Por Mai DaoMitali DasZsoka Koczan y Weicheng Lian

(Versión en English)

Entremos en una fábrica típica de muchas economías avanzadas de hoy. Ya no hay largas filas de trabajadores a los lados de cintas transportadoras. De hecho, hay pocas personas —casi todos ingenieros, probablemente— que siguen en sus respectivas pantallas el funcionamiento de máquinas complicadísimas, encargadas del ensamblado que en otra época hacían seres humanos. Gracias a avances tecnológicos que reducen sin cesar el costo del capital, las empresas reemplazan con máquinas a más y más personas.

En la primera parte de este blog, que está basado en el capítulo 3 de la edición de abril de 2017 de Perspectivas de la economía mundial (informe WEO, por sus siglas en inglés), analizamos los beneficios económicos del avance tecnológico y la integración mundial, y explicamos la influencia que han tenido estas fuerzas en la participación del trabajo en el ingreso nacional de las economías avanzadas y emergentes. En esta segunda parte, analizamos con más detalle el fenómeno de la decreciente participación del trabajo de los trabajadores de mediana calificación en el ingreso de las economías avanzadas. Esa disminución es más marcada en los sectores más expuestos a la automatización.

Los que pierden son los del medio

Entre 1995 y 2009, la participación de la mano de obra poco calificada y los trabajadores de mediana calificación en el ingreso nacional retrocedió más de 7 puntos porcentuales a nivel internacional.

Por el contrario, la participación de la mano de obra muy calificada subió tanto en las economías avanzadas como en las de mercados emergentes. Una interpretación bondadosa atribuiría este cambio a una creciente prima por conocimientos que alienta la adquisición de aptitudes. Eso significa que, con el correr del tiempo, la oferta relativa de mano de obra muy calificada supera la de los trabajadores con calificaciones bajas e intermedias.

Ya no es cuestión de rutina

Con todo, una de nuestras conclusiones es que también han influido otros factores; a saber, la tecnología que sustituye tareas rutinarias y la integración mundial.

Para llegar a ese resultado respecto de las tecnologías sustitutivas, construimos un nuevo índice multinacional que abarca economías tanto avanzadas como emergentes. El índice mide la proporción de las ocupaciones que podrían ser víctimas de la automatización; el avance tecnológico está representado por la evolución de los precios de los bienes de inversión.

Nuestras observaciones revelan que los países (y los sectores) que arrancan con una fuerte exposición a la rutinización experimentan disminuciones relativamente más marcadas de la participación del trabajo en el ingreso nacional. Eso es lo que ha ocurrido, por ejemplo, en el sector manufacturero de Estados Unidos e Italia.

Esa disminución es más leve en los países y los sectores que inicialmente están poco expuestos a las tareas de rutina. Un ejemplo es el sector de la restauración y la hotelería en Estados Unidos, donde la interacción humana quizá se preste menos a la automatización.

El parto del trabajo

Más que nada, según nuestro análisis, la tecnología y la integración mundial han afectado a la participación de la mano de obra intermedia en el ingreso nacional. Los resultados coinciden con la idea de que la exposición a la rutinización y la deslocalización reduce la demanda de trabajadores de mediana calificación, lo cual los lleva a aceptar salarios con pocas posibilidades de mejora u ocupaciones menos calificadas y mal remuneradas.

En las economías de mercados emergentes, el efecto de la tecnología en la participación del trabajo en el ingreso no es tan pronunciado. Eso refleja no solo una exposición inicial a la automatización que es mucho menor —lo cual ha limitado el desplazamiento de los trabajadores a causa de tecnologías sustitutivas— sino también una disminución relativamente suave de los precios relativos de los bienes de inversión.

Qué hacer frente a los trastornos: Nuevas reflexiones

El progreso tecnológico y la integración económica mundial han sido las principales causas de la decreciente participación del trabajo en el ingreso nacional. Pero, al mismo tiempo, son los motores de la prosperidad mundial. Las autoridades tienen que plantearse cómo distribuirla de manera más equitativa.

En las economías avanzadas, las políticas deben centrarse en ayudar a los trabajadores a lidiar con estos trastornos. La adquisición de aptitudes a lo largo de la carrera es uno de los factores que entran aquí en juego, pero también lo son las políticas que faciliten la reasignación de los trabajadores desplazados a nuevos empleos y que reduzcan el costo de la búsqueda de empleo y la transición laboral.

Las redes de protección y las políticas de complementación del ingreso también son alternativas en ese sentido, aunque dependen de las circunstancias propias de cada país. Los trabajadores que pierden su empleo por culpa de la tecnología, y no del comercio internacional, probablemente se vean afectados de manera más permanente. Su situación requerirá medidas redistributivas.

Las autoridades de las economías de mercados emergentes deben aprender de la experiencia de las economías avanzadas. La inversión en educación y en profundización de los conocimientos será crucial para que los trabajadores puedan cosechar los frutos de la transformación económica provocada por la tecnología y la integración mundial.

La solución no radica en oponerse a la innovación ni en escapar a la integración mundial, sino en aceptarlas y en prepararse para los trastornos que acarrean y los beneficios que ofrecen.