Por Ravi Balakrishnan y Juan Solé (Versión en English) El informe del mes pasado sobre el empleo en Estados Unidos fue decepcionante ya que el número de puestos de trabajo creados en marzo fue mucho menor de lo previsto. Pero el panorama es diferente si se observan las tendencias desde una perspectiva a más largo plazo. La creación de empleo en Estados Unidos a lo largo del año pasado ha sido notable. La nómina ha registrado aumentos medios de 260.000 por mes, muy por encima del promedio mensual de 160.000 observado durante la recuperación de 2010–13. Como resultado, la tasa de desempleo cayó a 5,5% en marzo de 2015 (gráfico 1), nivel que está levemente por encima de muchas estimaciones del actual nivel de desempleo “natural”, es decir, la tasa de desempleo que debería prevalecer una vez que se hayan disipado los factores cíclicos y que la economía esté creciendo conforme a su ritmo de tendencia. Hay quienes dicen que una diferencia insignificante entre la tasa de desempleo y la tasa natural —la denominada brecha de desempleo—equivale a pleno empleo.

Entonces, ¿está Estados Unidos aproximándose al pleno empleo? Está cerca. La respuesta a esta pregunta tiene implicaciones cruciales en materia de política: la Reserva Federal (Fed) decidirá cuándo y a qué ritmo elevar las tasas de interés guiándose por el grado en que la economía estadounidense se encuentra cerca de lograr el pleno empleo. Y como lo ilustró con creces la “conmoción” causada por el repliegue del estímulo monetario (taper tantrum) en 2013, los cambios en las percepciones de la política de la Fed inciden con fuerza en la economía mundial y en los mercados financieros. En este blog sostenemos que a pesar de los indicios de mejora en el mercado laboral, la capacidad ociosa continúa. Lo cual es una señal de que las políticas macroeconómicas acomodaticias siguen siendo importantes. Además, no se deben olvidar las políticas para aumentar y mejorar la oferta de trabajo. Más capacidad ociosa de lo que parece Si bien la contracción de la brecha de desempleo hace pensar que nos estamos acercando al pleno empleo, la relación empleo/población pinta un panorama distinto (gráfico 2). De hecho, esta relación, que mide cuántas de las personas en condiciones de trabajar están en realidad empleadas, sigue estando más de 4 puntos porcentuales por debajo del nivel registrado en vísperas de la Gran Recesión.

¿Cuál puede ser la causa de esta discrepancia? Para comenzar, hay trabajadores que desean trabajar y que están disponibles pero que no buscaron empleo en las últimas cuatro semanas, y que por tanto no fueron clasificados como desempleados (estos son los denominados trabajadores “marginalmente incorporados a la fuerza laboral ”). Por otro lado, todavía hay muchos trabajadores a tiempo parcial que quisieran trabajar más horas pero que no pueden hacerlo porque las empresas aún enfrentan condiciones difíciles. Al sumar estos componentes a la tasa de desempleo se observa que persiste cierta capacidad ociosa en el mercado laboral (gráfico 3).

Tal como ha subrayado la Presidenta de la Fed, Janet Yellen, para lograr una visión más completa del mercado de trabajo es necesario considerar otros factores que van más allá de la tasa de desempleo, entre otros, indicadores del dinamismo del mercado laboral, como vacantes, contrataciones y renuncias, que han retornado a los niveles registrados antes de la crisis (gráfico 4). El creciente número de renuncias es especialmente alentador, ya que es un síntoma de que la gente tiene más confianza para dejar su empleo actual e ir en búsqueda de oportunidades mejor remuneradas y más acordes con sus aptitudes.

Un indicador integral de la capacidad ociosa Para resumir, según algunos indicadores importantes (como la tasa de desempleo), el mercado laboral ha logrado una recuperación asombrosa con respecto a los niveles más profundos registrados durante la Gran Recesión. No obstante, aún hay algunas áreas clave en las que las secuelas de la crisis están corrigiéndose lentamente (como las gruesas filas de trabajadores a tiempo parcial pero que quisieran trabajar a tiempo completo o la actual tasa de participación en la fuerza laboral que está por debajo del nivel de tendencia). Para reunir todos estos elementos en un solo indicador de capacidad ociosa, nuestro estudio reciente calcula una “brecha de empleo” ampliamente definida, que incluye desviaciones de las tasas de desempleo y participación con respecto a sus niveles de tendencia o sus niveles naturales, y que tiene en cuenta el gran número de trabajadores que están empleados a tiempo parcial involuntariamente. Como era de esperar, nuestro indicador muestra el surgimiento de una importante brecha de empleo en el período posterior a la Gran Recesión, provocada en gran medida por aumentos de las brechas de desempleo y empleo a tiempo parcial. La brecha de participación, por su parte, empezó a crecer a partir de 2010, a medida que la prolongada recesión llevó a muchos a desalentarse y abandonar la fuerza laboral (gráfico 5). Es esta secuela la que el mercado de trabajo ha estado procurando corregir. Hoy en día, con una tasa de desempleo que ha caído hasta situarse en bastante menos de un 1 punto porcentual de la mayoría de las estimaciones de la tasa natural de desempleo, la capacidad ociosa restante se deriva principalmente de la brecha de participación, y en menor grado de la brecha de empleo a tiempo parcial. De cara al futuro, prevemos que la capacidad ociosa general del mercado laboral habrá desaparecido para 2018.

No obstante, cierto grado de incertidumbre rodea a los componentes estructurales subyacentes de nuestra estimación. Con otros supuestos, la fecha de recuperación total del mercado laboral podría aplazarse en hasta un año. Por ejemplo, una tasa de desempleo natural más baja, una tendencia más alta de la tasa de participación o una persistente brecha de empleo a tiempo parcial aplazarían la fecha de cierre de la brecha a 2019. Cómo reducir la capacidad ociosa Nuestro indicador de brecha de empleo apunta a que en el mercado laboral persiste la capacidad ociosa, y que esta disminuirá solo gradualmente, lo cual es una señal de que las políticas macroeconómicas acomodaticias siguen siendo importantes para ayudar a lograr el pleno empleo. Además, dada la continua disminución de la tasa de participación, las políticas para ampliar la oferta de trabajo son vitales para estimular el crecimiento potencial a mediano plazo. Las medidas clave van desde la mejora de los programas de búsqueda de empleo y capacitación —para potenciar el capital humano y la productividad— hasta las prestaciones focalizadas para familias de bajo ingreso (por ejemplo, ayuda para servicios de cuidado infantil). Por último, la reforma migratoria debería ser parte de la solución. Para contrarrestar los efectos de una población en proceso de envejecimiento, Estados Unidos debería ampliar su programa de visas para inmigrantes altamente calificados. Esto no solo reforzaría el tamaño y la productividad de la fuerza laboral sino que también ayudaría a afianzar la situación de las finanzas públicas.