mobstfeldIDPor Maurice Obstfeld

(Versión en English)

Un desafío de larga data para la economía mundial es la posibilidad de que algunos países compitan por los mercados de exportación a través de precios artificialmente bajos. Los dirigentes políticos y los expertos a veces proponen establecer aranceles a la importación para  contrarrestar estas supuestas ventajas en materia de precios, y ejercen presión para que los otros países modifiquen sus políticas. Pero quienes proponen estas medidas suelen no darse cuenta de que esas políticas arancelarias, además de perjudicar efectivamente a quienes están dirigidas, también pueden tener un alto costo internamente.  Lo sorprendente es que este perjuicio autoinfligido puede ser considerable, aunque los socios comerciales no tomen represalias imponiendo aranceles por su parte.

Mano dura

El Acuerdo sobre Subvenciones y Medidas Compensatorias de la Organización Mundial del Comercio  permite a un país aplicar unilateralmente un derecho compensatorio sobre las importaciones de una mercancía cuya producción se haya subvencionado. Otras políticas que no quedan claramente comprendidas en la definición estricta de subvención de la OMC, como la subvaloración de la moneda y las distorsiones macroeconómicas que la acompañan, también podrían tener el efecto neto de empujar los precios de las exportaciones hacia niveles más bajos, llevando a que los socios comerciales pongan el grito en el cielo.

Cualquiera sea la razón, el discurso político constantemente se centra en medidas nacionales unilaterales de “mano dura” hacia los socios comerciales cuyos precios de exportación se perciben como artificialmente bajos. Algunos ejemplos notables son la Ley General de Comercio y Competitividad de Estados Unidos de 1988, adoptada tras un período extraordinario de fortalecimiento del dólar y aumento del déficit, y varias iniciativas posteriores del Congreso, como la propuesta el año pasado de permitir que las ramas de producción ejerzan presión para imponer derechos compensatorios contra los supuestos manipuladores monetarios. Por supuesto, estas presiones no se limitan a Estados Unidos y hoy hacen estragos en el comercio mundial, como se analizará en el próximo número de Perspectivas de la economía mundial. El problema de esta estrategia es que abre la puerta para que las ramas de producción  ejerzan presión sobre la base de criterios que suelen ser menos objetivos que una subvención financiera cuantificable. Asimismo, la protección compensatoria puede inducir a los socios comerciales a imponer aranceles como represalia y desencadenar guerras comerciales mutuamente destructivas.

Los aranceles tienen otra gran desventaja: aunque pueden traer cierto alivio a las ramas de producción y a los trabajadores que compiten directamente con las importaciones afectadas, en términos generales son contractivas y reducen el producto, la inversión y el empleo en el conjunto de la economía. Estos efectos negativos persisten aunque los socios comerciales no tomen represalias, pero si lo hicieran, el resultado sería aún peor.

Esta predicción puede parecer sorprendente: después de todo, al dirigir la demanda hacia mercancías producidas internamente y aumentar los precios de las importaciones competitivas, ¿no ayuda el arancel a aumentar el producto y el empleo y a ejercer una presión alcista positiva en la inflación? Que la respuesta es “no” lo señaló hace más de medio siglo Robert Mundell, ganador del Premio Nobel de Economía de 1999 (y, dicho sea de paso, miembro del personal del Departamento de Estudios del FMI a comienzo de los años sesenta). Mundell percibió la razón principal por la que un arancel puede tener estos efectos negativos acumulados: al prometer mejorar la posición de la balanza de pagos subyacente del país importador, provoca un fortalecimiento de la moneda nacional en el mercado de divisas, lo que puede culminar en una reducción del PIB y el empleo (y terminar profundizando el déficit comercial). Los efectos serán más negativos cuando la tasa de interés de política del banco central del país de origen sea cero o cercana a cero, una circunstancia que Mundell no tomó en cuenta. En ese caso, el banco central se ve más limitado al usar la política monetaria para contrarrestar el efecto contractivo del arancel.

