Por Olivier Blanchard

(Versión en English)

La recuperación continúa, pero sigue siendo débil; de hecho, es un poco más débil de lo pronosticado en abril.

Hemos revisado la proyección de crecimiento mundial de 2014 de 3,7% en abril a 3,4% hoy. Esta cifra global hace parecer que las cosas están peor de lo que realmente están. En gran medida, refleja algo que ya ha sucedido; a saber, la fuerte tasa negativa de crecimiento estadounidense en el primer trimestre. Pero ese no es el único factor en juego. También refleja una serie de pequeñas revisiones a la baja, tanto en las economías avanzadas como en las emergentes.

Globalmente, la situación no ha cambiado demasiado:

Las economías avanzadas aún se enfrentan a elevados niveles de deuda pública y privada, que están frenando la recuperación. Estos frenos están perdiendo fuerza, pero no al mismo ritmo en todos los países.

Los mercados emergentes están cediendo las tasas de crecimiento previas a la crisis. Deben abordar problemas estructurales fundamentales y emprender reformas estructurales. Al mismo tiempo, deben lidiar con las implicaciones de la normalización de la política monetaria en Estados Unidos.

Hagamos la acostumbrada gira por el mundo.

Economías avanzadas

Estados Unidos

Según las cifras actuales (que no me sorprendería que cambiaran), el crecimiento estadounidense durante el primer trimestre fue mucho peor de lo que nadie preveía. En retrospectiva, parece atribuible en gran medida a factores excepcionales, que van de una corrección de las existencias a condiciones meteorológicas inusitadamente desfavorables. De cara al futuro, el crecimiento de Estados Unidos está previsto aún en 3,25% para el resto del año y en 3% en 2015.

En este momento, la principal cuestión de política es el ritmo adecuado de la normalización de la política monetaria. Dados el comportamiento inusitado de la participación laboral y la incertidumbre en torno a la tasa de equilibrio del desempleo, es difícil evaluar la capacidad ociosa de Estados Unidos. Los planes actuales —a saber, terminar de replegar el estímulo monetario este año y subir la tasa de política monetaria a partir de mediados del año próximo— son apropiados. Pero quizás haya que ajustar el momento de incrementar la tasa de política monetaria, en función de la evolución de la inflación y el desempleo.

Un informe reciente del BPI menciona la posibilidad de una toma de riesgos excesiva en los mercados financieros como consecuencia de un prolongado período de tasas a bajo nivel. Coincidimos en que, en algunos mercados financieros, las valoraciones parecen ser quizás optimistas. Pero, globalmente, no observamos un peligro sistémico para la estabilidad financiera, principalmente por efecto de la disminución del apalancamiento de las instituciones bancarias y —en la medida en que podemos medirlo— también de las no bancarias. Con todo, si estos riesgos aumentaran, los instrumentos macroprudenciales deberían ser la primera línea de defensa. Prepararse para utilizarlos debería ser una prioridad a nivel de las políticas.

Zona del euro

La recuperación de la zona del euro continúa siendo débil y la inflación aún es demasiado baja. Nuestras proyecciones para la zona del euro se mantienen mayormente sin cambios: 1,1% en 2014 y 1,5% en 2015. Estas cifras ocultan, sin embargo, diferencias entre países. En el núcleo de la zona, hemos revisado al alza el pronóstico para Alemania, y a la baja el de Francia. En la periferia, hemos revisado al alza el pronóstico para España, y a la baja el de Italia.

Para afianzar la recuperación, la zona del euro claramente necesita aún medidas contundentes, tanto del lado de la oferta como del de la demanda:

En la mayoría de los países de la zona del euro, las tasas de desempleo superan por lejos el valor de equilibrio, y la inflación a nivel de toda la zona del euro es demasiado baja. Por ende, las políticas del lado de la demanda aún tienen una importancia primordial. Como el margen de maniobra fiscal es limitado, la política monetaria debe continuar respaldando la actividad. Las medidas recientes adoptadas por el BCE son alentadoras. Sería prematuro evaluar sus efectos, y si la inflación sigue siendo persistentemente baja, habría que pensar en tomar otras medidas.

