Por Luc EyraudLusine LusinyanMarika Santoro (Versión en English) Como muchos países de América Latina, Chile está pasando tiempos difíciles. Después de una década de crecimiento firme impulsado por condiciones externas muy favorables, el crecimiento de Chile se redujo de un promedio de 5% entre 2004 y 2013 a 1,9% en 2014, principalmente debido a la fuerte caída de la inversión privada. ¿Es esta desaceleración solamente una pausa temporal en la reciente trayectoria de crecimiento firme o el comienzo de una “nueva normalidad” para la economía de Chile? En nuestro informe reciente sobre Chile, indicamos que la desaceleración refleja en gran medida el ajuste de Chile al descenso de los precios de las materias primas a partir de 2011, pero también la incertidumbre y los costos del ajuste derivados de las reformas estructurales anunciadas en 2014 para propiciar un crecimiento económico más vigoroso, sostenible e inclusivo a largo plazo. El fin del auge de las materias primas En gran medida, la desaceleración del crecimiento es resultado de lo que parece ser el fin del “superciclo” de las materias primas. Después del auge del sector de la minería en la segunda mitad de la década de 2000, los precios del cobre disminuyeron aproximadamente 40% con respecto a su máximo a comienzos de 2011 y julio del presente año cuando alcanzaron su nivel más bajo en 6 años. Dada la importancia de la minería del cobre en la economía de Chile (representa el 10% del PIB de Chile y la mitad de sus exportaciones, y recibe la mitad de los flujos de inversión extranjera directa), era inevitable que el efecto en la economía fuera considerable. Nuestro análisis muestra que un descenso persistente de los precios del cobre tiene un efecto sustancial y prolongado en el nivel del PIB en Chile, que puede demorar hasta una década en recuperarse. Por ejemplo, un descenso del 20% del precio del cobre con respecto a su promedio máximo entre 2006 y 2014 puede restar unos 3 puntos porcentuales al crecimiento del PIB de Chile en los próximos 5 a 10 años.

Costos transitorios de las reformas estructurales Pero los precios del cobre no representan el panorama completo. El descenso de la inversión en 2014 fue causado además por una fuerte caída de la confianza empresarial que no se puede explicar totalmente por la disminución de los precios del cobre y la actividad económica. Esto puede de hecho ser un reflejo de la reacción de la comunidad empresarial de Chile a la incertidumbre asociada al ambicioso plan de reformas estructurales anunciado por la nueva administración a comienzos del año pasado.

Este plan apunta, acertadamente, a fomentar un crecimiento más firme e inclusivo y aborda brechas conocidas del sistema educativo y la infraestructura de Chile. Si se aplican correctamente, las reformas tienen el potencial de estimular la productividad y el crecimiento a mediano plazo, pero pueden implicar costos a corto plazo. Uno de ellos se asocia con el mayor costo del capital derivado de la reforma tributaria que fue aprobada en septiembre pasado para ayudar a financiar el gasto en esas áreas. Ademas, algunas reformas que prometen introducir cambios significativos en el entorno económico de Chile, como la reforma del mercado laboral, objeto de debate actualmente en el Congreso, y la anunciada reforma constitucional parecen haber aumentado la incertidumbre del sector privado. Estímulo del crecimiento en Chile Para reactivar el crecimiento, Chile deberá trabajar en dos frentes: adaptarse a las nuevas condiciones externas y minimizar los posibles efectos negativos a corto plazo de las reformas internas. Adaptarse al fin del superciclo de las materias primas requerirá esfuerzos para diversificar la economía a otros sectores además del cobre. Al buscar mejoras en la infraestructura y el capital humano, el plan de reforma de las autoridades es un componente esencial de una estrategia de diversificación. Pero son necesarias otras medidas para incentivar la innovación y la productividad. Y aunque las autoridades han puesto en práctica un conjunto de iniciativas prometedoras en esta área (como “Start-up Chile”, un programa que proporciona fondos a empresas nuevas) hay espacio para que estos programas puedan ampliarse y racionalizarse aún más, así como para fortalecer la colaboración entre empresas, universidades y otras instituciones de investigación para aumentar las actividades de investigación y desarrollo. Al mismo tiempo, para impulsar el crecimiento a corto plazo será necesario recuperar la confianza empresarial. Aunque algunos de los costos a corto plazo de las reformas son inevitables, otros se pueden mitigar o eliminar mediante el diseño cuidadoso de políticas económicas. Por ejemplo, si bien un aumento de la sindicalización y la negociación colectiva puede ayudar a reducir la desigualdad de salarios y promover el diálogo social, los cambios en las instituciones del mercado laboral no deben realizarse a costo de reducir la eficiencia del mercado laboral. La reforma educativa debe buscar aumentar la calidad del capital humano de Chile, incentivar la productividad y reducir las desigualdades del ingreso, tomando en cuenta los posibles efectos de la educación terciaria gratuita en la distribución del ingreso y la posición presupuestaria. Y se debería aclarar mejor el plan de implementación de la anunciada reforma constitucional. Recuperar la confianza y obtener un apoyo amplio para el plan de reforma del gobierno ayudará a asegurar un crecimiento económico más firme e inclusivo para Chile.