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Por Kristalina Georgieva

(English)

Todos somos conscientes de que la situación que crea la propagación del coronavirus es muy grave y bien podría empeorar. Esto nos afecta a todos. Primero quisiera explicar lo que sabemos y lo que aún no sabemos acerca del coronavirus, y cómo la comunidad internacional puede ayudar a los afectados por esta crisis de una manera eficaz y coordinada.

Lo que sabemos

Sabemos que esta enfermedad se está propagando con rapidez. Teniendo en cuenta que más de un tercio de nuestros países miembros están afectados directamente, esta ha dejado de ser una cuestión regional: se trata de un problema mundial que necesita una respuesta mundial.

Sabemos también que en algún momento la enfermedad dará marcha atrás, pero no sabemos cuándo esto sucederá.

Sabemos que se trata de un shock un tanto inusitado porque afecta a elementos significativos tanto de la oferta como de la demanda.

  • La oferta se verá trastornada por la morbilidad y la mortalidad, y también por la campaña de contención que obstaculiza la movilidad y encarece la actividad comercial debido a las limitaciones de las cadenas de suministro y la restricción del crédito.

  • La demanda también disminuirá debido a la agudización de la incertidumbre, la mayor precaución en el comportamiento, las iniciativas de contención y el aumento de los costos financieros, que reduce la capacidad de gasto.

  • Estos efectos no respetarán fronteras.

La experiencia sugiere que alrededor de un tercio de las pérdidas económicas causadas por la enfermedad serán costos directos, impuestos por la pérdida de vidas, el cierre de lugares de trabajo y las cuarentenas. Los otros dos tercios serán indirectos, atribuibles a la pérdida de confianza de los consumidores, el comportamiento de las empresas y el deterioro de las condiciones financieras.

Lo alentador es que los sistemas financieros son más resilientes que antes de la crisis financiera mundial. Sin embargo, el reto principal en este momento es manejar la incertidumbre.

En todos los escenarios, el crecimiento mundial de 2020 será más bajo que el del año pasado. En qué medida y durante cuánto tiempo es algo difícil de predecir y dependería de la epidemia, pero también de lo oportuno y eficaz de nuestra actuación.

Esto es particularmente difícil para los países con sistemas de salud y capacidad de respuesta más débiles, y requiere un mecanismo de coordinación internacional que acelere la recuperación de la demanda y de la oferta.

Cómo responder a nivel de los países

La prioridad número uno en términos de la respuesta fiscal es garantizar un gasto de salud de primer orden para proteger la salud de la gente, cuidar a los enfermos y frenar el avance del virus. No puedo hacer suficiente hincapié en la urgencia de intensificar las medidas de salud y en la necesidad de asegurar la producción de suministros médicos para que la oferta esté a la altura de la demanda.

Segundo, posiblemente se necesiten medidas de política macrofinanciera para afrontar los shocks en la oferta y la demanda a los que hice referencia. Lo ideal sería desplegar medidas de resultados garantizados que suavicen y acorten el impacto económico. Deberían ser puntuales y estar focalizadas en los sectores, las empresas y los hogares más afectados.

Un enfriamiento generalizado de la demanda a través de los canales de la confianza y los efectos secundarios —entre otras cosas, el comercio internacional y el turismo, los precios de las materias primas y el endurecimiento de las condiciones financieras— requeriría una política de respuesta adicional para apuntalar la demanda y asegurar una oferta de crédito adecuada.

Tercero, se necesitará también suficiente liquidez para neutralizar los riesgos para la estabilidad financiera.

En síntesis, la situación evoluciona con rapidez y debemos estar preparados para dar una respuesta más contundente y coordinada si las condiciones lo exigen. Por eso, fue una satisfacción constatar en la declaración del G-7 publicada ayer que el Grupo está listo para cooperar en mayor medida con medidas oportunas y eficaces.

Qué puede hacer el FMI

El FMI, por su parte, está listo para ayudar a los países miembros. El FMI ofrece aproximadamente USD 50.000 millones a través de servicios financieros de emergencia con rápido desembolso a países de bajo ingreso y de mercados emergentes que podrían solicitar apoyo. De esa suma, USD 10.000 millones están a disposición de los miembros más pobres, libres de intereses, mediante el Servicio de Crédito Rápido.

Hay muchos países miembros en peligro: los que tienen sistemas de salud débiles o insuficiente margen de maniobra para aplicar políticas, los exportadores de materias primas expuestos a shocks de los términos de intercambio, y otros que son particularmente vulnerables a los efectos secundarios.

Me preocupan especialmente los países miembros de bajo ingreso y los más vulnerables, cuyas necesidades de financiamiento podrían aumentar rápidamente a medida que escale el costo económico y humano del virus.

Nuestro personal técnico está dedicado en este momento a determinar qué países son vulnerables y estimar sus posibles necesidades de financiamiento en caso de que la situación empeore.

El FMI cuenta con recursos para dar apoyo a los miembros:

  • Gracias a la generosidad de nuestros accionistas, tenemos una capacidad de préstamo global de alrededor de USD 1 billón.

  • Podemos ofrecer a los países de bajo ingreso un financiamiento de emergencia con rápido desembolso de hasta USD 10.000 millones (50% de la cuota de los miembros en cuestión), al que pueden acceder aun sin un programa propiamente dicho con el FMI.

  • Otros miembros pueden acceder a financiamiento de emergencia mediante el Instrumento de Financiamiento Rápido. Este servicio puede brindar aproximadamente USD 40.000 millones a los mercados emergentes que podrían solicitarnos apoyo financiero.

  • Existe también un Fondo Fiduciario para Alivio y Contención de Catástrofes —el FFACC— que brinda a los países habilitados donaciones para el alivio de la deuda con el FMI. El FFACC demostró su eficacia durante el brote del ébola en 2014, pero tiene ahora apenas USD 200 millones, frente a una posible necesidad de más de USD 1.000 millones. Aliento a los países miembros a ayudar a reponer integralmente este servicio financiero, de modo que esté listo para la crisis actual.

En pocas palabras, el FMI está totalmente comprometido con el objetivo de brindar respaldo a los países miembros, en particular a los más vulnerables; contamos con las herramientas necesarias para ayudar, y estamos trabajando en estrecha coordinación con nuestros socios institucionales.