(foto: Nancy Wiechec/Newscom)

Por John Bluedorn, Weicheng Lian, Natalija Novta, y Yannick Timmer

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Las diferencias de desempeño económico entre las regiones de un mismo país pueden ser grandes, y a veces mayores que entre los países.

Por ejemplo, el PIB real promedio por persona en Estados Unidos es alrededor de 90% más alto que en Eslovaquia. Al mismo tiempo, dentro de Estados Unidos, el PIB per cápita en el estado de Nueva York es 100% más alto que en Mississippi.

A muchos les preocupa que estas brechas grandes y persistentes indiquen que ciertas regiones y personas se están quedando rezagadas, lo que socava el crecimiento inclusivo . El deficiente desempeño regional puede fomentar el descontento o erosionar la confianza y la cohesión social .

En el capítulo 2 de la última edición de Perspectivas de la economía mundial se analizan las brechas entre las regiones con mejor y peor desempeño en las economías avanzadas y se observa que en muchos casos esas brechas se han acentuado. También se considera cómo los mercados de trabajo regionales responden a los shocks del comercio y la tecnología, reflejados por los aumentos de la competencia de las importaciones en los mercados externos y la caída de los costos en maquinaria y equipos en las regiones que son más vulnerables a la automatización. Los hallazgos indican que únicamente los shocks tecnológicos tienen efectos perdurables, especialmente en el caso de las regiones que tienen un desempeño más deficiente.

Medición de las diferencias regionales

Una forma de medir la desigualdad regional es calculando la relación 90/10, dividiendo el PIB real per cápita del 10% superior de las regiones (o percentil 90) por el 10% inferior dentro de un país. En el caso de Italia, la relación 90/10 es alrededor de 2, lo que significa que el PIB per cápita de la acomodada provincia de Trento es aproximadamente el doble del correspondiente a Sicilia. En cambio, en Japón, la relación 90/10 es pequeña, igual a 1,35.

Las disparidades regionales dentro de los países avanzados han venido trepando gradualmente desde fines de los años ochenta, revirtiendo parte de la marcada disminución registrada en las tres décadas anteriores. La relación 90/10 dentro de las economías avanzadas, incluido Estados Unidos, se sitúa ahora en torno a 1,7, lo cual indica que la región del percentil 90 es, en promedio, 70% más rica que la región del percentil 10. Dicho esto, los ingresos tienden a diferir mucho más dentro de las regiones que entre ellas.

El aumento de las disparidades significa también que las regiones más pobres de las economías avanzadas ya no están logrando equipararse con las ricas tan rápidamente como en el pasado.

Grandes diferencias

En el capítulo del informe WEO se clasifica una región como rezagada si se cumplen dos condiciones: el PIB real per cápita inicial de la región en 2000 es inferior al de la región promedio del país, y el crecimiento promedio de la región durante el período 2000–16 es inferior al crecimiento promedio del país en el mismo período.

Pero hay más diferencias que tan solo el producto. En promedio, las personas de las regiones rezagadas se encuentran en una peor situación en términos de salud, y registran una mayor mortalidad infantil y una menor esperanza de vida. También tienen una menor proporción de trabajadores con educación terciaria y de personas en edad de máximo rendimiento, entre 25 y 54 años; tasas de desempleo más elevadas, y una menor proporción de personas en la fuerza laboral.

En coincidencia con estos factores demográficos desfavorables, las regiones rezagadas tienden a presentar una menor productividad laboral —producto por trabajador— entre los diversos sectores. Los valores oscilan entre alrededor de 5% menos en los servicios públicos y alrededor de 15% menos en las industrias manufactureras y las finanzas y los servicios profesionales.

Asimismo, las regiones más pobres tienden a especializarse en la agricultura y las industrias manufactureras antes que en servicios de alta productividad tales como la tecnología de la información y las comunicaciones y las finanzas. Es posible que el cambio climático exacerbe las disparidades, ya que el aumento de las temperaturas reduce la productividad laboral en la agricultura y las industrias expuestas al calor, lo cual suele afectar aún más a las regiones rezagadas.

 

Respuestas a los shocks

Para comprender mejor las diferencias regionales, en nuestro estudio se analizan los efectos de los shocks del comercio y la tecnología en el desempleo regional y la migración.

Observamos que los shocks del comercio —aumentos en la competencia de las importaciones en los mercados externos— no tienen, en promedio, efectos significativos en el desempleo regional, tanto a nivel general como para las regiones rezagadas específicamente. Si bien estos shocks tienden a reducir la participación en la fuerza laboral después de un año, el efecto se disipa rápidamente. Los hallazgos pueden sorprender a quienes ven el comercio internacional como algo particularmente perjudicial para el crecimiento regional.

La tecnología, sin embargo, es otra cosa. Observamos que un shock tecnológico negativo —representado por una reducción del costo de maquinarias y equipos— eleva el desempleo en todas las regiones que son más vulnerables a la automatización, pero que las regiones rezagadas resultan particularmente perjudicadas.

Nuestro estudio también muestra que las regiones rezagadas propensas a la automatización experimentan una caída estadísticamente significativa de la cantidad de personas que se van después del shock. Esto indica que a los trabajadores de estas regiones les resulta más difícil irse en busca de un mejor empleo que a aquellos de otras regiones. El ajuste de la mano de obra a los shocks de tecnología en las regiones rezagadas se ve obstaculizado.

Personas y lugares bajo la lupa

Las políticas que reducen las distorsiones y fomentan la existencia de mercados más abiertos y flexibles pueden ayudar a las regiones a minimizar los aumentos del desempleo ante los shocks y a mejorar la reasignación de trabajadores y de capital. Las políticas laborales orientadas a capacitar nuevamente a los desplazados y a acelerar su reincorporación también pueden ser útiles, en particular en las regiones rezagadas. Los mercados de productos que sean más abiertos —es decir, con menores barreras a la entrada y una mayor apertura al comercio— pueden facilitar el movimiento de capital hacia las regiones y las empresas donde su rentabilidad es más alta.

Además, el mejoramiento de la calidad de la educación y la capacitación para facilitar la adaptación al cambiante mundo del trabajo —una recomendación clave formulada en la literatura— aportaría beneficios inconmensurables a las regiones rezagadas donde el desempleo es más alto.

Por último, pueden ser muy útiles las políticas fiscales que apuntan a reducir las brechas entre las regiones —como la orientación del apoyo fiscal hacia las regiones rezagadas y los programas para facilitar la relocalización de los trabajadores— y a crear un margen de maniobra frente a los shocks regionales. Pero el diseño de este tipo de políticas, que toman como base el lugar de implementación, debe realizarse cuidadosamente para facilitar el ajuste en vez de dificultarlo.