Por José Viñals

(Versión en English)

Volvemos a estar en la zona de peligro. Desde la publicación del anterior Informe del FMI sobre la Estabilidad Financiera Mundial (Global Financial Stability Report), los riesgos para la estabilidad financiera han aumentado considerablemente y se han perdido algunas de las mejoras logradas en los últimos tres años.

Varios shocks han sacudido recientemente al sistema financiero mundial: las señales inequívocas de una desaceleración económica mundial de alcance más amplio, nuevas turbulencias en los mercados de la zona del euro y la rebaja de la calificación crediticia de Estados Unidos.

Nos encontramos en medio de una crisis de confianza impulsada por tres factores principales: débil crecimiento, debilidad de los balances y débil determinación política.

  1. La debilidad de las perspectivas de crecimiento y los mayores riesgos a la baja para el crecimiento han impulsado a los inversores a reconsiderar la sostenibilidad de la recuperación económica, que parece cada vez más frágil.
  2. El menor ritmo de la recuperación económica y la adopción de medidas de política incompletas han frenado el progreso en el saneamiento de los balances. Esto ha despertado inquietudes en torno a la solidez financiera de los balances de los gobiernos de las economías avanzadas, de los bancos europeos y de los hogares estadounidenses.

En Europa, los riesgos soberanos se han transmitido al sistema bancario de la región, lo que ha creado problemas de financiación para muchos bancos que operan en la zona del euro y ha reducido su capitalización de mercado.

  • Hemos cuantificado el alcance de estos efectos de contagio para los bancos de la Unión Europea desde el estallido de la crisis de la deuda soberana en 2010. Durante este período, los bancos han tenido que hacer frente a un aumento del riesgo crediticio derivado de los amplios diferenciales a los que están sujetas las entidades soberanas de la zona del euro, riesgo que según nuestras estimaciones asciende a aproximadamente €200.000 millones. Si incluimos las exposiciones a los bancos de países de la zona del euro sujetos a amplios diferenciales, se estima que el impacto total se eleva a €300.000 millones.
  • Este análisis ayuda a explicar los actuales niveles de tensión en los mercados. Pero no es un indicador de las necesidades de capital de los bancos, para lo cual sería necesario realizar una evaluación completa de los balances y las posiciones de ingresos de los bancos.
  • Dadas las mayores presiones en los mercados, los bancos podrían verse obligados a acelerar el desapalancamiento, reducir el crédito a la economía real y, por lo tanto, deprimir aún más la actividad económica. Es evidente que deberíamos evitar que esto suceda.

En Estados Unidos, se han planteado inquietudes —y numerosos debates— en torno a la sostenibilidad a más largo plazo de la deuda pública nacional. Si no se despejan estas inquietudes, podrían reavivarse los riesgos soberanos, con graves consecuencias a escala nacional y mundial. Al mismo tiempo, los hogares estadounidenses aún están reparando sus balances, un proceso que ha afectado al crecimiento económico, los precios de la vivienda y los balances de los bancos del país.

El tercer factor que impulsa la crisis de confianza es la falta de determinación política. Las autoridades de política económica a ambos lados del Atlántico no han logrado aún el amplio respaldo político necesario para poner en práctica las medidas de política requeridas, y los mercados han comenzado a poner en duda su determinación.

Las autoridades también se enfrentan a otro problema importante. El saneamiento incompleto de los balances en las economías avanzadas, junto con un período prolongado de tasas de interés bajas, puede encerrar riesgos para la estabilidad financiera tanto en las economías avanzadas como en los mercados emergentes. Las bajas tasas de política monetaria son necesarias para respaldar la actividad económica en las actuales circunstancias. También nos permitirán ganar tiempo para reparar los balances públicos y privados. Pero si ese tiempo no se utiliza de manera adecuada y la reparación sigue siendo incompleta, las bajas tasas pueden plantear riesgos para la estabilidad financiera a más largo plazo:

  • Alentar la acumulación de un apalancamiento excesivo en determinados sectores.
  • Desviar la creación de crédito hacia el sistema bancario paralelo, que es más opaco.
  • Impulsar los flujos de capitales hacia los mercados emergentes.

¿Qué deberían hacer las autoridades de política económica? Deben cambiar de marcha y desplazar el foco de atención pasando de tratar los síntomas a abordar las causas fundamentales.

Las economías avanzadas deben actuar de manera rápida y decisiva para resolver la actual crisis de confianza. Sus mayores problemas —el aumento de los riesgos soberanos, los bancos débiles y los efectos de contagio entre ellos— solo podrán solucionarse mediante un saneamiento rápido y completo de los balances.

  • Es necesario fortalecer los balances públicos en Estados Unidos, Europa y Japón a través de estrategias creíbles de consolidación fiscal a mediano plazo. Esto es absolutamente esencial.
  • Ante la tensión excesiva a la que se encuentran sometidos los balances de los hogares estadounidenses, un programa más ambicioso de modificaciones hipotecarias que implique la reducción del capital adeudado podría resultar provechoso.
  • Los bancos de la Unión Europea deben hacer frente a los efectos de contagio generados por el aumento de los riesgos soberanos. También deben tener el vigor suficiente para respaldar la recuperación económica a través del crédito. Si bien recientemente se han logrado avances considerables, los bancos deben continuar acumulando reservas de capital adecuadas. Algunos bancos no tendrán que hacer mucho, pero otros, especialmente los que dependen en gran medida de la financiación mayorista y que están expuestos a una deuda pública más riesgosa, posiblemente necesiten más capital. Debería recurrirse en primer lugar a fuentes privadas. En aquellos casos en que esto no sea suficiente, podrían ser necesarias inyecciones de fondos públicos para los bancos viables. Los bancos débiles deberían entrar en proceso de reestructuración o de resolución.

Las economías emergentes deben lograr un equilibrio adecuado entre los distintos riesgos actuales a fin de evitar futuras crisis. Dado el historial de rápida expansión del crédito en muchos mercados emergentes —a menudo en un contexto de fuertes entradas de capitales— las autoridades de política económica deben evitar la acumulación de desequilibrios financieros en aquellos países donde la expansión del crédito siga siendo elevada, aun si los flujos de capitales se han reducido en cierta medida recientemente.

Además de la aplicación de políticas macroeconómicas sólidas, las medidas macroprudenciales y de manejo de los flujos de capitales pueden ayudar a abordar estas preocupaciones. Al mismo tiempo, los mercados emergentes se enfrentan a la posibilidad de un shock mundial que podría provocar un cambio repentino en los flujos de capital y una caída del crecimiento económico. Nuestro análisis muestra que el impacto en los bancos de los mercados emergentes podría ser sustancial y, por lo tanto, es preciso seguir acumulando reservas de capital en el sistema bancario.

El hecho de que no se hayan tomado medidas de política decisivas para corregir definitivamente el legado de la crisis financiera ha conducido a la actual crisis de confianza. Esta situación nos ha empujado nuevamente a la zona de peligro, y representa una amenaza para la economía mundial.

No obstante, aunque la senda hacia una recuperación sostenida es ahora bastante más estrecha, no ha desaparecido. Aún es posible tomar las decisiones adecuadas que nos ayudarán a restablecer la estabilidad financiera mundial y respaldar la recuperación. Pero para lograrlo, debemos actuar ahora, de manera enérgica y de forma coordinada a escala mundial.