, comprendan mejor los factores que impulsan los flujos de capitales a lo largo del tiempo y en los distintos países.

En el capítulo 4 de la edición más reciente de Perspectivas económicas: Las Américas analizamos la forma en que factores tanto mundiales y propios de los países inciden en los flujos de capitales. Observamos que las fluctuaciones a corto plazo de los flujos de capitales a las economías de mercados emergentes —y a América Latina en particular— dependen en gran parte de los factores mundiales, mientras que los factores propios de los países son de importancia clave a la hora de atraer flujos de capitales a lo largo de períodos más largos.

Los flujos de capitales a lo largo del tiempo

Las fluctuaciones de los flujos de capitales a los mercados emergentes han tenido un comportamiento similar, que apunta a un “ciclo financiero mundial” más amplio. América Latina ciertamente no ha sido una excepción: un 80 por ciento de la variación de los flujos de capitales a lo largo del tiempo es común a toda la región. De hecho, en el corto plazo, los vaivenes de los flujos de capitales hacia la región parecen estar muy vinculados a factores externos, como el crecimiento mundial y las condiciones de los mercados financieros mundiales. Además, una de las observaciones que más salta a la vista es el estrecho paralelismo entre los flujos de capitales y los movimientos de los precios de las materias primas. Los dos ciclos de precios de las materias primas, entre 2002 y 2008 y entre 2009 y 2016, coincidieron con afluencias de capitales a la región.

La importancia de los precios de las materias primas no obedece solo al hecho de que varias economías latinoamericanas son exportadoras de esos productos. Más bien, los precios de las materias primas al parecer responden a dos fuerzas subyacentes que, combinadas, parecen ser los verdaderos factores que determinan los flujos de capitales. En primer lugar, los precios de las materias primas son indicadores dinámicos de la demanda agregada mundial, que se expandió con el crecimiento en los grandes mercados emergentes, como China, y que colapsó durante la Gran Recesión. En segundo lugar, los precios de las materias primas parecen ser buenos indicadores de un “ciclo financiero mundial”.

Flujos de capitales en los distintos países

En horizontes de más largo plazo —es decir, los que se extienden más allá del ciclo económico normal— se observan amplias diferencias entre países en cuanto a los niveles medios de flujos de capitales que atraen dichos países. Por ejemplo, entre 2000 y 2016, Chile atrajo entradas brutas equivalentes a casi el 8 por ciento del PIB, mientras que Ecuador registró entradas de tan solo alrededor de 1 por ciento del PIB.

¿A qué podrían atribuirse estas amplias diferencias entre los países? Observamos que los indicadores de calidad institucional, estabilidad política, buena gestión de gobierno y facilidad para hacer negocios pueden explicar la mayor parte de estas diferencias estructurales de los flujos de capitales.

En el siguiente gráfico, el panel superior muestra que en promedio los países con entornos políticos más estables tienden a atraer más flujos de capitales netos. En el panel inferior se observa que los países que respetan más estrictamente el Estado de derecho tienden a atraer mayores volúmenes de inversión extranjera directa, el principal subcomponente de las entradas de capitales. Asimismo, los países con mejores calificaciones en materia de rendición de cuentas, control de la corrupción, calidad regulatoria, nivel del impuesto sobre las sociedades más bajo y mejores antecedentes crediticios presentan un mayor grado de entradas de capitales a largo plazo.

Implicaciones para las políticas

Hemos visto que los flujos de capitales pueden ser muy volátiles en el corto plazo, dependiendo de las condiciones mundiales. Esto, a su vez, puede afectar las condiciones económicas internas y complicar la toma de decisiones de política monetaria y fiscal. Pero la sensibilidad de los flujos de capitales a los shocks mundiales es menor en los países que presentan las siguientes características:

  • Mercados internos de capital más profundos y líquidos.
  • Una mayor proporción de intermediación financiera realizada por inversionistas internos, como fondos de pensiones (en lugar de, por ejemplo, fondos comunes de inversión o fondos de inversión libre, o hedge funds). Esto podría deberse al hecho de que los fondos de pensiones invierten con una perspectiva a largo plazo, en lugar de modificar sus exposiciones con frecuencia.
  • Tipos de cambio más flexibles. Con la flexibilidad, una parte del ajuste parece ocurrir a través de los precios (tipos de cambio) en lugar de los volúmenes (flujos de capitales).

Si bien las fluctuaciones de los flujos de capitales a menudo pueden obedecer en gran medida a factores externos, las políticas internas pueden amortiguar el impacto de los shocks mundiales en la volatilidad de los flujos de capitales a corto plazo. Para atraer mayores volúmenes de entradas de capitales a largo plazo, la función de las instituciones y de los sistemas tributarios es crucial.