(foto: weerapatkiatdumrong/iStock by Getty Images)

Por Evan Papageorgiou, Jochen Schmittmann, and Felix Suntheim

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Condiciones de trabajo inseguras. El uso de trabajo infantil o forzoso. El impacto ambiental en zonas protegidas. Cada vez más inversionistas se fijan en cuestiones y factores que van más allá del análisis financiero tradicional a la hora de adoptar decisiones sobre su dinero. El objeto de las finanzas sostenibles es contribuir a que la sociedad atienda mejor las necesidades actuales y velar por que las generaciones futuras también sean capaces de atender las suyas.

El último Informe sobre la estabilidad financiera mundial (informe GFSR, por sus siglas en inglés) del FMI habla sobre el vínculo entre las finanzas sostenibles y la estabilidad financiera y propone políticas para avanzar en el futuro.

Las finanzas sostenibles incorporan principios ecológicos, sociales y de gestión de gobierno (ESG) en las decisiones de las empresas y las estrategias de inversión. La idea abarca muchas cuestiones, desde el cambio climático y la contaminación hasta las prácticas laborales, la privacidad de los consumidores y el comportamiento competitivo de las empresas. Hace treinta años que comenzaron los esfuerzos para incorporar este tipo de consideraciones en las finanzas, pero es solo en los últimos años cuando se han acelerado.

Los principios de las finanzas sostenibles (ESG) y la estabilidad financiera

Las cuestiones ambientales, sociales y de gestión de gobierno pueden tener un impacto considerable en el desempeño de las empresas y en la estabilidad del sistema financiero en términos más generales. Las deficiencias de gestión de gobierno en los bancos y las empresas contribuyeron a la crisis asiática y a la crisis financiera mundial. Los riesgos sociales, en forma de desigualdades, pueden inducir a las autoridades a facilitar en exceso el endeudamiento de consumo de los hogares, lo que podría provocar inestabilidad financiera a mediano plazo. Los desastres ambientales han causado grandes pérdidas a empresas y aseguradoras.

El cambio climático es un aspecto destacado de las finanzas sostenibles. Aquí, son dos los principales canales de riesgos. Los riesgos físicos, que incluyen daños provocados por fenómenos meteorológicos y tendencias climáticas más generales. Los riesgos de transición, que surgen de las variaciones en el precio de los activos abandonados (activos como el carbón y el petróleo que no se utilizarán durante la eliminación progresiva de los combustibles fósiles), y que están relacionados con perturbaciones económicas derivadas de las políticas climáticas, la tecnología y la actitud del mercado durante la transición a una economía con menores emisiones de carbono.

Los riesgos financieros derivados del cambio climático son difíciles de cuantificar, aunque la mayoría de los estudios arrojan estimaciones de costos económicos y financieros cifrados en billones de dólares. Las pérdidas por indemnizaciones de seguros derivadas de desastres naturales relacionados con el clima, como sequías, inundaciones e incendios forestales ya se han cuadruplicado desde la década de 1980. Es posible que los precios de los activos aún no incorporen plenamente los costos del riesgo climático y la transición hacia una economía más limpia. El reconocimiento tardío de estos riesgos podría dar lugar a un momento de tensión en el que los inversionistas, de repente, exigirían que el riesgo sea incorporado en el valor de los activos, lo que podría tener consecuencias perjudiciales para la estabilidad financiera.

Los principios ESG en la inversión de cartera

Hace tiempo que se han incorporado elementos de los principios ESG (en especial, los relacionados con el gobierno corporativo) en las estrategias de inversión de cartera y, en la actualidad, los activos gestionados en fondos con aspectos ESG se sitúan entre USD 3 billones y USD 31 billones, dependiendo de cómo se definan. La aplicación de principios de sostenibilidad comenzó en los mercados de acciones a través del activismo de los inversionistas, como un intento de influenciar las actuaciones societarias, y, con posterioridad, se extendió a los mercados de renta fija, principalmente con los denominados bonos verdes, que financian proyectos ambientales.

La inversión sostenible empezó con un análisis de empresas o sectores enteros considerados como no sostenibles. Sin embargo, la preocupación sobre la gestión de riesgos, el desempeño insuficiente y la falta de resultados concretos ha generado nuevas estrategias. Con la expectativa de que a las empresas que «hacen el bien, les va bien», las nuevas estrategias se centran en características positivas de las sociedades, tales como relaciones sólidas con los accionistas, normas mínimas sobre medio ambiente o seguridad o compromisos de inversión en actividades sostenibles.

El impacto de las finanzas sostenibles

Las empresas no presentan informes sobre sostenibilidad de manera periódica o sistemática, en particular sobre las dimensiones ambiental y social. Por eso a los inversionistas les resulta difícil incorporar principios ESG en sus carteras. Lo que los proveedores externos de calificaciones ESG procuran hacer es ofrecer evaluaciones normalizadas, pero a veces les resulta difícil trazarse un panorama exacto debido a la falta de información.

También existe incertidumbre en cuanto a cómo medir la eficacia con que de actividades ESG permiten alcanzar metas como la reducción de emisiones o la mejora de las normas laborales. El blanqueo ecológico —es decir, las declaraciones falsas sobre cumplimiento de principios ESG por parte de activos y fondos— también es una inquietud que puede dar lugar a riesgos de reputación. Los datos ambiguos sobre el desempeño y el impacto de los fondos ESG complica la tarea de los inversionistas de incorporar estos principios en sus inversiones, en especial en el caso de los fondos de pensiones del sector público. Las empresas también afrontan retos: aunque salen beneficiadas de la integración de factores ESG en sus modelos de negocio, los resultados positivos suelen notarse a largo plazo, mientras que los altos costos de divulgación de información son inmediatos.

Se necesitan unas políticas firmes

Para que las finanzas sostenibles aborden de forma eficaz los principales riesgos, se necesitan políticas urgentes y decisivas en cuatro aspectos esenciales:

  • Normalización de la terminología sobre inversiones ESG, así como aclaraciones sobre las actividades relacionadas con cuestiones E (ecológicas), S (sociales) y G (de gestión de gobierno).

  • Presentación sistemática de información por parte de las empresas para incentivar a los inversionistas a utilizar datos ESG.

  • Cooperación multilateral que incentive la participación de más países y evite la fijación de normas no homologadas.

  • Implementación de políticas que promuevan la inversión en sostenibilidad, y que exijan la divulgación de información sobre el costo de la inacción.

El FMI continuará incorporando consideraciones sobre cuestiones ESG, en particular las relacionadas con el cambio climático, cuando sea fundamental para la macroeconomía, a través de su labor de supervisión multilateral, como es el caso del informe Monitor Fiscal y futuros informes GFSR, así como de sus actividades de supervisión bilateral.