(foto: Godong/Newscom)

Por Kristalina Georgieva

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En las últimas dos décadas, África subsahariana ha realizado un progreso económico considerable: los niveles de pobreza extrema han disminuido en un tercio; la esperanza de vida ha aumentado en un quinto; y el ingreso real per cápita ha crecido, en promedio, aproximadamente un 50%. Aun así, África subsahariana se encuentra todavía a mitad de camino de cumplir los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Para lograr estos objetivos, África subsahariana necesitará financiamiento; y una de las formas de acceder a él es a través de la obtención de préstamos. Si se hace de manera adecuada, contraer deuda tiene sentido para los gobiernos. El endeudamiento merece la pena si la deuda se utiliza para financiar proyectos que impulsan la productividad y el nivel de vida, como es la inversión en carreteras, escuelas y hospitales, y si los gobiernos pueden recuperar beneficios suficientes de estas inversiones para reembolsar la deuda contraída.

Sin embargo, el margen de endeudamiento en esta región se ha reducido debido al rápido aumento de los niveles de deuda pública entre 2011 y 2016; desde entonces, estos niveles se han estabilizado en torno al 55% del PIB, en promedio. Los países de la región también dependen en gran medida de préstamos comerciales obtenidos en los mercados financieros nacionales e internacionales; este endeudamiento representa más del 70% del aumento del volumen de la deuda en esta década. Este desplazamiento hacia un financiamiento no concesionario implica un gasto mayor en servicio de la deuda y menor en inversión social y en infraestructura.

Es evidente que los países de África subsahariana no podrán alcanzar los ODS simplemente a través de la “senda del endeudamiento”.

Entonces, ¿qué es lo que se necesita? Este fue el tema de una conferencia organizada el 2 de diciembre por el FMI junto con el Gobierno de Senegal, en colaboración con las Naciones Unidas y el Cercle des économistes. Dakar fue la sede adecuada, en un momento en el que Senegal ha iniciado su Plan Sénégal Émergent, cuyo objetivo es la transformación de su economía, la creación de empleos y el aumento del nivel de vida. También resultó apropiada porque, como les dije a los participantes en la conferencia, las autoridades pueden inspirarse en los Leones de Teranga, la selección nacional de fútbol de Senegal, que impresionaron a todo el mundo en la Copa Africana de Naciones del pasado año.

> Un enfoque equilibrado

El éxito de los Leones de Teranga se basa en un enfoque equilibrado entre el deseo de atacar y la necesidad de defender, entre los esfuerzos individuales y el desempeño como equipo. De forma similar, África intenta encontrar el equilibrio adecuado entre el financiamiento del desarrollo y el respaldo de la sostenibilidad de la deuda, entre invertir en las personas y actualizar la infraestructura, entre los objetivos de desarrollo a largo plazo y las necesidades inmediatas urgentes. En resumen, es necesario un enfoque equilibrado; y, para conseguirlo, todas las partes interesadas tendrán que redoblar sus esfuerzos.

Existen cinco tácticas importantes que entre todos podemos llevar a cabo para encontrar el equilibrio adecuado entre desarrollo y deuda; tres de ellas dirigidas a las autoridades subsaharianas y dos a la comunidad internacional y el sector privado.

La primera táctica consiste en generar mayores ingresos públicos. Este es un ámbito en el que África subsahariana tiene un desfase respecto de otras regiones. Estimamos que la recaudación de ingresos es entre 3 y 5 puntos porcentuales del PIB inferior al potencial de ingresos. Se puede cerrar esta brecha, como demuestra el buen ejemplo de Uganda, donde, con el apoyo técnico del FMI, las reformas han contribuido a aumentar la proporción de ingresos respecto al PIB, desde el 11% en 2012 hasta casi el 15% el pasado año.

La segunda táctica consiste en aumentar la eficiencia del gasto de inversión. La realidad es que solo aproximadamente el 60% del gasto en infraestructura de la región se traduce en capital público. Por cada dólar invertido, solo se obtienen unos 60 céntimos en valor de activos.

La tercera táctica es fortalecer la gestión de la deuda pública. Un objetivo fundamental es mejorar la transparencia de la deuda suministrando datos precisos, completos y oportunos. A su vez, esto puede contribuir a reforzar la confianza de los inversionistas, respaldar los mercados de capital internos y reducir los costos del servicio de la deuda.

El equipo global

Incluso aunque los países apliquen estas tres tácticas, todos debemos hacer más. El aumento de los recursos internos es fundamental, pero no suficiente. Aun con grandes esfuerzos internos, solo se conseguiría abarcar una cuarta parte de las necesidades estimadas para lograr los ODS. Por tanto, el equipo global también debe hacer más.

Y aquí entra en juego la cuarta táctica. Las economías avanzadas pueden hacer más, en especial en lo que se refiere a la ayuda. El objetivo es aumentar la asistencia oficial para el desarrollo hasta el 0,7% del ingreso nacional de los donantes. También, los donantes pueden centrarse más en la infraestructura, mediante la concesión de donaciones y financiamiento concesionario para proyectos que se prevé tendrán altas tasas de rentabilidad.

Y la quinta táctica. También debemos incorporar más actores del sector privado, entre otras cosas, más inversión extranjera directa, para contribuir a cerrar la importante brecha de financiamiento. La responsabilidad de lograr los ODS debe comenzar con los esfuerzos del sector público, pero no termina ahí. Por encima de todo, necesitamos garantizar que tanto los actores privados como los públicos terminen del lado ganador. Un buen ejemplo sería el «financiamiento combinado», que agrupa donaciones, financiamiento concesionario y financiamiento comercial.

¿Cómo podemos fomentar la distribución de riesgos? ¿Cómo podemos ampliar el financiamiento del desarrollo para beneficio de todos? Estas son solo algunas de las cuestiones que África está tratando de resolver. Pero está claro que somos todos los que nos beneficiamos si actuamos conjuntamente para fomentar el bien de África. Como dice un proverbio senegalés: « Lo que una persona puede hacer, dos personas lo pueden hacer incluso mejor ». Este es el espíritu de los Leones de Teranga. Es el mismo espíritu que se encuentra en el corazón de lo que estamos intentando lograr en África subsahariana.