Pero la política monetaria no puede hacer todo sola. La evaluación de la calidad de los activos que han puesto en marcha los bancos europeos es crítica para restablecer la confianza en el sector bancario y mejorar la intermediación. Más allá de las limitaciones de la demanda, se deben adoptar medidas estructurales para incrementar tasas de crecimiento potencial muy bajas. Estas medidas varían según el país, y van desde reformas para reintegrar laboralmente a jóvenes desempleados hasta medidas que promuevan la competencia en sectores de bienes no transables y el gasto en infraestructura.

Japón

Hemos revisado al alza —a 1,6% en 2014— las proyecciones para Japón. Esto refleja los efectos de la Abeconomía y el fortalecimiento de la demanda interna, incluida la inversión. El reto fundamental para Japón sigue siendo cómo recortar la deuda pública y promover el crecimiento tanto a corto como a largo plazo. Las proyecciones para 2015 permiten vislumbrar la dificultad. El crecimiento será, según las proyecciones, de apenas 1,1%, en parte como consecuencia de los efectos desfavorables que ejercerá en la demanda el alza de los impuestos sobre el consumo planificada para este año.

Economías de mercados emergentes y en desarrollo

Prevemos que el crecimiento de las economías de mercados emergentes y en desarrollo se ubicará en 4,6% en 2014 (una revisión a la baja de 0,2%) y 5,2% en 2015 (una revisión a la baja de 0,1%).

La revisión a la baja más marcada respecto de la edición de abril del informe WEO es la de Rusia: el crecimiento previsto para 2014 ha pasado de 1,3% a 0,2%, y para 2015, de 2,3% a 1%. Esto es resultado principalmente de un empeoramiento de la confianza empresarial, agravado por las tensiones geopolíticas. El resultado han sido elevadas salidas de capital y prácticamente un congelamiento de las decisiones de inversión.

La inversión en vivienda se ha enfriado en China, y prevemos que esta desaceleración continuará. El gobierno ha respondido con una serie de medidas de estímulo focalizadas en ámbitos prioritarios como la inversión ferroviaria y la vivienda social. En los últimos meses se ha observado un aumento de los flujos de crédito y del gasto en infraestructura, así como una mejora de las exportaciones. Por ende, las proyecciones de crecimiento para este año se mantienen casi sin cambios, en torno a 7½%. No obstante, el principal reto para China sigue siendo lograr un crecimiento más equilibrado, con menos inversión y más consumo.

De cara al futuro, las economías emergentes y en desarrollo tienen dos retos por delante.

El primero consiste en implementar reformas para reequilibrar las economías y fortalecer el crecimiento. Algunos de estos países —especialmente México, pero también otros— de hecho están emprendiendo ambiciosas reformas, lo cual debería contribuir a estimular la inversión y el crecimiento.

El segundo consiste en adaptarse a un entorno mundial cambiante. Este cambio ya está en marcha. La recuperación de las economías avanzadas implica un aumento de la demanda de sus exportaciones. La normalización de la política monetaria de Estados Unidos, sin embargo, implica que algunos de los flujos de capital que se dirigieron a los mercados emergentes en busca de mayor rentabilidad terminarán regresando. Esto, a su vez, implica un empeoramiento de las condiciones financieras y un contexto financiero menos propicio. Los inversionistas extranjeros no son tan indulgentes, las debilidades macroeconómicas son más costosas. Y los sobresaltos financieros, como los de mayo de 2013, bien podrían repetirse.

En resumen, la recuperación continúa. Pero sigue siendo débil, y aún necesita firmes políticas de respaldo para afianzar tanto la oferta como la demanda.

Vea la videoentrevista.