Por Maurice Obstfeld

(Versión en English)

En el día de hoy publicamos el informe Perspectivas de la economía mundial de octubre de 2015.

Nuestros pronósticos se formulan en un momento en el que la economía mundial se encuentra en el punto de intersección de por lo menos tres poderosas fuerzas.

En primer lugar, la transformación económica de China, de un modelo de crecimiento y manufactura basado en la exportación y la inversión a uno más enfocado en el consumo y los servicios. Este proceso —con todo lo necesario y saludable que resulta en el largo plazo— posee implicancias en el corto plazo para el crecimiento de China y las relaciones con sus socios comerciales.

En segundo lugar, y de manera relacionada, la caída de los precios de las materias primas. Los años de gran demanda mundial impulsaron los precios al alza y alentaron la inversión en los sectores de materias primas. Pero conforme comenzó en China una desaceleración a principios de esta década, los precios de muchas materias primas comenzaron a caer a partir del segundo semestre de 2011, y su caída se ha acelerado en el último tiempo.

En tercer lugar, cabe citar la inminente normalización de la política monetaria de Estados Unidos. El desempeño relativamente favorable en materia de producción y precios en Estados Unidos podría en breve tiempo justificar un aumento de las tasas de interés, pero las posibles repercusiones a escala mundial, en especial en las economías emergentes y en desarrollo, se suman a los actuales focos de incertidumbre.

En este contexto, prevemos un crecimiento mundial moderado y dispar a corto plazo, con riesgos a la baja más pronunciados que los que se identificaban en nuestra actualización de julio de 2015. La tan ansiada vuelta a una expansión robusta y sincronizada a nivel mundial sigue siendo incierta.

Sendas dispares

¿Qué señalan los números? En términos generales, estos reflejan una reducción de los pronósticos que publicamos en julio pasado. El PIB real mundial creció un 3,4% el año pasado, pero este año crecerá a razón de 3,1%. Para 2016, prevemos un repunte al 3,6%. Hemos reducido estas dos cifras en 0,2 puntos porcentuales respecto de las últimas proyecciones que dimos a conocer tres meses atrás.

Los números agregados reflejan evoluciones dispares entre las economías avanzadas, por un lado, y los mercados emergentes y en desarrollo, por el otro. Para las economías avanzadas prevemos un aumento moderado del crecimiento este año con relación al anterior, principalmente en Estados Unidos y en la zona euro. Lamentablemente, el crecimiento de Japón parece estar flaqueando tras exhibir un sólido primer trimestre. El año pasado, las economías avanzadas crecieron a una tasa de 1,8%, pero pronosticamos un aumento moderado del 2,0% este año, y una aceleración al 2,2% en 2016.

Como siempre, las cifras de las economías avanzadas, en general, ocultan diferentes perspectivas para cada uno de los países. Los grandes productores de materias primas, principalmente Canadá, pero también Australia y Noruega, están acusando una desaceleración. Además de la caída de los ingresos reales debido a términos de intercambio menos favorables, se suman los efectos negativos de la inversión en los sectores productores de materias primas, que han resultado ser un importante obstáculo para el crecimiento, incluso en Estados Unidos.

Pero la tendencia descendente de los precios de las materias primas que, como he señalado, ha cobrado vigor recientemente, está mostrando sus efectos más drásticos en los exportadores de materias primas emergentes y en desarrollo. Para este grupo de países —que actualmente representa bastante más de la mitad del PIB mundial y que seguirá siendo responsable de la mayor parte del crecimiento mundial― se prevé que el crecimiento en 2015 disminuya al 4,0% con respecto al nivel de 4,6% registrado en 2014. Esta tasa de crecimiento es muy inferior a la observada durante la recuperación de la crisis mundial, y representa el quinto año consecutivo de reducción del crecimiento del PIB en las economías emergentes y en desarrollo.

Desde luego, si bien las materias primas constituyen una parte importante, no representan el panorama completo: en algunos casos, la inestabilidad política podría ser un factor más importante, o bien el sobreendeudamiento tras las entradas de capitales y el exceso de inversión que caracterizaron los primeros años de esta década.