Los efectos de los aranceles en dos gráficos

El punto se ilustra mediante el Modelo Monetario y Fiscal Integrado Mundial del FMI, que es más complicado que el marco de Mundell y tiene la ventaja de abarcar múltiples regiones e incluir los efectos dinámicos de las políticas. Para demostrar los posibles efectos, elegimos la hipótesis ilustrada en los gráficos que figuran a continuación que muestra la respuesta de cuatro variables de Estados Unidos tras la imposición de un arancel del 20% sobre las importaciones procedentes de los países de mercados emergentes de Asia oriental. El experimento parte del supuesto de que la tasa de interés de política de la Reserva Federal es nula, en tanto que la de dichos países de Asia oriental no lo es. (Este supuesto no provoca diferencias cualitativas en los resultados, pero hace que el efecto negativo en el PIB sea más intenso de lo que sería si la Reserva Federal pudiera rebajar las tasas de interés para proteger la economía.)

El gráfico 1 que se presenta a continuación muestra dos hipótesis, una en que los países de mercados emergentes de Asia oriental no toman represalias imponiendo sus propios aranceles sobre las importaciones de Estados Unidos (línea verde), y otra en que sí lo hacen (línea roja). En ambas hipótesis, el PIB real baja y, como predijo Mundell, el dólar se aprecia. Como es de esperar, el producto de los países de Asia oriental (no se muestra) disminuye. Si se adoptan represalias, el dólar se aprecia en menor medida, pero el PIB estadounidense cae mucho más. Además, la inversión real se desploma (no se muestra), debido tanto a la merma de la actividad en Estados Unidos como al aumento de los precios de las importaciones intermedias procedentes de Asia oriental empleadas para producir bienes de inversión.

MO Tariffs Chart1

Una de las razones fundamentales que explican la caída del PIB es que en realidad las exportaciones inicialmente bajan más que las importaciones (véase el gráfico 2). El aumento de los aranceles aplicados a Asia oriental hace que los importadores pasen a comprar en otros países, y la apreciación del dólar reafirma este cambio al abaratar globalmente las  importaciones sustitutivas. Al mismo tiempo, el fortalecimiento del dólar perjudica a todas las exportaciones estadounidenses. En términos generales, por lo tanto, el efecto principal del arancel selectivo es el de subvencionar a la mayoría de las importaciones y gravar a todas las exportaciones. Esto perjudica la balanza comercial, el producto y el empleo. Además, en Estados Unidos, al igual que en muchos países, los empleos dependientes de la exportación que se pierden suelen ser empleos con remuneración relativamente alta.

MO Tariffs Chart2

¿Quién se beneficia del arancel? Como Estados Unidos es un país grande, el arancel, si no provoca represalias, sube los precios de sus exportaciones en relación con sus importaciones, permitiendo el aumento del consumo real. No obstante, estos beneficios para los consumidores se distribuyen ampliamente y posiblemente se diluyan, y se deben sopesar con la pérdida de empleos. Es posible que quienes producen para el mercado interno y compiten directamente con los países de mercados emergentes de Asia oriental también se beneficien, pero todos los demás exportadores y ramas de producción que compiten con las importaciones pierden. La situación es mucho peor si se toman represalias, porque en ese caso, todos pierden.

Pensarlo dos veces

Las políticas económicas dirigidas a obtener una ventaja de exportación artificial son un tema legítimo de consulta internacional y presión entre pares. En algunos casos, las represalias unilaterales son sancionadas por las normas de la OMC. Pero quienes fomentan la “mano dura” con los socios comerciales extranjeros a través de aranceles punitivos deben reflexionar detenidamente. Quizás sea emocionalmente gratificante y favorezca ramas de producción específicas; las amenazas pueden hasta atemorizar a los socios comerciales y hacerles cambiar sus políticas; pero, en definitiva, si se ponen en práctica, este tipo de políticas causan perjuicios económicos más generales a nivel nacional.