(foto: Brian Snyder/Reuters/Newscom)

Por William Gbohoui, W. Raphael Lam y Victor Lledo  

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La desigualdad socioeconómica entre y dentro de las regiones de un mismo país está en aumento en muchas economías avanzadas y es hoy el eje del debate de políticas ante la percepción de que muchas personas y áreas han quedado excluidas. Los cambios tecnológicos y en el comercio mundial han provocado un desplazamiento geográfico de los empleos y de las industrias, pero los beneficios económicos no están bien distribuidos dentro de cada país.

Podría pensarse que la solución radica en que las personas se muden en busca de mejores empleos y calidad de vida. Pero no es fácil mudarse a ciudades prósperas con más empleo como Washington D.C., San Francisco o Londres, en parte porque el costo de vida allí es más alto o porque quienes pretenden mudarse carecen de las competencias adecuadas para acceder a empleos mejor remunerados.

En nuestro estudio reciente estudiamos la desigualdad regional en 20 economías avanzadas, incluidos Estados Unidos, Canadá, Italia y Alemania. Comprobamos que las disparidades regionales de ingreso son grandes, persistentes y aumentan con el tiempo.

Es aquí donde posiblemente deban replantearse las políticas públicas de impuestos y de gasto para que los países puedan resolver mejor la desigualdad entre regiones. Las políticas pueden ayudar a las personas a mejorar sus competencias para acceder a empleos mejor remunerados y contribuir a la reurbanización de comunidades a fin de crear empleos locales.

Desigualdad regional: Cifras y catalizadores

La disparidad del ingreso entre regiones ha sido grande en muchas economías avanzadas. Podría pensarse que esto obedece principalmente a diferencias regionales de precios: por ejemplo, con USD 100 pueden comprarse más bienes y servicios en Missouri que en New Jersey. Pero la disparidad regional sigue siendo significativa incluso después de tener en cuenta las diferencias regionales de precios. Un dato preocupante es que las regiones con niveles más bajos de ingreso normalmente tienen menos acceso a la salud, niveles de educación más bajos y tasas de desempleo más altas.

Más importante aún, la disparidad del ingreso entre regiones también es persistente y ha aumentado en los últimos quince años, lo que ha contribuido a la desigualdad. Las regiones excluidas —con altas tasas de desempleo— tienen, en promedio, una probabilidad del 70% de mantener esa condición. Esta probabilidad puede ser aún más alta que el promedio en algunos países, tales como Italia y Canadá. En lugar de equipararse, las regiones excluidas en estos países crecieron a una tasa aún más baja, de hasta un punto porcentual del PIB en tres años.

Podría pensarse que basta con mudarse en busca de mejores empleos en áreas de alto ingreso. Sin embargo, a juzgar por los datos microeconómicos de hogares, observamos que el ingreso promedio más alto en las regiones más prósperas muy a menudo se ve contrarrestado por el alto costo de vida. Mudarse resulta más difícil porque en las zonas ricas los costos de la vivienda son más altos y hay menos empleos bien remunerados disponibles para trabajadores menos calificados. A modo de ejemplo, durante los últimos diez años nuestras estimaciones sugieren que los beneficios netos de mudarse a regiones de más alto ingreso han disminuido entre 25% y 30% en España y en Estados Unidos para los hogares de bajo ingreso.

La política fiscal tiene algunas respuestas

Un amplio abanico de opciones puede ayudar a resolver la desigualdad regional. Por ejemplo, los responsables de políticas podrían aumentar la redistribución del ingreso mediante impuestos y pagos de transferencias. Las políticas favorables al crecimiento que procuran mejorar la educación, la salud, la infraestructura y el acceso a la vivienda pueden contribuir a que las personas menos calificadas y de bajos ingresos encuentren empleo en otro lugar.

Nuestro estudio presenta opciones para los responsables de políticas que tratan de decidir si es conveniente usar políticas específicas con base geográfica para resolver la desigualdad regional y, en tal caso, cuándo aplicarlas y a quién dirigirlas. Esas políticas apuntan a determinadas personas y empresas a través de subsidios, donaciones o inversión pública. Como ejemplos pueden citarse losfondos estructurales y de inversión europeos o las zonas empresariales en Estados Unidos.

Las políticas destinadas a áreas geográficas pueden complementar las transferencias sociales existentes, como el seguro de desempleo. Los resultados son mejores si los destinatarios están concentrados en las regiones desfavorecidas de un país, como en México y Estados Unidos, o cuando a los países les resulta difícil seleccionar destinatarios de todo el país, por ejemplo mediante una comprobación de ingresos. En tales casos, las políticas dirigidas a áreas geográficas, como la creación de empleo en regiones excluidas, pueden tener un impacto más fuerte y complementar las medidas existentes.

¿Quién está a cargo?

Cada país debe decidir cuál es el nivel adecuado de gobierno (local, estatal o federal) que debe llevar adelante las estrategias. El nivel de autonomía fiscal depende, en parte, del tipo de sistema de gobierno (federal o unitario) y, en términos más generales, de la naturaleza de los acuerdos fiscales entre gobiernos.

Por ejemplo, en un país con alto grado de descentralización del ingreso y del gasto los gobiernos subnacionales posiblemente tengan más control y capacidad para diseñar e implementar políticas dirigidas a áreas geográficas. Es fundamental que haya coordinación entre los niveles de gobierno debido a las responsabilidades compartidas.

Como principio general, el gobierno central normalmente toma la iniciativa en el diseño de políticas, mientras que los gobiernos subnacionales están más abocados a la aplicación pues conocen mejor las necesidades y preferencias de los mercados locales. En países federales o con un alto nivel de descentralización como Estados Unidos, los gobiernos subnacionales tienen mayor autonomía para determinar las tasas del impuesto sobre la renta y sobre la propiedad y el gasto en educación y salud. Otros aspectos que habría que considerar son el sistema existente de transferencias intergubernamentales y la capacidad técnica de los gobiernos subnacionales.

Al considerar las cifras y las políticas sobre desigualdad del ingreso, las dimensiones subregionales resultan clave. En cualquier país, las políticas dirigidas a regiones específicas pueden complementar las transferencias sociales convencionales para atenuar la desigualdad entre regiones.

Puede leer más sobre el aumento de la desigualdad dentro de cada país en este blog con base en información publicada en la última edición de Perspectivas de la economía mundial.