(foto: Orlando Barría/EFE/Newscom)

Por Krishna Srinivasan, Sònia Muñoz y Varapat Chensavasdijai

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La pandemia de COVID-19 continúa propagándose por el mundo con su estela de graves costos humanos y económicos, y el Caribe no ha quedado a salvo. Con más de 1.000 casos confirmados, muchos países han adoptado estrictas medidas de contención, como cierres de fronteras y confinamientos, para «aplanar la curva».

Pero la «frenada brusca» del turismo está desacelerando marcadamente la actividad económica en el Caribe, y se proyecta que el crecimiento de la región se contraiga 6,2 por ciento en 2020, lo cual constituiría la recesión más profunda en más de medio siglo.

Y también hay la posibilidad de repercusiones en el sistema financiero. Por ejemplo, la pérdida de producto de las empresas y los elevados costos fiscales que implica hacer frente a los brotes locales —dadas las deficiencias de los sistemas sanitarios de la región— pueden agravar el impacto financiero de la pandemia.

Por otro lado, la temporada de huracanes que se avecina supone riesgos adicionales para estas economías cuyos presupuestos ya están restringidos. Para apuntalar la economía durante la crisis y contribuir a una recuperación más rápida, los países tendrán que destinar recursos a grupos vulnerables afectados por la pandemia.

Colapso del turismo

Las economías caribeñas están siendo azotadas por el colapso del sector turístico, que representa entre un 50 por ciento y un 90 por ciento del PIB y el empleo en algunos países.

Los sectores mundiales de cruceros y transporte aéreo se han estancado: las principales empresas de cruceros han cancelado sus travesías hasta junio, y la mayoría de las aerolíneas han reducido o suspendido sus vuelos a la región del Caribe.

Los principales mercados de América del Norte y Europa de donde proviene el turismo están estancados por la pandemia. Esto, sumado a los estrictos controles fronterizos y las restricciones de viajes, ha dado lugar a cancelaciones masivas de reservas hoteleras y cierres temporales de complejos turísticos, que han dejado sin trabajo a numerosas personas en el sector de servicios.

La experiencia de crisis anteriores hace pensar que las recuperación podría demorarse. También existe el riesgo de que el «factor miedo» relacionado con el virus tenga repercusiones duraderas en el turismo de la región, incluso una vez que ceda la pandemia.

Secuelas económicas más allá del turismo

La fuerte caída de los precios de las materia primas está afectando a exportadores de esos productos, como Guyana, Suriname y Trinidad y Tobago debido a la merma en las recaudaciones fiscales y por exportaciones. Además, es posible que las empresas energéticas recorten sus planes de producción ante la prevista reducción de la demanda causada por una contracción de la actividad manufacturera mundial. En el caso de los países importadores de petróleo, los precios más bajos del crudo amortiguarán en shock.

Las remesas representan en promedio alrededor de 7 por ciento del producto de la región del Caribe, y constituyen más del 15 por ciento del PIB de Haití y Jamaica. Como Estados Unidos, el Reino Unido y Canadá están inmersos en una profunda recesión, se prevé que los flujos de remesas a la región desciendan bruscamente.

Dado que la región depende mucho de los bienes importados, las perturbaciones en las cadenas de suministros podrían afectar los proyectos de capital al entorpecer las llegadas de materiales y mano de obra, y también podrían representar un peligro para los alimentos y la seguridad alimentaria al retardar la entrega de productos alimenticios y equipos y materiales médicos.

La demanda externa de los programas de ciudadanía por inversión, que han sido una importante fuente ingresos para varios países de la Unión Monetaria del Caribe Oriental (ECCU), puede disminuir notablemente si los inversionistas pierden confianza en la calidad de los sistemas sanitarios de estos países. Esto ejercería aún más presión sobre las cuentas fiscales.

Respuesta de política económica

Los países caribeños han sido previsores a la hora de aplicar medidas de contención y mitigación y de adoptar planes de contingencia y preparación, que van desde la ampliación de la capacidad de los hospitales y las instalaciones para cuarentenas hasta la adquisición de suministros sanitarios y la capacitación del personal médico. Para garantizar la contención eficaz del virus, será crucial seguir realizando pruebas de detección y rastreo de contactos a escala masiva, y dotar de recursos adecuados a los hospitales y los centros sanitarios.

