Lagarde-2015_114x128Por Christine Lagarde

(Versión en English)

La economía de Estados Unidos está en buena situación, pese a algunos reveses registrados en los últimos meses. El más reciente examen de la economía estadounidense realizado por el FMI puede resumirse con tres números: más de 2, menos de 5 y 4. ¿Qué significa esto?

  • El crecimiento está por encima de 2%: Prevemos que este año y el próximo la economía crecerá a un ritmo superior al 2%; más concretamente, 2,2% en 2016 y 2,5% en 2017.
  • El desempleo está bastante por debajo del 5%: El año pasado se crearon en promedio 000 nuevos empleos cada mes, y el ingreso de los hogares está creciendo a buen ritmo.
  • El crecimiento futuro se enfrenta a cuatro “fuerzas”: Los logros recientes son importantes, pero hay que mirar más hacia adelante para definir lo que se debe hacer para garantizar un crecimiento sólido, sostenido y equilibrado en los próximos años. En tal sentido, quisiera destacar las cuatro P.

Las cuatro P

¿Cuáles son esas cuatro fuerzas a las que me refiero? La menor participación en la fuerza laboral, el menor crecimiento de la productividad, la polarización de la distribución del ingreso y la riqueza y los elevados niveles de pobreza en Estados Unidos. Permítanme ahondar.

En primer lugar, la participación en la fuerza laboral está disminuyendo.

  • La población de Estados Unidos está envejeciendo, y por eso en los próximos años la proporción de la población que participará en la fuerza de trabajo será menor.
  • La fuerza de trabajo es el puntal de la economía estadounidense. Por lo tanto, mitigar los efectos del envejecimiento de la población en la oferta y demanda de mano de obra debe ser una prioridad, tanto en Estados Unidos como en muchas economías avanzadas.

En segundo lugar, el crecimiento de la productividad también ha disminuido.

  • Se ha reducido de 1,7% en la década previa a 2007 a 0,4% en los últimos cinco años.
  • Gran parte de los aumentos del ingreso medio per cápita en los 20 años que precedieron a la crisis financiera obedecieron a avances en materia de productividad, innovación y eficiencia.
  • La caída de la productividad parece estar vinculada, al menos en parte, al decreciente dinamismo tanto en los mercados laborales de Estados Unidos como en la formación de empresas nuevas y productivas.

En tercer lugar, la distribución del ingreso y la riqueza no ha dejado de polarizarse. Este hecho es una espada de doble filo.

  • Por un lado, desde el año 2000, aproximadamente un cuarto de un 1% de la población con un ingreso cercano a la mediana ha logrado multiplicar ese ingreso por 1,5 o más. Esto es bueno, y ha permitido elevar los niveles de vida de esas familias.
  • Pero por otro lado, más de un 3% de la población ha descendido al grupo que gana menos de la mitad del ingreso mediano. Para ese grupo, la inseguridad económica y el estancamiento de los ingresos reales han provocado a su vez un estancamiento o un deterioro del nivel de vida.
  • Según nuestros cálculos, desde 1999 esa polarización de la distribución del ingreso ha anulado alrededor de 3½% de una muy necesaria demanda de consumo. Esto equivale a aproximadamente el consumo de 12 meses en un período de 15 años.

En cuarto lugar, la proporción de la población que vive en la pobreza es muy elevada.

  • El indicador oficial de pobreza más reciente revela que casi 15% de los estadounidenses —o 46,7 millones de personas— viven en condiciones de pobreza. Si se toma el indicador complementario de pobreza, que tiene en cuenta los efectos de iniciativas del gobierno como el Programa de Asistencia Nutricional Suplementaria y el Crédito Impositivo por Ingreso del Trabajo, la tasa de pobreza es aun mayor.
  • Según todos los indicadores, la pobreza es incluso mayor que el promedio entre ciertos grupos minoritarios: los hogares monoparentales (y en particular los encabezados por una mujer), los niños y las personas con discapacidades.
  • El hecho de que una proporción tan considerable de la población viva por debajo de la línea de pobreza constituye sin duda un importante problema macroeconómico.
  • La pobreza no solo genera graves tensiones sociales sino que también reduce la participación en la fuerza laboral, y socava la capacidad para invertir en educación y mejorar los resultados en materia de salud. Al reprimir la movilidad económica y social, da lugar a la persistencia intergeneracional de la pobreza.

Nuestra evaluación global es que, si no se toman medidas, estas cuatro fuerzas —participación, productividad, polarización y pobreza— carcomerán las bases del crecimiento (tanto potencial como efectivo) e impedirán la mejora de los niveles de vida en Estados Unidos.

¿Qué políticas se necesitan para contrarrestar estas “fuerzas”?

Hemos presentado una gama de opciones. Permítanme destacar unas pocas:

  • Las políticas deben ayudar a los hogares de menores ingresos, por ejemplo, mediante un salario mínimo federal más alto, un crédito impositivo por ingreso del trabajo más generoso y mejoras en los programas sociales para los desocupados pobres.
  • Hay que profundizar y mejorar las prestaciones razonables para los hogares con el fin de incentivar el trabajo, elevar la oferta de mano de obra y brindar apoyo a las familias. Esto debe incluir la licencia parental remunerada para el cuidado de niños o padres, asistencia para el cuidado de niños y un mejor programa de seguro por discapacidad. Cabe señalar que Estados Unidos es el único país entre las economías avanzadas en el que no hay licencia por maternidad remunerada a nivel nacional y en el que la participación femenina en la fuerza laboral es 12% menor que la masculina. Una reforma inmigratoria razonable y basada en las aptitudes también podría ampliar la oferta de mano de obra y estimular la productividad.
  • Otro imperativo de política económica es fomentar el crecimiento de la productividad. Los aumentos de la productividad tienen que estar basados inherentemente en el sector privado. Pero las políticas públicas pueden ser útiles. Una mejora del sistema tributario, los esfuerzos a favor de una mayor integración comercial, la modernización de la infraestructura y un sistema educativo más sólido y más enfocado en las vocaciones son medidas que incentivarían un mayor crecimiento de la productividad.

Si bien nada de esto es fácil, circulan muchas buenas ideas sobre cuál sería la mejor manera de abordar estos problemas, lo cual representa un buen punto de partida para el progreso.

Para concluir, quisiera retornar a mi lema de “más de 2, menos de 5 y 4”: Pensamos que el crecimiento será de 2,2% este año e incluso mayor en 2017; el desempleo está por debajo de 5%; y, si se contrarrestan las “cuatro fuerzas” que he mencionado, estoy segura de que Estados Unidos podrá mantenerse a la vanguardia de la innovación y la oportunidad.