Por Kimberly Beaton, Valerie Cerra, Metodij Hadzi-Vaskov y Rosalind Mowatt

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El comercio ha ayudado a impulsar el crecimiento económico en las economías avanzadas y en vías de desarrollo. Pero no todas las regiones han aprovechado la oportunidad. América Latina y el Caribe comercia menos, tanto con los países de la región como con otros países, y eso significa que está desaprovechando un ingrediente crucial para reactivar el crecimiento.

Un nuevo informe del FMI examina la integración comercial en América Latina y el Caribe, basándose en un amplio conjunto de estudios analíticos y una encuesta sobre políticas y estrategias de comercio entre funcionarios públicos de la región. Según la investigación, una mayor integración comercial puede ayudar a estimular el crecimiento en América Latina y el Caribe, sobre todo si se tienen en cuenta las deslucidas perspectivas de crecimiento económico a nivel regional y mundial. El informe además recomienda políticas para afianzar los lazos comerciales de América Latina y al mismo tiempo garantizar que los beneficios del comercio se repartan de forma más equitativa.

A la zaga de otras regiones

América Latina y el Caribe vivió una ola de liberalización del comercio desde comienzos de los años ochenta, y desde los años noventa amplió notablemente su red de acuerdos comerciales regionales. Los aranceles se redujeron de un promedio ponderado de aproximadamente 12 por ciento a finales de la década de 1990 a alrededor de 6 por ciento en años recientes.

Pero a pesar de estos avances, el comercio representa apenas alrededor del 44 por ciento del PIB regional, cifra muy inferior a las registradas en otras regiones de mercados emergentes. Además, tan solo un 15 por ciento de las exportaciones de América Latina y el Caribe tienen como destino otros países de la región, mientras que en las economías desarrolladas de Europa y Asia esa cifra total rebasa el 50 por ciento.

Hasta cierto punto, estos resultados son un reflejo del predominio de las exportaciones de materias primas en muchos de los países de la región, la presencia de importantes barreras geográficas, y la participación relativamente limitada de la región en las cadenas mundiales de valor, en las que el comercio está vinculado a operaciones de producción en múltiples países. Además, las grandes economías de América del Sur, en particular los países del Mercosur, son mucho menos abiertos al comercio que los países de América Central y el Caribe, tienen aranceles más altos —que abarcan incluso los bienes de capital y los productos intermedios—, y no están tan bien conectados con el resto de la región a través de acuerdos. Por eso, ninguno de los grandes países de América Latina ha logrado convertirse en un eje del comercio, como China y Sudáfrica en sus respectivas regiones.

Integración regional para estimular el crecimiento

Según investigaciones del FMI, la integración comercial puede estimular la actividad económica. Mientras que el fomento del comercio con las economías avanzadas puede ofrecer el mayor potencial para que América Latina y el Caribe se beneficie de la propagación del conocimiento y la tecnología, la integración regional puede crear más oportunidades para aprovechar las ventajas del comercio dada la coyuntura actual. Nuestras estimaciones indican que si el grado de integración intrarregional de América Latina y el Caribe, así como la participación de la región en las cadenas mundiales de valor, alcanzan los altos niveles observados en Asia, cada uno podría elevar el crecimiento per cápita promedio de la región en alrededor de 1 punto porcentual.

La desaceleración actual de los precios de las materias primas también destaca la importancia de la diversificación de las exportaciones. Las estimaciones apuntan a que la diversificación de la cesta de exportaciones de la región, por ejemplo en un 25 por ciento, podría incrementar el crecimiento per cápita real en 1 punto porcentual.

Impacto en la desigualdad del ingreso

La desigualdad del ingreso en América Latina y el Caribe, medida por el coeficiente de Gini, ya es una de las más altas de todas las regiones. ¿Puede la región ir en busca de una mayor integración comercial sin perjudicar la distribución del ingreso? Nuestros análisis de diferentes países del mundo muestran uniformemente que la apertura comercial no afecta negativamente la desigualdad agregada del ingreso.

Tras episodios o decisiones a favor de la liberalización del comercio, las variaciones en la desigualdad del ingreso experimentadas por los países de la región recientemente liberalizados se han asemejado a las tendencias mundiales. Dicho de otro modo, una mayor apertura comercial no ha sido el principal factor detrás del aumento de la desigualdad agregada. Pero aún así, la apertura comercial puede incidir de diferente manera en los distintos sectores, generando ganadores y perdedores dentro de una economía, incluso si la economía se beneficia del aumento del comercio a nivel agregado.

Políticas en pro del comercio y los trabajadores

En nuestro informe se señalan políticas para fomentar el comercio y ayudar a los trabajadores a adaptarse al cambio económico.

Integración regional. Es el momento adecuado para recalcar una vez más la importancia de la integración regional en América Latina y el Caribe y redoblar los esfuerzos para crear cadenas de valor regionales. Estas propagarían la tecnología y permitirían que un mayor número de empresas pequeñas participen en el comercio. En años recientes, la región se ha preocupado más de establecer nuevos acuerdos bilaterales de comercio que de desenredar la maraña de acuerdos comerciales bilaterales y multilaterales, cada uno con sus propias reglas. Con el objetivo a la larga de establecer un acuerdo comercial regional, los países podrían dedicarse a armonizar las reglas comerciales vigentes, afianzar los vínculos entre los bloques regionales y eliminar las barreras arancelarias y no arancelarias que aún obstaculizan el comercio intrarregional.

Políticas comerciales no arancelarias. La experiencia de Asia demuestra la importancia de que la integración regional sea impulsada por el sector privado y de los vínculos entre el comercio y la inversión a escala regional. Los acuerdos entre países en América Latina y el Caribe, que abordan cuestiones como reglas de inversión y políticas de competencia, serían por lo tanto importantes para facilitar la formación de cadenas transfronterizas de inversión y producción. Aparte de estos acuerdos, el fortalecimiento de la cooperación en materia de regulación y normas, la facilitación del comercio y las mejoras de la conectividad de la región son iniciativas que permitirían lograr avances en ámbitos ajenos a los de las negociaciones comerciales tradicionales.

Liberalización unilateral. Una mayor integración regional no está en riña con una búsqueda de mayor integración con el resto del mundo. En los países de la región hay margen para liberalizar el comercio de forma unilateral, particularmente en los países en los que las barreras arancelarias para los bienes intermedios son altas y en los que las barreras no arancelarias se han multiplicado últimamente.

Infraestructura y desarrollo de capital humano. En nuestro sondeo, las autoridades de los países mencionaron con frecuencia que estos dos aspectos imponen fuertes restricciones a la exportación. Los datos empíricos lo confirman; modernizar la infraestructura reduciría los costos del comercio, facilitaría la formación de cadenas de producción, y estimularía las exportaciones de industrias de alto valor agregado, y las inversiones para mejorar el acervo de aptitudes también tendrían efectos similares.

Apoyo a los trabajadores. Saber gestionar los efectos distributivos del comercio mediante políticas del mercado laboral y redes de protección social es fundamental para garantizar que los frutos del comercio beneficien a todos. Las autoridades de los países de la región señalan que en el pasado no se ha prestado la debida atención a este tema. Además, es posible que la liberalización del comercio en el futuro se produzca en medio de perspectivas menos favorables de crecimiento mundial, lo cual podría llevar a un público más escéptico a prestar más atención a las desventajas humanas y sociales. Suavizar el proceso de ajuste para los trabajadores y los sectores que se ven perjudicados por la liberalización del comercio también ayudará a generar un mayor respaldo a favor del libre comercio en la región.