Por Aqib Aslam, Daniel Leigh y Seok Gil Park

(Versión en English)

El debate sobre las razones que han llevado a las empresas a dejar de invertir en maquinarias, equipos y plantas continúa. En las economías avanzadas, la inversión empresarial ––que es el componente más grande de la inversión privada–– se ha contraído mucho más desde la última crisis financiera internacional que después de otras recesiones. Y hay indicios preocupantes de que esa contracción ha dañado el crecimiento económico a largo plazo.

Es crítico realizar un diagnóstico correcto para elaborar políticas que alienten a las empresas a invertir más. Si el bajo nivel de inversión no es más que un síntoma de un entorno económico débil en el cual las empresas están respondiendo a la anemia de las ventas, entonces podrían justificarse los llamados a ampliar la actividad económica global. Si, por otra parte, la culpa es principalmente de impedimentos especiales, como la incertidumbre en torno a las políticas o los focos de debilidad en el sector financiero, como sugieren algunos, entonces es necesario eliminarlos para que la inversión pueda aumentar.

La debilidad de la actividad económica como factor clave

Nuestro estudio, publicado en el capítulo 4 de la edición de este mes de Perspectivas de la economía mundial (informe WEO), lleva a pensar que la debilidad de la actividad económica es el factor que más está frenando la inversión empresarial. Aunque disminuyó más después de la última crisis que en otros episodios, la contracción del producto también fue mucho más aguda. Por lo tanto, el comportamiento paralelo de la inversión empresarial y el producto no es inusual (gráfico 1).

Mediante un método estadístico novedoso que analiza la causalidad inversa de la inversión en el producto, confirmamos que la inversión empresarial se ha desviado poco de la trayectoria prevista dada la debilidad de la actividad económica (gráfico 2). En otras palabras, las empresas han reaccionado a la debilidad de las ventas —tanto corrientes como proyectadas— recortando el gasto de capital. De hecho, cuando se les preguntó cuáles eran los principales retos que enfrentaban, por lo general el predominante resultó ser la falta de demanda por parte de los clientes.

Más allá de este patrón general, detectamos focos de debilidad de la inversión que son desconcertantes, sobre todo en los países de la zona del euro cuyos costos de endeudamiento se dispararon durante la crisis de la deuda soberana de 2010-11. En estos países, las restricciones financieras y la incertidumbre en torno a las políticas se han sumado a la debilidad del producto para frenar la inversión empresarial.

Cómo reanimar la inversión privada

Nuestra conclusión es que se necesita un programa de políticas exhaustivo, encaminado a ampliar el producto para generar un aumento sustentable de la inversión privada. Las políticas fiscales y monetarias pueden alentar a las empresas a invertir, pero es poco probable que puedan llevar la inversión a las tendencias previas a la crisis. El aumento de la inversión en infraestructura pública también podría estimular la demanda a corto plazo, ampliar la oferta a mediano plazo y, así, atraer inversión privada en los países en los que están dadas las condiciones necesarias. Y las reformas estructurales, como aquellas que están encaminadas a promover la participación en la fuerza laboral, podrían mejorar las perspectivas del producto potencial y, por ende, alentar la inversión privada.