(foto: RealPeopleGroup/iStock de Getty Images)

Por Antoinette Sayeh, Jiro Honda, Carolina Renteria y Vincent Tang

(English)

El Día Internacional de la Mujer —8 de marzo— marca un año desde el comienzo de los confinamientos generalizados en respuesta a la COVID-19. Como se advirtió en un blog del FMI en julio, lo peor de la pandemia en términos socioeconómicos ha recaído en la mujer.

En este momento en que muchos gobiernos están preparando presupuestos para el próximo ejercicio, tenemos una oportunidad excepcional para contrarrestar esa desigualdad. Ofrecemos ideas básicas para la presupuestación con perspectiva de género que ayudarían a los países a centrar los recursos en la mujer y garantizar que los presupuestos futuros funcionarán mejor para ellas que los del pasado. 

 La acción gubernamental da resultado

Son abundantes los ejemplos del impacto desproporcionado de las políticas de confinamiento en las mujeres y las niñas: un millón de mujeres en Japón abandonaron el mercado laboral cuando estalló la pandemia, en tanto que la participación del hombre en la fuerza laboral cambió mucho menos. En Chile, 76% de las mujeres declararon dedicar más tiempo a las tareas domésticas desde que comenzó la COVID-19. México experimentó un 53% de aumento de las llamadas de emergencia relacionadas con la violencia contra la mujer. El Fondo Malala estima que 20 millones de niñas en países en desarrollo podrían no regresar nunca al aula después de los cierres de escuelas motivados por la pandemia.

Pero por más mala que sea la situación, podría haber sido incluso peor sin la intervención de los gobiernos. El Rastreador Global de Respuestas de Género a la COVID-19 de las Naciones Unidas muestra que los países adoptaron casi 1.000 medidas de política destinadas a superar los retos  en materia de género; entre ellas, licencia para la mujer con goce de sueldo, protección de puestos de trabajo, más flexibilidad laboral y respaldo del ingreso o en especies para hogares vulnerables.

Los estudios del FMI concluyen que estas medidas dan resultado.  Promueven el empleo femenino, lo cual, a su vez, mejora el bienestar económico  de todos. Esas políticas deberían servir de cimiento.  De lo contrario, nos exponemos a secuelas a largo plazo que consolidarán la desventaja de la mujer y empañarán las perspectivas de recuperación.

Una guía para la presupuestación con perspectiva de género

Pero adoptar esas políticas no es suficiente. Su impacto puede amplificarse como parte de una estrategia con perspectiva de género coherente, debidamente diseñada, alineada con el proceso presupuestario, y supervisada y evaluada para mejorar su implementación. Esa es la esencia de la presupuestación con perspectiva de género.

Es una poderosa herramienta de los presupuestos nacionales para corregir la desigualdad de género. Integra las consideraciones en materia de género en las políticas y procesos de la gestión financiera pública.

Si bien reforzar la presupuestación con perspectiva de género es una inversión continua y a largo plazo, proponemos ideas básicas prácticas —independiente de la experiencia de cada país— para arrancar el proceso.

Ideas básicas

Primero, recoger observaciones para evaluar el impacto de la pandemia y el confinamiento en las mujeres y las niñas. Una respuesta que no tiene en cuenta la magnitud o la ubicación del problema es como arrojar un dardo en la oscuridad. ¿En qué situación se encuentran los sectores del país donde predomina la presencia de la mujer? ¿Depende más la mujer de servicios públicos que sufrieron recortes?

Presentar los hechos en un solo documento —por ejemplo, una evaluación de las necesidades en materia de género— puede concentrar la atención. ONU Mujeres muestra cómo hacerlo con rapidez. En apenas un mes, al comienzo de la pandemia, realizó esa evaluación en Ucrania basándose en encuestas telefónicas y por Internet.

 Una concepción mejor

Las observaciones pueden servir para focalizar las políticas de respuesta. Sin embargo, las mejores intenciones del mundo no pueden corregir una política mal concebida. Las evaluaciones del impacto en materia de género pueden reforzar esa concepción al evaluar la proporción de mujeres beneficiarias y los posibles obstáculos al acceso. En Austria y Canadá, ahora forman parte de todas las propuestas presupuestarias.

Estas evaluaciones también pueden poner de relieve los sesgos involuntarios de género. Por ejemplo, un plan de subsidios salariales que excluya a los trabajadores del sector informal —que a menudo son mayormente mujeres— o una política tributaria pueden desalentar la participación de la mujer en la fuerza laboral. 

Asignación de recursos

Tercero, es crucial asignar suficientes recursos a las políticas con perspectiva de género para pasar de las metas a la acción. El FMI ha respaldado una mayor asignación a favor de la mujer. Por ejemplo, el programa para Egipto incluye medidas para respaldar una mayor asignación presupuestaria a transferencias de efectivo focalizadas (muchas en la mujer) y mejorar los servicios públicos de atención infantil.

A medida que los gobiernos preparen los presupuestos para el próximo ejercicio, anclar los objetivos de las políticas con perspectivas de género a través de circulares presupuestarias y anuncios presupuestarios asegurará que haya suficientes recursos canalizados hacia estos objetivos. Como beneficio añadido, afianzan también la confianza y la transparencia entre el público. La circular presupuestaria para 2021 de Filipinas incorpora ámbitos prioritarios como la salud, la nutrición y la protección social a favor de la mujer.

Rastrear y evaluar

Por último, rastrear el gasto y evaluar el impacto. El rastreo de fondos dedicados a las cuestiones de género en el presupuesto, las evaluaciones sumarias de políticas y las auditorías de desempeño en materia de género pueden ayudar a corregir el rumbo según sea necesario y asegurar que las políticas dan resultado. Por ejemplo, las auditorías en tiempo real que realizó Sierra Leona respondieron con eficacia a la epidemia de ébola y pusieron de relieve problemas de distribución de medicamentos y duplicación de pagos.

El FMI sigue firmemente comprometido con la igualdad de género y ha trabajado con 113 países miembros en la implementación de prácticas y asignaciones presupuestarias, así como políticas tributarias, para cristalizarla. Desde el comienzo de la pandemia, más de 55 países invirtieron en capacitación sobre la presupuestación con perspectiva de género organizada por el FMI.

Casi todos los países tienen objetivos de igualdad de género, pero una encuesta del FMI revela que solo la mitad tiene los marcos jurídicos para hacerlos realidad.  Apenas una cuarta parte ha establecido prácticas como anuncios presupuestarios y evaluaciones del impacto en materia de género.

Algunos países ya han preparado una presupuestación con perspectiva de género, y otros recién comienzan, pero todos tienen margen para mejorar. La recuperación tras la pandemia es una oportunidad para acelerar el progreso y cosechar los dividendos.