Sin embargo, la mayoría de los países del Caribe tienen un margen limitado de gasto en sus presupuestos para amortiguar el impacto de económico de la pandemia. Además, son pocos los países que disponen de regímenes cambiarios flexibles que les ayudarían estimular sus exportaciones y su producto. Por lo tanto, canalizar los recursos, dentro del margen disponible para la aplicación de políticas, hacia las personas y empresas más afectadas por la pandemia será crucial para proteger los medios de vida e impulsar la recuperación.

La mayoría de los países ya han anunciado programas fiscales que abarcan medidas de gasto adicional en salud; transferencias temporales de efectivo los trabajadores desplazados; apoyo crediticio a pequeñas y medianas empresas y sectores afectados, como turismo, transporte y agricultura; ampliación de los programa de la red de protección social para grupos vulnerables (por ejemplo, apoyo alimentario y de los ingresos); reducción o aplazamiento de algunos impuestos y facturas de electricidad; y exoneraciones impositivas y arancelarias para las importaciones de productos alimentarios y de higiene esenciales.

En lo posible, los bancos centrales y los reguladores deben desempeñar un papel complementario para apoyar la actividad económica. Los bancos centrales en la ECCU, Aruba, Barbados, Belice, Haití, Jamaica, y Trinidad y Tobago han reducido las tasas de política monetaria y/o los encajes legales, o han proporcionado liquidez a través de otros servicios. Los bancos y otras instituciones de préstamo han ofrecido prórrogas de pagos a corto plazo y reducciones de las tasas de interés de hipotecas y préstamos, y han suspendido el cobro de comisiones y cargos por atrasos a clientes que cumplen cierto requisitos.

Pero probablemente serán necesarias más medidas de distensión fiscal, monetaria y crediticia, dependiendo de la eficacia de las medidas de contención y de la forma en que se recupere la demanda del turismo.

A fin de salvaguardar la estabilidad financiera, los supervisores deben intensificar la vigilancia e incrementar la frecuencia con que las instituciones financieras presentan informes. Una consideración importante para los países caribeños consistirá en detectar los riesgos del sector financiero, incluidas las exposiciones a actividades relacionadas con el turismo, y realizar pruebas de tensión.

Reforzar el apoyo del FMI

El FMI está trabajando activamente con los países caribeños para ofrecerles asesoramiento en materia de políticas y asistencia, en especial a los que tienen urgentes necesidades de financiamiento para hacer frente a la pandemia.

Tal como señaló recientemente la Directora Gerente del FMI, la institución está preparada para movilizar recursos financieros rápidamente. Por ejemplo, ya se han aprobado solicitudes en el marco del Servicio de Crédito Rápido para Haití, Dominica, Granada y Santa Lucía, y en las próximas semanas el Directorio Ejecutivo del FMI considerará pedidos de asistencia de emergencia para otros tres países caribeños, entre ellos Jamaica. Barbados también ha solicitado un incremento de su actual acuerdo en el marco del Servicio Ampliado del FMI.

La duplicación de la capacidad de financiamiento de emergencia del FMI significa hasta USD 2.500 millones podrían ser puestos inmediatamente a disposición de la región del Caribe.

Además, otras reformas recientes permiten proporcionar alivio inmediato de la deuda a países de bajo ingreso golpeados por la crisis, como Haití, lo cual genera espacio para el gasto en necesidades urgentes de salud.

También estamos colaborando estrechamente con el Banco Mundial, el Banco de Desarrollo del Caribe y otros socios regionales para estudiar soluciones y estrategias innovadoras para ayudar a los países del Caribe a afrontar los desafíos y preparar la camino para la recuperación económica.

Como siempre, el FMI respaldará a los países del Caribe brindándoles asesoramiento sobre políticas y apoyo financiero, y juntos capearemos esta crisis y saldremos fortalecidos.