Por Prakash Loungani

(Versión en English)

Hoy en día hay más de 200 millones de personas desempleadas en todo el mundo, de las cuales más de un quinto viven en economías avanzadas. Las tasas de desempleo de estas economías se dispararon al comienzo de la Gran Recesión y, cinco años después, se mantienen en niveles muy elevados.

Hay quienes sostienen que era de esperar que esto sucediera dado que la economía sigue registrando una evolución muy inferior a la tendencia e insisten en que es necesario aplicar una mayor distensión de las políticas macroeconómicas (por ejemplo, Krugman, 2011, Kocherlakota (2014)). Otros indican que las pérdidas de empleos, particularmente en países como España e Irlanda, han sido demasiado fuertes para explicarlas por la evolución del producto y pueden obedecer en gran medida a problemas estructurales de sus mercados laborales. Incluso en Estados Unidos, donde las tasas de desempleo cayeron el año pasado, existe la preocupación de que cada vez más gente esté abandonando la fuerza laboral y, por lo tanto, generando una disociación entre empleo y crecimiento.

Fuerte vínculo entre empleo y crecimiento

¿Qué indican las pruebas? En nuevos estudios que he realizado con Laurence Ball y Daniel Leigh observamos que el vínculo entre el crecimiento del producto y el crecimiento del empleo se confirma firmemente en la mayoría de las economías avanzadas. No encontramos indicios de que este vínculo, conocido entre los expertos como la ley de Okun, se haya interrumpido durante el período de 2008 a 2013, incluso en países con un elevado nivel de desempleo como Irlanda y España.

En promedio, en las 20 economías avanzadas que estudiamos, un aumento de 1 punto porcentual en el crecimiento del producto da origen a un aumento de ½ punto porcentual en el crecimiento del empleo (gráfico 1). Este vínculo entre empleo y crecimiento, denominado coeficiente de Okun, varía en función de los países, y oscila entre valores elevados de 1,5% para España y 0,7% para Irlanda a valores bajos de 0,3% para Italia y 0,2% para Austria. El elevado valor del coeficiente de Okun correspondiente a España obedece a la mayor utilización de los contratos temporales en ese país, en comparación con otros: esto significa que en las buenas épocas se crean muchos empleos pero también que durante las recesiones hay gran pérdida de empleos.

Observamos que la ley de Okun superó la prueba de tensión de la Gran Recesión: hay pocos indicios de que el vínculo entre crecimiento y empleo haya variado apreciablemente en el curso de dicha recesión. Esto se desprende claramente del gráfico 2 que muestra que los coeficientes de Okun correspondientes a todo el período de 1980 a 2013 son fundamentalmente iguales a los registrados antes de la Gran Recesión.

El gráfico 3 sigue la trayectoria de la relación entre el crecimiento del empleo y el producto correspondiente a dos países de nuestra muestra, Estados Unidos y España. La trayectoria del producto y el empleo desde 2007 se destaca en rojo en ambos gráficos.

 

La ley de Okun se adapta muy bien a Estados Unidos, es decir, la relación entre el crecimiento del producto y el empleo es firme (gráfico 3a). Durante la Gran Recesión, hubo un año en que el empleo estadounidense descendió bastante más de lo previsto, pero en 2013 la relación histórica se restableció. (Cabe señalar que una relación similar con respecto al desempleo indicaría que el desempleo estadounidense actual es aproximadamente 1 punto porcentual inferior a su relación histórica con el crecimiento del producto, lo que concuerda con la opinión de Erceg y Levin de que parte del marcado descenso del desempleo en Estados Unidos podría atribuirse a la población que abandona la fuerza laboral).

 

 

En el caso de España, el vínculo entre empleo y crecimiento es muy estrecho y hay pocos indicios de que se haya interrumpido durante la Gran Recesión; la trayectoria presentada en rojo se mantiene cercana a su relación histórica (gráfico 3b).

Líneas de acción

Nuestras pruebas tienen importancia para interpretar las variaciones del empleo y para formular políticas. La supuesta ruptura del vínculo entre empleo y crecimiento suele utilizarse en respaldo de la opinión de que los problemas del mercado laboral son de naturaleza estructural y no se resolverían adoptando medidas dirigidas a generar una recuperación cíclica. McKinsey (2011), por ejemplo, aduce que la ley de Okun ya no se cumple y que, en consecuencia, un retorno al pleno empleo no solo requerirá “un crecimiento robusto del PIB [sino también] importantes esfuerzos en educación, regulación e incluso diplomacia”.

En cambio, nuestros resultados indican que, como señaló recientemente la Directora Gerente del FMI Christine Lagarde, “la forma más eficaz de fomentar el empleo es volver a poner en marcha el crecimiento … 1 punto porcentual más de crecimiento en las economías avanzadas disminuiría el desempleo en las mismas en aproximadamente ½ punto porcentual, recuperando empleos para más de 4 millones de personas. Entonces, para crear empleos, debemos aumentar el crecimiento económico. ¿Cómo hacerlo? En el corto plazo, no hay duda de que se deberá adoptar una política monetaria y fiscal inteligente para proteger su recuperación”.

Naturalmente, el hecho de que la ley de Okun se cumpla no determina en sí mismo las líneas de acción que deben seguirse; como afirmó el ganador del premio Nobel, Peter Diamond en la conferencia anual de estudios del FMI, para ello también se deben examinar detenidamente otras relaciones, como la Curva de Beveridge entre empleo y ofertas de trabajo, y otros indicadores de desequilibrio en el mercado laboral.

Sin embargo, la supuesta falla de la ley de Okun suele ser el punto de partida para sostener que se deben realizar reformas estructurales para hacer una mella importante en el desempleo. Nuestros resultados indican que, si bien puede haber buenas razones para recomendar reformas estructurales a fin de estimular el empleo, el argumento de que la ley de Okun no se cumple no debería ser una de ellas.