Por JaeBin Ahn y Romain Duval

(Versión en English)

Los defensores del proteccionismo en las economías avanzadas culpan al creciente comercio con China por las pérdidas de empleos, y hay influyentes investigadores que han proporcionado ciertos datos empíricos a favor de esa postura. Pero los beneficios del comercio con China muchas veces pasan inadvertidos. Uno de ellos es un mayor aumento de la productividad, el factor que más contribuye a mejorar los niveles de vida. Eso hace pensar que, en lugar de levantar barreras al comercio, las economías avanzadas deberían seguir abriéndose y, a la vez, hacer mucho más por ayudar a los que han visto partir sus puestos de trabajo hacia el extranjero.

En lo que respecta a las economías avanzadas, nuestro último estudio muestra lo siguiente:

  • El aumento de la productividad se ha acelerado en los países y los sectores más expuestos a la apertura de China al comercio internacional, si las demás condiciones se mantienen invariables.
  • El aumento de la productividad observado en los 12 años transcurridos entre 1995 y 2007 de hasta 12% puede atribuirse a la integración de China al comercio mundial.

El comercio mejora la productividad en tres dimensiones importantes. Primero, las importaciones exponen a las empresas nacionales a una mayor presión competitiva y, al mismo tiempo, les dan acceso una mayor variedad de insumos de mejor calidad. Segundo, los exportadores incrementan su propia productividad al aprender de los clientes extranjeros y al exponerse a la competencia de los productores extranjeros. Tercero, junto con el aumento de la productividad dentro de las empresas, el comercio internacional promueve la reasignación de recursos entre ellas, y hacia la empresa más productiva.

Nuestro estudio cuantifica los tres aumentos simultáneamente, usando datos sobre la productividad y el empleo, así como las exportaciones (por país de destino) y las importaciones (por país de origen) de 18 sectores manufactureros y no manufactureros de 18 países avanzados. (Los sectores estudiados pertenecen a categorías amplias como los textiles y los equipos de transporte).

Lenta recuperación

El comercio con China experimentó un crecimiento sostenido entre mediados de la década de 1990 y mediados de la siguiente, retrocedió como consecuencia de la crisis financiera internacional, y desde entonces viene recuperándose con lentitud, sobre todo del lado de la importación. Calculamos que esas exportaciones e importaciones podrían explicar alrededor de 1,9% del alza global de 15,6% que registró la productividad total de los factores —es decir, la productividad global del trabajo y del capital, que refleja elementos como la tecnología— en el sector típico de las economías avanzadas en 1995–2007. La cifra es elevada, ya que representa aproximadamente 12% del aumento total de la productividad del sector típico. Además, estimamos que la exposición a las importaciones chinas y el acceso al mercado chino han contribuido cada uno aproximadamente a la mitad de ese aumento.

Ahora bien, la contracara de esos aumentos de la productividad ha sido una pérdida neta de empleos. Según nuestros cálculos, las pérdidas de puestos de trabajo que sufrieron las economías avanzadas debido a la creciente importación de productos chinos superaron holgadamente los beneficios que generó el aumento de las exportaciones a China. El resultado fueron pérdidas netas de puestos de trabajo de aproximadamente 0,8% del empleo total del sector típico en el período 1995–2007.

Más ganancias, menos pérdidas

Sin la apertura de China al comercio mundial, la desaceleración de la productividad que comenzó antes de la crisis financiera de 2008–2009 habría sido aun peor. Las implicaciones para las autoridades de las economías avanzadas están claras: es necesario seguir abriendo el comercio para reavivar el deprimente aumento de la productividad —la principal fuente de mejora de los niveles de vida—, pero también tomar medidas más enérgicas frente a los trastornos del mercado laboral, especialmente facilitando la transición de los trabajadores desplazados hacia nuevos trabajos y sectores. Eso requiere políticas laborales activas bien concebidas, como la reorientación laboral, la asistencia en la búsqueda de empleo y la ayuda para traslados, pero también programas de formación continua que les permitan a los trabajadores adaptarse mejor a la evolución de las necesidades del mercado, más allá de que esté motivada por el comercio internacional, el cambio tecnológico o algún otro factor.

Hoy, el comercio de China con las economías avanzadas se está enfriando, a medida que se integra a la economía mundial. En consecuencia, los beneficios que las economías avanzadas obtienen del comercio con China en términos de productividad están disminuyendo, y lo propio ocurre entre las empresas chinas. Reduciendo las barreras que aún existen, tanto en las economías avanzadas como en los mercados emergentes —incluida China—, la productividad a nivel de empresa recibiría un impulso muy necesario en ambos grupos. La adopción de nuevas restricciones, por el contrario, podría echar por tierra los logros alcanzados hasta la fecha.

No confundamos causa y efecto

Si el comercio internacional estimula la productividad, los países y los sectores más expuestos al aumento de la presencia de China en ese ámbito deberían haber experimentado un aumento más rápido de la productividad, si las demás condiciones se mantienen invariables. Pero identificar el efecto causal del comercio en el crecimiento no es tarea fácil: es posible que los países y los sectores que efectivamente experimentaron ese aumento registraron una mayor demanda de insumos importados y exportaron más a medida que adquirieron capacidad de competencia. En ese caso, el creciente volumen de comercio con China podría ser en parte consecuencia —y no causa— del aumento de la productividad, y sus beneficios podrían parecer exagerados.

Esta cuestión espinosa exigió una operación doble. Primero, aislamos la parte del creciente comercio con China imputable a la apertura de China al comercio internacional, y no a la demanda de las economías avanzadas. ¿Cómo procedimos? Tomemos el ejemplo hipotético de la exportación de textiles chinos a Italia. Intuitivamente sabemos que cuanto más generalizada sea la penetración de China en todos los mercados avanzados, más probabilidades habrá de que el aumento de la importación italiana de productos chinos sea resultado de la creciente competitividad de China, y no de un aumento de la demanda italiana. Lo mismo ocurre con las exportaciones a China: cuanto más corresponda la creciente exportación de un país a China dentro de un determinado sector al alza de las exportaciones de otras economías avanzadas, más probabilidades habrá de que la causa sea el creciente interés de China en importaciones de ese sector.

A continuación, estimamos el impacto que tiene en la productividad de las industrias de las economías avanzadas esa integración de China al comercio mundial, motivada por la liberalización. Lo que observamos es que tanto las exportaciones a China como las importaciones procedentes de China han incrementado la productividad sectorial de las economías avanzadas.