Por John Lipsky

(Versión en Inglés)

El devastador impacto de la crisis financiera mundial ha generado consenso en torno a la idea de que la regulación financiera previa a la crisis no tenía un enfoque suficientemente global del sistema y que, como consecuencia, los supervisores de muchos mercados “no vieron el bosque por culpa de los árboles”. Dicho de otro modo, no se consideraron los aspectos macroprudenciales de la regulación, sobre los cuales ahora sí muchas autoridades centran su atención.

Que se haya llegado a un consenso con respecto a la necesidad de regulación macroprudencial es algo particularmente sorprendente. Este tipo de regulación se había utilizado relativamente poco, y en la actualidad no existen normas acordadas que puedan ser aplicadas a nivel internacional.

Así, todos los países que adoptaron una nueva estructura para la regulación macroprudencial a raíz de la crisis mundial —incluidos Estados Unidos, el Reino Unido y la zona del euro— han adoptado formas de organización un tanto diferentes. En cambio, las regulaciones microprudenciales tradicionales —que se centran en el estado de las instituciones financieras a título individual y en las condiciones reinantes en los mercados de determinados instrumentos financieros— desde hace mucho tiempo son producto de la cooperación en el ámbito de los organismos normativos internacionales. No resulta sorprendente, por lo tanto, que en la reforma poscrisis de la regulación tradicional ya se hayan logrado avances importantes, plasmados en los mejores acuerdos internacionales que se están aprobando en muchos sectores con motivo de la próxima cumbre de los dirigentes del Grupo de los Veinte países industrializados y economías de mercados emergentes (G-20) que se realizará en Seúl.

Conferencia de Shanghái sobre políticas macroprudenciales

Ante la necesidad de lograr un mayor entendimiento acerca de las posibles vías para arribar a una regulación macroprudencial eficaz y coherente a nivel internacional, y con el fin de garantizar que se atiendan los diversos puntos de vista sobre el tema, a principios de esta semana el Banco Popular de China celebró en Shanghái una conferencia patrocinada por el FMI, a la que asistieron titulares de bancos centrales y altos funcionarios financieros de Asia y otros países del mundo para examinar y debatir temas clave relacionados con las políticas macroprudenciales. La conferencia (“Macro-Prudential Policies: Asian Perspectives”) permitió a los participantes internacionales y funcionarios del FMI y a las autoridades asiáticas conocer sus respectivos puntos de vista y beneficiarse mutuamente de ese intercambio.

¿Qué objetivos se persiguen?

En la conferencia hubo amplia coincidencia en cuanto a que el primer paso para la formulación de políticas macroprudenciales debería ser una convergencia de opiniones acerca de sus objetivos.

El objetivo primordial, por supuesto, es sencillo: prevenir una crisis como la que acaba de ocurrir.

A medida que avanzaba la crisis, los problemas de una institución se propagaban velozmente a instituciones relacionadas y a otros países, debilitando rápida y drásticamente la compleja red de vínculos financieros. La crisis demostró que estudiar solo la seguridad y solidez de las instituciones financieras individuales era insuficiente. Los entes supervisores deben estar al tanto de la acumulación de riesgos de alcance sistémico y ser capaces de responder a tal situación.

Por lo tanto, un desafío fundamental es el de establecer un marco normativo que garantice la seguridad y solidez del sistema financiero en su totalidad y que refleje la forma en que los sistemas económico y el financiero se afectan mutuamente.

Un objetivo básico de la reforma es formular y aplicar políticas para atajar la propagación de efectos indirectos entre instituciones o mercados que amplifican los problemas. Un segundo objetivo es reducir la probabilidad de que el sistema en su conjunto sufra ese tipo de efectos indirectos. Para ello es preciso amortiguar las oscilaciones de los ciclos crediticios y financieros que, al generar volatilidad en el sistema financiero, pueden ser perjudiciales para la estabilidad de los mercados financieros y para la economía en general.

Mecanismos de aplicación

Una cuestión básica de orden práctico es definir cómo se pueden incorporar las políticas macroprudenciales en el conjunto tradicional de instrumentos de política.

Una opción sería algún tipo de recargo o impuesto aplicado al capital en función del grado de riesgo sistémico creado por una determinada institución financiera. Además de los requerimientos microprudenciales clásicos de capital mínimo para respaldar las instituciones individuales, el nuevo enfoque añadiría un nuevo estrato de capital exigido basado en la importancia sistémica de la institución. La finalidad sería modular el comportamiento de la institución elevando el costo que implica realizar las actividades que contribuyen a la acumulación de riesgos sistémicos.

Otras propuestas para controlar el riesgo sistémico se centran en restricciones basadas más en la cantidad que en el precio, como la imposición de límites al tamaño o a la estructura jurídica de las instituciones financieras o a algunas de sus actividades. Cabe señalar, sin embargo, que en general los instrumentos basados en el precio tienden a ser más eficaces, ya que los basados en la cantidad pueden prestarse a la manipulación y al arbitraje regulatorio.

Como los riesgos sistémicos no se refieren solo a las instituciones sino también a los mercados, se debe considerar la aplicación de nuevas medidas que fomenten la capacidad de recuperación de los mercados de importancia clave.

Aplicación eficaz mediante la cooperación

Al igual que muchos otros desafíos que enfrentan los mercados modernos globalizados, el problema exige una solución basada en la cooperación. Las autoridades deben garantizar que las políticas macroprudenciales que se diseñen y apliquen en países diferentes no se contradigan o neutralicen entre sí.

Otro tema que deben encarar los supervisores es la exposición transfronteriza. La resolución eficaz de las instituciones financieras grandes y complejas que operan en más de una jurisdicción debe estar sustentada en un marco internacional claramente diseñado para reducir el riesgo moral y apoyar la estabilidad financiera. A este respecto, el FMI ha propuesto un enfoque pragmático. Esperamos que el pequeño conjunto de países donde están radicadas las empresas con mayor grado de interconectividad comience a avanzar en este tema.

En muchos países aún está pendiente decidir si el encargado de diseñar y aplicar las políticas macroprudenciales debería ser un nuevo organismo mundial, un banco central o el actual ente regulador microprudencial. En general, los participantes de la conferencia de Shanghái se manifestaron a favor de asignar esta tarea a los bancos centrales.

Sin embargo, cualquiera que sea la ruta escogida, los reguladores deben contar con un buen sistema de recopilación de información, mandatos y atribuciones claramente definidos y —quizá lo más importante— instancias de cooperación entre las autoridades a nivel nacional y con otros países.