(foto: Bruno Deméocq/IMF Photos)

Por Kristalina Georgieva

(English)

Una capacidad de vacunación sólida y fiable en África constituye un bien público mundial, merecedor de respaldo mundial.

El comienzo de un año a menudo es un momento de reflexión y evaluación. La pandemia se ha prolongado hasta un tercer año, y es difícil deshacerse de la aprehensión en torno a la crisis sanitaria y las incertidumbres económicas que suscita.

Entonces, para cualquiera que desee recuperar el optimismo, tengo una recomendación simple:

Pensemos en África

A comienzos de diciembre, viajé a la región —por primera vez desde el brote de COVID‑19— y tuve oportunidad de visitar Senegal y la República Democrática del Congo. Vi con mis propios ojos la creatividad, energía y espíritu de empresa que está volcando la región para superar esta crisis.

La visita al Instituto Pasteur de Dakar, en particular, fue una de esas inspiraciones. El Instituto ya era un líder mundial en la lucha contra las enfermedades infecciosas, habiendo atraído y formado a especialistas internacionales y regionales. Ahora, su personal está a la vanguardia de la campaña contra el reto inmediato de la COVID‑19 para África. Está fortaleciendo la capacidad de la región para luchar contra pandemias futuras y atender las necesidades de inmunización más rutinaria del continente.

Es crítico que la región cuente con las herramientas y los fondos necesarios para afianzar su capacidad de producción y fabricación de vacunas. Esa necesidad es particularmente aguda teniendo en cuenta que la tasa de vacunación global contra la COVID aún está por debajo de 10% en el continente. En el momento en que África se enfrenta a una cuarta ola de infecciones, la aparición de la variante ómicron es otro recordatorio de que la capacidad de la región para equiparse frente a la pandemia y atender las necesidades sanitarias futuras acarrea implicaciones mundiales.

Satisfacer las necesidades de hoy

A pesar de los impresionantes esfuerzos del Instituto Pasteur, África por ahora sigue dependiendo de las donaciones y la importación de vacunas contra la COVID‑19. La prioridad más inmediata debe ser garantizar la previsibilidad de la entrega de vacunas, por ejemplo mediante la iniciativa COVAX y el Fideicomiso Africano para la Adquisición de Vacunas (AVAT, por sus siglas en inglés). También se necesitará financiamiento para que los sistemas sanitarios africanos puedan vacunar a la población sin demora en cuanto lleguen nuevos suministros, entre otras cosas mediante campañas informativas que reiteren la importancia de la inmunización y reduzcan la información distorsionada y la resistencia a las vacunas. Más allá de la vacunación, la región necesita acceso a pruebas de detección, tratamientos y equipos de protección.

El año pasado, el FMI propuso un plan para poner fin a la pandemia mediante la vacunación de 40% de la población de todos los países para fines de 2021 y de 70%** para mediados de 2022. El avance ha sido impresionante, pero el mundo tiene que redoblar los esfuerzos. La distribución de vacunas y otras herramientas continúa a dos velocidades alarmantemente diferentes. En África, por ejemplo, son apenas siete los países que alcanzaron la meta de 40% en 2021 y, para muchos, la meta de 70% parece cada vez más ambiciosa.

Todo esto requerirá mayor cooperación y respaldo de la comunidad internacional. Un primer paso sería, por ejemplo, eliminar el déficit de financiamiento de USD 23.000 millones del Acelerador del acceso a las herramientas contra la COVID‑19 (ACT, por sus siglas en inglés), ya que una parte sustancial de esa iniciativa está dirigida hacia África. Y el progreso hacia una inmunización equitativa no es solamente cuestión de abordar el suministro de vacunas; los países también necesitan más apoyo para reforzar el “último tramo”.

Hay que dejar en claro que esta no es una cuestión de hacer beneficencia ¡Se trata de un bien público mundial! Y como todos sabemos ya, nadie está a salvo hasta que no estemos todos a salvo.

Fortalecer la resiliencia para el futuro

Pero no debemos atender las necesidades urgentes a expensas de las necesidades futuras. Fortalecer la resiliencia para el futuro también es una prioridad, incluida la capacidad de la región para bastarse por sí misma, contra la COVID‑19 o cualquier otra enfermedad que pueda surgir. Sin un suministro predecible y fiable de vacunas, por ejemplo, las autoridades sanitarias a menudo se ven obligadas a aceptar dosis con poco preaviso, a menudo con un vencimiento limitado, lo cual complica enormemente la organización de las entregas dentro de sistemas sanitarios al borde de la capacidad. En otras palabras, la verdadera resiliencia de África no puede depender de la repetida generosidad de la comunidad internacional. Requiere una expansión de la capacidad de fabricación local y un fortalecimiento de las cadenas de suministro regionales.

Es necesario —y posible lograr— que África vacune a África.

La fabricación de vacunas es una actividad compleja que requiere equipos especializados, suministros, centros de almacenamiento y mano de obra especializada. Y cualquiera que diga que eso no es posible en África está mal informado.

La labor del Instituto Pasteur en Dakar permite entrever las ambiciones de la región en la campaña mundial contra la enfermedad. Con asistencia financiera de Estados Unidos, la Unión Europea y fundaciones internacionales, junto con el uso acertado de parte de la reciente asignación de DEG a Senegal, se está construyendo una nueva planta de fabricación. Una vez que esté terminada, será una de las primeras fábricas autosuficientes del continente, y posiblemente un componente crítico del suministro de vacunas contra la COVID‑19 y otras enfermedades en África.

Y el Instituto dista de ser el único centro de excelencia de la región: forma parte de una impresionante comunidad sanitaria y científica en el continente que está haciendo valiosísimos aportes a la salud mundial, incluidos el reciente descubrimiento y la secuenciación de la variante ómicron. Hoy por hoy, hay 12 centros de producción, ya sea planificados o en funcionamiento, en seis países africanos —Argelia, Egipto, Marruecos, Rwanda, Senegal y Sudáfrica— que seguramente producirán una amplia variedad de vacunas contra la COVID‑19.

Bien público mundial

Con un nuevo año en ciernes, está cada vez más claro que una capacidad sólida y fiable de inmunización en África constituye un bien público mundial que merece respaldo mundial. En la crisis actual o en pandemias futuras, a todos nos beneficia el éxito de África.

No me cabe duda de que África podrá lograrlo. Pero la comunidad internacional puede y debe ayudar, promoviendo la colaboración científica internacional y la transferencia de tecnologías para diversificar mejor la producción de vacunas y otras herramientas médicas vitales.

Louis Pasteur dijo: “La ciencia no conoce país, porque el conocimiento pertenece a la humanidad, y es la antorcha que ilumina el mundo”. La sabiduría de la visión de Pasteur es más notable que nunca. Ahora debemos colaborar, sin excepción, para compartir rápida y equitativamente los frutos de nuestro conocimiento, en beneficio de toda la humanidad.

**Inicialmente, 60% para mediados de 2022, pero incrementada a 70% ante la mayor virulencia de las variantes nuevas.