Por Anoop Singh

(Versión en English)

Aterrizaje brusco, aterrizaje suave, no habrá aterrizaje, sobrecalentamiento. Las opiniones de los expertos sobre la economía de China fluctúan, a menudo rápidamente, entre estas descripciones.

Hace solo dos meses, el temor predominante era la posibilidad de que el crecimiento se desacelerara pronunciadamente y se ubicara por debajo de la meta oficial para este año del 7½%. Hoy en día, estos temores han retrocedido, alejados por rumores de un ímpetu renovado.

La opinión del Fondo Monetario Internacional siempre ha sido que el crecimiento económico será ligeramente superior a la meta oficial para este año. Pero también hemos advertido que los retos económicos de China se están intensificando y que es fundamental acelerar las reformas para contener los riesgos y lograr una transición sin tropiezos hacia un crecimiento sostenible.

La Tercera Sesión Plenaria, que se celebrará próximamente, presenta una oportunidad para que la nueva dirigencia ofrezca pautas sobre cómo se propone afrontar estos retos.

Los retos en el futuro

Después de tres décadas de una expansión sin precedentes, que sacó de la pobreza a casi 500 millones de personas, el modelo de crecimiento de China atraviesa dificultades. Están comenzando a surgir puntos de presión en el sector financiero y en las finanzas de los gobiernos locales. Todo ello, en un contexto de una población envejecida. Estas tensiones tienen origen en una estrategia de desarrollo sumamente dependiente de la acumulación de capital y la relocalización del exceso de mano de obra del campo hacia las fábricas urbanas.

El total de crédito de China está entre los más altos del mundo y sigue creciendo rápidamente, especialmente en el sector no bancario. Solo en los últimos cuatro años, el total de crédito, medido como proporción del PIB, ha aumentado a una velocidad vertiginosa del orden del 140% al 200%.

En otras partes, este tipo de rápido aumento del crédito a menudo ha traído aparejadas en forma generalizada una valoración errónea del riesgo y una acumulación de problemas relacionados con la calidad de los activos. Además, si bien el surgimiento de intermediarios no bancarios marca un desplazamiento hacia la intermediación basada en el mercado, estas instituciones también presentan riesgos al movilizar depósitos a corto plazo para conceder préstamos con plazos más prolongados, sin tener que cumplir con los mismos requisitos de capital, de reservas, ni las normas que deben observar los bancos.

La contrapartida de esta rápida expansión del crédito es el importante incremento del endeudamiento, incluso a nivel de los gobiernos locales. Con frecuencia, el gasto de los gobiernos locales en infraestructura se ha utilizado como instrumento anticíclico para estabilizar la actividad y enfrentar los shocks, y esto ha sucedido en forma aún más frecuente desde que comenzó la crisis financiera mundial.

Dado que generalmente los gobiernos locales tienen restricciones para recaudar ingresos, y no tienen permitido endeudarse directamente con los mercados, en la mayoría de los casos han encauzado el financiamiento de la infraestructura a través de vehículos de financiamiento extrapresupuestarios. A nuestro juicio, si a las cifras declaradas de la deuda pública se añaden estos otros préstamos vinculados a la infraestructura, el endeudamiento del gobierno general asciende aproximadamente al 45% del PIB (el doble de la cifra oficial); lo cual, si bien todavía representa una situación controlable, sí da motivo para creer que, en comparación con lo que indican las cifras declaradas, existe un menor margen fiscal para afrontar imprevistos.

Los riesgos interrelacionados en el sector financiero y las finanzas de los gobiernos locales obedecen a vulnerabilidades más profundas en la evolución actual de crecimiento, que sigue siendo sumamente dependiente de la acumulación de capital. Se sigue aumentando la capacidad mucho más allá de la demanda de los consumidores finales, y el rendimiento del capital está disminuyendo. Además, las tendencias demográficas indican que el exceso de mano de obra se agotará aproximadamente en 2020, y, por ende, será más difícil contrarrestar la disminución del rendimiento mediante la relocalización del exceso de mano de obra del campo a las fábricas.

En suma, el modelo de crecimiento que arrojó resultados espectaculares en China en décadas recientes luce cada vez más insostenible.

¿Qué hacer?

La transición hacia un crecimiento más sostenible, con un uso más eficiente de los recursos, mayor inclusión y mayor orientación hacia los consumidores, requerirá que se adopten medidas en varios frentes: reformas del sector financiero, reformas fiscales y medidas estructurales.

Es fundamental profundizar las reformas financieras con el fin de contener el aumento de riesgos, mejorar la eficiencia de la inversión y aumentar los ingresos de capital de los hogares. Los principales aspectos de estas reformas son la liberalización de la tasa de depósitos; la eliminación de la creencia generalizada de que existen garantías implícitas para los productos e intermediarios financieros adoptando un seguro de depósitos y creando un marco de resolución formal para las instituciones que quiebren; y la eliminación paulatina de las directrices administrativas en la asignación de créditos para pasar a adoptar una tasa de interés de política monetaria que actúe como principal meta de la política monetaria.

Las reformas fiscales complementarán las reformas del sector financiero para enfrentar las vulnerabilidades de las finanzas de los gobiernos locales, reducir el exceso de inversión y promover el consumo de los hogares. Entre las reformas fiscales, cabe mencionar las medidas para conceder a los gobiernos locales facultades para obtener sus propios ingresos que estén más a tono con sus cometidos en materia de gasto, encauzar la carga tributaria hacia un sistema tributario más progresivo y eficiente, y canalizar los pagos de dividendos de las empresas públicas al presupuesto.

La tercera esfera es la de las medidas estructurales, que acentuarán el efecto de las reformas financieras y fiscales y permitirán pasar a un modelo de crecimiento menos dependiente de la acumulación de capital y más dependiente del uso eficiente de los recursos (el crecimiento de la “productividad total de los factores”). Algunas de las medidas necesarias son la aplicación de las mismas reglas para todos, ya sea dentro de cada sector como entre los diferentes sectores a través de la desregulación y la flexibilización de las barreras de ingreso (en especial en el sector de los servicios), el aumento de los precios de los recursos naturales para racionalizar la inversión y proteger el medioambiente y la reforma del sistema hukou (para el registro de los hogares) que permita aumentar la movilidad del mercado laboral y lograr una mayor convergencia entre los trabajadores y los puestos de trabajo disponibles.

Con miras a la Tercera Sesión Plenaria

La implementación de estas importantes medidas es una tarea exigente que implica tomar decisiones difíciles, como por ejemplo, aceptar la posibilidad de que el crecimiento sea más lento a medida que la economía se ajusta a su nueva trayectoria. No obstante, comenzar inmediatamente permitiría a China mantener su convergencia al mismo nivel de las economías de mayor ingreso y distribuir los beneficios del crecimiento a una porción creciente de su población, de forma sólida y sostenible desde el punto de vista medioambiental. Por otro lado, si se demoran estas reformas, los retos se intensificarán, y aumentará la posibilidad de que la convergencia se paralice.

Las autoridades chinas reconocen estos retos y ya han indicado sus objetivos en materia de reforma. A fin de dirigir la transición hacia un nuevo camino de crecimiento, la prioridad en este momento es trazar un plan concreto de reforma y, lo que es crucial, luego aplicarlo.

No importa que el gato sea blanco o negro, como dijo Deng Xiaoping en su famosa declaración, siempre y cuando cace ratones. Existen grandes expectativas de que esta forma de pragmatismo orientado al largo plazo prime en la Tercera Sesión Plenaria y permita orientar el curso de la economía china durante la próxima década y más allá.