Por Martin Kaufman y Mercedes García-Escribano

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Desde comienzos de la década de 2000, la economía brasileña se ha expandido a un ritmo vigoroso, con un crecimiento que en 2010 alcanzó 7,5%, el más sólido en un cuarto de siglo. Unos de los pilares fundamentales de esta prosperidad económica lograda a base de mucho esfuerzo han sido las sólidas políticas económicas y la adopción de programas sociales de gran alcance, que han permitido reducir considerablemente la pobreza.

En el último par de años, el crecimiento de Brasil se ha desacelerado. Otras economías de mercados emergentes han experimentado una desaceleración similar, pero los resultados de crecimiento de Brasil han sido especialmente decepcionantes. Y las medidas adoptadas para estimular la economía no dieron lugar a una recuperación sostenida. La razón es que para desencadenar un crecimiento sostenido en Brasil se precisan medidas que no estén centradas en estimular la demanda interna sino en modificar la composición de la demanda a favor de la inversión y en incrementar la productividad.

Dificultades internas

La infraestructura inadecuada y los desequilibrios de la demanda están entorpeciendo el proceso de crecimiento de Brasil. Durante 2011-13, el consumo privado en Brasil ha sido firme gracias a un desempleo muy bajo, amplios avances de los salarios reales (debidos en parte a fuertes aumentos del salario mínimo) y una dinámica expansión del crédito.

Pero la inversión ha sido decepcionantemente débil. La incertidumbre mundial incidió, sobre todo en 2011, pero los principales factores responsables del bajo nivel de inversión han sido de carácter interno, siendo uno de ellos la pérdida sostenida de competitividad.

Reactivar la economía

Para abordar esta situación, en su informe reciente sobre la economía de Brasil, el personal técnico del FMI recomienda consolidar el marco de política económica de Brasil y adoptar medidas y reformas orientadas a ampliar la capacidad productiva de la economía y mejorar la competitividad.

El proceso de endurecimiento de las condiciones monetarias que el banco central de Brasil puso en marcha en abril es un paso en la dirección correcta que ha ayudado a reducir las expectativas inflacionarias y a contener la inercia.

La consolidación fiscal sostenida, mediante el cumplimiento de una meta de superávit fiscal primario equivalente a aproximadamente 3% del PIB, también sería importante ya que mantendría la demanda interna bajo control, reduciría el endeudamiento público y propiciaría una recuperación de la confianza y la inversión.

Otro factor positivo es el renovado interés del gobierno en aplicar políticas que alivien las limitaciones de la capacidad productiva de la economía, en particular las concesiones de proyectos de infraestructura al sector privado.

Perspectivas a corto plazo

El personal técnico prevé que la economía brasileña crecerá alrededor de 2½% este año y el próximo. Pese a ser mayor que la de 2012, esta tasa mantendrá a Brasil por debajo de su crecimiento potencial.

Además, las perspectivas están sujetas a varios riesgos. La recuperación podría ser más desequilibrada —es decir demasiado dependiente del consumo— y más lenta de lo previsto. Los factores subyacentes a la escasa inversión y las limitaciones de la oferta pueden ser más severos de lo previsto. Otra posibilidad es que no se restablezca la confianza de los inversionistas. De materializase estos riesgos, la respuesta no debería ser un nuevo estímulo a la demanda. Eso agravaría los desequilibrios de la demanda interna, ampliaría el déficit de la cuenta corriente externa, reavivaría las presiones inflacionarias y minaría la confianza.

Las perspectivas también están expuestas a riesgos externos derivados del hecho de que Brasil depende del ahorro externo y de que sus mercados financieros están muy integrados. Sin embargo, el tipo de cambio flexible, el sólido marco de la política monetaria y las abundantes tenencias de reservas internacionales deberían ofrecer protección frente a estos riesgos.

Alcanzar el potencial máximo

El desempeño de Brasil puede ser mejor. Para aproximar a la economía brasileña a su crecimiento potencial —estimado actualmente en 3½%— el gobierno debería centrar su atención en mejorar la productividad y ampliar la inversión, como por ejemplo en el ámbito de la infraestructura.

Como se ha dicho, el renovado interés del gobierno en adoptar políticas para aliviar las limitaciones de la capacidad productiva de la economía es una buena noticia. Estos esfuerzos deberían complementarse con una revisión del mecanismo de indexación del salario mínimo y con reformas para mantener bajo control los costos de la mano de obra y evitar una mayor erosión de la competitividad. La agenda de trabajo también debería incluir la reducción y simplificación de los impuestos y la mejora del entorno empresarial para reducir el denominado custo Brasil.