Por Evridiki Tsounta y Kalpana Kochhar

(Versión en English)

Las economías de mercados emergentes han experimentado un crecimiento vigoroso, con un crecimiento anual durante el período 2000–12 del 4¾%, en promedio, 1 punto porcentual  más alto que en las dos décadas anteriores. En los últimos dos a tres años, sin embargo, en la mayoría de estas economías el crecimiento se ha enfriado, y en ciertos casos con bastante rapidez.

¿Es la reciente desaceleración solo un bache o se trata de un indicio de una situación más crónica? Para responder a esta pregunta, examinamos en primer lugar los factores que explican este fuerte crecimiento.

En nuestro nuevo estudio observamos que el aumento del empleo y de la acumulación de capital, como por ejemplo edificación y maquinaria, continúan siendo los principales impulsores del crecimiento en los mercados emergentes. Juntos, dan cuenta de 3 puntos porcentuales del crecimiento anual del PIB en 2000–12, frente a 1¾ puntos porcentuales atribuibles a mejoras de la eficiencia de los insumos de producción, a lo cual los economistas suelen referirse como productividad total de los factores (gráfico 1).

También observamos que la aceleración de la actividad económica en los años 2000 en comparación con la de los años noventa se explica únicamente por un aumento de la productividad total de los factores. Después de haber retrocedido en América Latina y en Oriente Medio y Norte de África en décadas anteriores, la productividad total de los factores está en aumento en las economías de mercados emergentes de todas las regiones (véase un análisis específico sobre América Latina en nuestro blog anterior).

Este no es un fenómeno inusual en épocas de prosperidad económica. Pero las mejoras de la productividad total de los factores también son reflejo de algunos factores estructurales (permanentes), como la reasignación de insumos hacia sectores más productivos y los beneficios de anteriores reformas (incluidos los derivados de la desregulación y de la liberalización comercial y financiera). Esta situación es positiva para los mercados emergentes.

Menor crecimiento potencial

Después de identificar las causas del fuerte crecimiento en los mercados emergentes durante los años 2000, pasamos a considerar si la desaceleración justifica una “visita al doctor” o si se trata solamente de un bache del que irá recuperándose.

En un blog anterior, demostramos que esta desaceleración obedeció en gran medida a factores externos, aunque también entraron en juego factores internos. La posibilidad de que la desaceleración persista dependerá de que esta haya sido ocasionada por factores transitorios (cíclicos) o por factores más permanentes (estructurales). Nuestro estudio parece indicar que, en promedio, los factores cíclicos y estructurales son igualmente importantes para explicar la desaceleración del crecimiento en los mercados emergentes durante los últimos años (gráfico 2).

¿Es esto bueno o malo para la economía mundial? Veamos: Esto implica que una parte de la desaceleración en los mercados emergentes —la parte cíclica— sería solamente un bache, y que el crecimiento debería ser más vigoroso una vez que repuntara el crecimiento en las economías avanzadas.

Al mismo tiempo, nuestros resultados sugieren que los mercados emergentes tendrán más dificultades para mantener las elevadas tasas de crecimiento de los años 2000 en los próximos 3-4 años, dado que parte de la desaceleración refleja una disminución del crecimiento potencial y, por lo tanto, es de carácter más permanente. Las estimaciones de las tasas de crecimiento potencial en los mercados emergentes para los próximos 3-4 años, del 3½%, sugieren que el crecimiento será, en promedio, 1¼ puntos porcentuales más bajo que en la década de 2000, aunque la magnitud del impacto varía de un país a otro (gráfico 3).

La desaceleración proyectada del crecimiento potencial se atribuye a varios factores. En primer lugar, se prevé que la inversión (es decir, el crecimiento del stock de capital físico) se moderará, a medida que empiecen a subir las bajas tasas de interés mundiales que facilitaron la gran afluencia de capitales a la región y que se estabilicen los precios de las materias primas. Además, en los años venideros la contribución de la mano de obra probablemente se vea restringida por algunos factores naturales, como el envejecimiento de la población. Por último, en aquellos países donde se permitió la acumulación de desequilibrios externos y financieros, el crecimiento será lento a medida que estas economías abordan los riesgos que enfrentan sus balances.

Reformas estructurales al rescate

En consecuencia, las autoridades de los países de mercados emergentes deberán poner renovado empeño en las reformas estructurales orientadas a elevar la productividad, que pese a haber mejorado en los últimos tiempos, sigue siendo débil en comparación con las economías avanzadas (véase un análisis sobre reformas estructurales específicas en un informe reciente del FMI).

Por lo tanto, ¿dónde nos encontramos? La desaceleración del crecimiento en los mercados emergentes no es un fenómeno pasajero que se corregirá por sí solo con una intervención de política mínima. En algunos países, la transición hacia una tasa de crecimiento potencial más lenta puede ser deseable si esto significa avanzar hacia tasas de crecimiento más sostenibles y equilibradas.

Sin embargo, en otros mercados emergentes, este puede ser el momento propicio para reevaluar sus políticas y poner en marcha reformas estructurales que puedan contribuir a otro período de crecimiento vigoroso, a la convergencia del ingreso y al aumento de los niveles de vida. Como dijo sabiamente Winston Churchill, “Un optimista ve la oportunidad en cada dificultad”.