Prevemos que el crecimiento se recupere el próximo año a una tasa del 4,5% en las economías emergentes y en desarrollo, y que continúe mejorando en los años subsiguientes. Este repunte refleja sobre todo la normalización gradual que se espera para la situación de los países que este año transitan recesiones especialmente profundas —como Brasil y Rusia—, así como de otras economías que actualmente crecen a un nivel muy inferior a la tendencia, inclusive en América Latina.

Riesgos futuros para los países emergentes y de bajo ingreso

Sin dudas, muchos mercados emergentes han reforzado su resistencia a los shocks externos mediante una mayor flexibilidad del tipo de cambio, mayores reservas en moneda extranjera, mayor dependencia de los flujos de inversión extranjera directa y el financiamiento externo en moneda local, y en general, marcos de políticas más sólidos.

Con todo, en el último tiempo nos preocupa cada vez más la posibilidad de riesgos a la baja que podrían constituir una amenaza para esta recuperación, en particular debido a que algunos países poseen un margen limitado en materia de políticas para responder. Las nuevas ediciones del Informe sobre la estabilidad financiera mundial (GFSR, por sus siglas en inglés) y Monitor Fiscal abordan en detalle los riesgos financieros y fiscales. Pero sobresalen algunas preocupaciones evidentes. Un riesgo notable radica en una rápida contracción de las primas de riesgo de los bonos, que derive en aumentos de las tasas de interés a largo plazo. De hecho, ya hemos observado algunos incrementos de este tipo en algunas economías emergentes y en desarrollo, en especial en las economías exportadoras de materias primas.

La depreciación de los tipos de cambio, en general, ha sido un mecanismo útil de protección para los países emergentes y en desarrollo que experimentan una desaceleración del crecimiento —y ya ha demostrado ser sustancial—, pero podría tener efectos adversos sobre los balances cuando existe endeudamiento en moneda extranjera. Algunos países han endurecido su política monetaria de manera proactiva para mantener la estabilidad de las expectativas de inflación.

Se necesita una gestión proactiva de las políticas económicas

No existe un conjunto único de prescripciones en materia de políticas que resulte apropiado para todos los países que buscan mejorar sus cifras de crecimiento o su resistencia a las crisis. Pero sí pueden aplicarse algunos principios generales conocidos.

Las economías de mercados emergentes y en desarrollo deben estar preparadas para la normalización de la política monetaria de Estados Unidos. Mejorar la vigilancia de las vulnerabilidades financieras y apartarse aún más del financiamiento de deuda, en especial en moneda extranjera, son medidas útiles de preparación. Las medidas focalizadas sobre flujos de capitales también pueden tener una función relevante. Es preciso fortalecer los marcos fiscales, prestando debida atención a las necesidades de resguardar el crecimiento y preservar las redes de protección social para la población más vulnerable.

Las economías avanzadas deben continuar haciendo frente a las secuelas de las crisis, incluidos los préstamos en mora, donde aún estén pendientes de pago. Al mismo tiempo, la expansión monetaria debería mantenerse en aquellos países con brechas de producción negativas, y verse complementada por medidas fiscales cuando el ámbito fiscal lo permita. Las presiones deflacionarias persisten en varias regiones.

En muchas economías, avanzadas o no, la inversión en infraestructura resulta imperiosa en un período de tasas de interés reales a largo plazo muy bajas y de preocupación por la deprimida demanda mundial. Aumentar la inversión es una de las maneras de optimizar el potencial de crecimiento de la producción, pero las reformas estructurales dirigidas también pueden constituir un importante catalizador positivo. Estas reformas ayudan no solo a optimizar el crecimiento futuro, sino también a aumentar la solidez del crecimiento.

Para concluir, esta edición de Perspectivas de la economía mundial subraya los desafíos que todos los países enfrentan, y asigna una importancia aún mayor a las mejoras que todos necesitan realizar en materia de políticas.