Por Era Dabla-Norris y Kalpana Kochhar

(Versión en English)

Es muy probable que en muchas economías de mercados emergentes esté llegando a su fin la era de fuerte crecimiento alimentado por dinero barato y los altos precios de las materias primas.

Esta desaceleración es consecuencia no solo de una floja demanda mundial sino también de factores estructurales que están mermando la eficacia de los motores de crecimiento del pasado, y también del hecho de que la “prosperidad” económica redujo los incentivos para implementar un mayor número de reformas a favor de la productividad. Dado que el período de condiciones favorables para el financiamiento y el comercio a escala mundial ha llegado a su fin, es hora de que los gobiernos desplieguen importantes esfuerzos para incrementar la productividad, que es la base del crecimiento sostenible y de la mejora de las condiciones de vida.

Se busca: Una segunda generación de reformas

Los gobiernos deben centrar su atención en la próxima tanda de reformas estructurales en materia de política para fomentar la competencia y mejorar el funcionamiento de los mercados. En la mayoría de las economías emergentes, los mayores aumentos de la productividad estarán vinculados a su capacidad para “trepar la escalera tecnológica”, es decir, para depender menos de los bienes baratos y de poco margen de ganancia y más de los bienes manufacturados de mayor valor agregado y que son potencialmente más rentables.

Esto supondrá implementar reformas que propicien una transición de las actividades de baja productividad —como la agricultura— a actividades manufactureras de mayor valor agregado, así como a servicios más modernos como el transporte, la distribución y la tecnología de la información y las comunicaciones.

He aquí algunos ejemplos de reformas que probablemente reportarán mayores beneficios a las economías de mercados emergentes:

Reforma del sector real

Mejorar el clima de negocios. Las reformas deben centrarse en disminuir las cargas administrativas, simplificar la regulación, reforzar la competencia y reducir los trámites. La regulación excesiva tiende a desalentar la participación internacional en la economía interna, y eso limita las ventajas que un país puede obtener de las transferencias de conocimientos del exterior.

Eliminar las distorsiones y las rigideces del mercado laboral. Las estrictas regulaciones de contratación y despido y de protección laboral tienden a incentivar la proliferación de empresas pequeñas, informales y por lo general menos productivas. También dan lugar a distorsiones, como mercados laborales que protegen a los que están “adentro” y dejan en situación vulnerable a los que están “afuera”. Las reformas deben incentivar a las empresas a migrar del sector informal al formal, y de las actividades de baja productividad a las de alta productividad y a nuevas actividades, ofreciendo al mismo tiempo una red para proteger a los trabajadores durante el proceso de ajuste.

Liberalizar la inversión extranjera directa. Las regulaciones que limitan la inversión extranjera directa pueden entorpecer la adopción de tecnologías al reducir la competencia, impedir las transferencias de tecnología entre países y obstaculizar la entrada de nuevas empresas al mercado. El desmantelamiento de estas barreras puede aportar aumentos de la productividad para toda la economía.

Reforma del sector financiero

Disminuir las restricciones financieras. Al eliminar los topes máximos de las tasas de interés y los controles del crédito y al adoptar marcos regulatorios y de supervisión más sólidos para combatir las malas prácticas en el mercado financiero se permitirá que el capital fluya hacia las actividades más rentables, reduciendo al mínimo los riesgos sistémicos.

Desarrollar los mercados locales de capital. Mejoras como el desarrollo de los mercados locales de capital, en particular los mercados de bonos en moneda nacional, pueden ampliar la disponibilidad de financiamiento para inversiones innovadoras y a largo plazo.

Los gobiernos también deberían invertir en actividades encaminadas a desarrollar las aptitudes de la gente. Las calificaciones de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos sobre los grados de aptitud de lectura, matemáticas y ciencias revelan grandes diferencias entre las economías emergentes y las avanzadas, lo que hace pensar que la inversión en educación superior es muy redituable.

No se debe dejar de lado la infraestructura. Pese a los considerables avances en ámbitos como las telecomunicaciones, muchas economías de mercados emergentes adolecen de redes deficientes de transporte y comunicación y poca capacidad para generar su propia energía. La reforma del entorno normativo en materia de infraestructura y la promoción de las asociaciones público-privadas ayudarían a atraer inversión privada para subsanar algunos de estos problemas. Una mejor infraestructura —carreteras, ferrocarriles, puertos y aeropuertos, por ejemplo— puede mejorar la capacidad de las empresas para conectar los mercados nacionales y extranjeros, y los aumentos de la competitividad y la eficiencia incidirían considerablemente en la productividad y el crecimiento.

La reforma no será fácil

La mayoría de las economías de mercados emergentes saben qué reformas tienen que aprobar, pero su implementación no será fácil.

Las autoridades tendrán que hacer frente a la oposición de intereses creados que, gracias a la situación actual, se han vuelto ricos y poderosos. Además, será más complicado adoptar reformas cuando la economía atraviesa una etapa de menor crecimiento y el gobierno dispone de menos dinero para destinar a las mismas. En un entorno fiscal débil, es más difícil encontrar los recursos necesarios para compensar adecuadamente a la gente que se verá perjudicada por las reformas estructurales. Los gobiernos que disponen de escaso capital político pueden optar por “invertirlo” en reducir la deuda y los déficits públicos, en lugar de reformar el funcionamiento estructural de la economía.

A largo plazo, sin embargo, las perspectivas de las diferentes economías emergentes dependerán de la manera en que se concilien intereses divergentes en aras de las reformas necesarias.