(foto: ABA/Newscom)

Por John Bluedorn y Wenjie Chen

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La pandemia de COVID-19 dicta el ritmo del mundo, y el “ Gran confinamiento ” ha llevado a muchos países a recesiones peores que las registradas durante la crisis financiera mundial de 2008–09. En respuesta, los gobiernos y los bancos centrales de todo el mundo ejecutaron importantes medidas discrecionales (específicas y por única vez) para contrarrestar las consecuencias económicas del avance del coronavirus. Los estabilizadores automáticos existentes (como los impuestos basados en la renta, las prestaciones por desempleo y los subsidios a los hogares), que difieren entre países, en general se utilizaron libremente y lograron ofrecer un poco más de amortiguación.

Sin embargo, con las tasas de interés en niveles bajos sin precedentes y la deuda pública de muchos países en niveles históricamente altos, ¿cuál es la mejor forma para las economías avanzadas de prepararse para nuevas situaciones de contracción y contrarrestarlas? El análisis que se presenta en la edición reciente del informe Perspectivas de la economía mundial (informe WEO, por sus siglas en inglés), que terminó de elaborarse antes de la pandemia, explora cómo las economías avanzadas podrían desarrollar mayor resiliencia a shocks negativos en situaciones de esa naturaleza. Se concluye que un estímulo fiscal basado en reglas —que se active automáticamente ante un deterioro de los indicadores macroeconómicos— puede ser muy eficaz para contrarrestar una fase de contracción en tales condiciones.

Un papel más importante para la política fiscal

Como las tasas de interés se ubican en cero o casi cero en las economías avanzadas, no hay mucho margen para nuevos recortes de tasas convencionales. Aun así, los bancos centrales podrían hacer un uso más intensivo de herramientas de política monetaria no convencionales —como las compras de activos a gran escala— para brindar asistencia adicional, como lo han hecho recientemente en respuesta a la pandemia. Sin embargo, recurrir exclusivamente a la política monetaria para responder a los shocks podría no ser suficiente y, además, plantea dudas acerca de los efectos secundarios sobre la estabilidad financiera a futuro y acarrea amenazas para la independencia del banco central.

Sin dejar de prestar atención a las inquietudes relacionadas con la sostenibilidad de la deuda a largo plazo, es necesario que la política fiscal cumpla un papel más relevante. En las economías avanzadas, establecer mecanismos más automáticos de respuesta fiscal podría contribuir a desarrollar una mayor resiliencia a shocks adversos futuros. Si las reglas del estímulo fiscal se comunican adecuadamente y se definen antes de que se produzcan los shocks, pueden ayudar a dar forma a las expectativas y reducir la incertidumbre, lo que permite atenuar la caída de la actividad en caso de que se materialice un shock negativo.

Un argumento a favor de más estímulos fiscales automáticos

Nuestro estudio muestra que las medidas de estímulo fiscal basadas en reglas —como las transferencias monetarias de carácter temporal dirigidas a hogares de bajo ingreso con restricciones de liquidez que se activen cuando la tasa de desempleo supera un nivel determinado— podrían ser muy eficaces para contrarrestar una contracción de la economía provocada por una reducción de la demanda típica. Aunque estas medidas de estímulo serían automáticas, son muy distintas de los estabilizadores automáticos tradicionales, que responden a las circunstancias de una persona (por ejemplo, un despido, en el caso de los seguros de desempleo, o una disminución de los ingresos, en el caso de los impuestos progresivos sobre la renta). El estímulo fiscal basado en reglas es especialmente eficaz si las tasas de interés están en su límite inferior efectivo (es decir, si ya no pueden recortarse) y la política fiscal discrecional actúa con un prolongado rezado. Además, el estímulo fiscal aplicado tras shocks de demanda tiende a ser especialmente útil si la economía tiene recursos ociosos y si la política monetaria es acomodaticia.

Cuando la demanda se reduce repentinamente, la caída del producto y el aumento de los coeficientes de endeudamiento son menores si se aplica un estímulo fiscal basado en reglas para apuntalar la economía. De hecho, los resultados de nuestros análisis sugieren que, cuando se adoptan medidas de estímulo fiscal basadas en reglas, es posible contrarrestar la desaceleración económica casi con la misma eficacia que cuando la política monetaria puede operar a plena capacidad.

El shock económico actual causado por la pandemia es inusual dado que ha afectado tanto la oferta como la demanda. Si bien la voluntad de acción política se alineó rápidamente en respuesta al shock, la velocidad y la profundidad inéditas complicaron el diseño y la entrega oportuna de una asistencia fiscal discrecional. Si los trabajadores y las empresas no pueden llevar adelante sus operaciones mientras la epidemia está activa, el estímulo fiscal tiene una eficacia reducida a la hora de incrementar el producto (el multiplicador). De todos modos, aun en este contexto, un estímulo fiscal basado en reglas aplicado con antelación podría haber sido útil, en especial si adoptaba la forma de transferencias focalizadas. Estas medidas podrían funcionar como un seguro de ingresos adicional y fortalecer las medidas de protección social para la población más vulnerable.

Los resultados de nuestros estudios sugieren que los encargados de formular las políticas deben considerar la posibilidad de mejorar la respuesta automática de la política fiscal ante shocks negativos, lo que contribuiría a una mayor resiliencia de la economía. En paralelo, incluso si ya no hay margen para recortar las tasas de interés, la política monetaria puede apoyar el estímulo fiscal en una recesión manteniendo una orientación acomodaticia, entre otras formas al distender las condiciones del mercado financiero.

El diseño y la adopción de nuevas herramientas fiscales —como las medidas de estímulo fiscal basadas en reglas— y la mejora de los estabilizadores automáticos existentes llevarán tiempo y exigirán un acuerdo político. Pero una vez que estén en marcha las políticas que habilitan automáticamente el estímulo fiscal, los riesgos de que los obstáculos políticos demoren las respuestas en caso de deterioro de las condiciones económicas son menores. Además, cuando la política monetaria enfrenta restricciones, contar con medidas de estímulo fiscal basadas en reglas puede reducir de forma notable la probabilidad de recesiones centradas en la demanda.

Esto no significa que la política fiscal discrecional pase a ser redundante. De hecho, las medidas fiscales discrecionales, adaptadas según corresponda a las circunstancias específicas y a la naturaleza del shock negativo—como el shock provocado por la pandemia—, son esenciales para proporcionar un apoyo anticíclico potente. Sin embargo, deben adoptarse y desplegarse de forma oportuna.

Una respuesta más ágil ante futuras recesiones

Dadas las demoras históricas en la implementación del estímulo fiscal discrecional y los efectos útiles en términos de definición de expectativas que tiene la adopción anticipada de reglas de acción, constituyen un buen argumento a favor de una respuesta fiscal más automática ente situaciones de contracción económica. Nuestro análisis muestra que la adopción de medidas de estímulo fiscal basadas en reglas puede ser muy eficaz y más oportuna, en especial si las tasas de interés del banco central se sitúan en su límite inferior efectivo o cerca de ese límite y si la política monetaria enfrenta restricciones.

Basado en el capítulo 2 del informe Perspectivas de la economía mundial , “Contrarrestar recesiones futuras en las economías avanzadas: Políticas cíclicas en una era de tasas de interés bajas y alto endeudamiento”, por Michal Andrle, Philip Barrett, John Bluedorn (codirector del equipo), Francesca Caselli y Wenjie Chen (codirectora del equipo).