(foto: Gremlin/iStock by Getty Images)

Por Yan Carrière-Swallow y Vikram Haksar

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Si echamos un vistazo a la economía mundial, veremos una empresa estadounidense que está trabajando en la próxima generación de vehículos autónomos, un financista chino que le otorga préstamos a un microemprendimiento que nunca tuvo acceso al crédito, e investigadores de una farmacéutica suiza que están creando un tratamiento para un problema de salud crónico.

¿Qué tienen en común todas estas valiosas actividades económicas, pese a ocurrir en diferentes países y diferentes sectores de la economía?

Si hubiéramos hecho esa pregunta respecto de las empresas internacionales hace 30 años, la respuesta probablemente habría sido «poco». Hoy por hoy, la respuesta está clara. Todos dependen del mismo insumo indispensable: los datos. En cantidades industriales.

Muchas de las empresas más grandes del planeta —en el sector de la tecnología y en los demás— siguen modelos de negocios que giran en torno a los datos. El valor de las empresas que emplean intensivamente los datos, como Alibaba, Alphabet y Facebook, se ha disparado. Hay quien se pregunta si los datos han pasado a ocupar el lugar del petróleo.

"Se necesitará colaboración internacional para conjurar el riesgo de fragmentación de la economía digital.

En nuestro estudio, analizamos, desde el punto de vista de la economía, las implicaciones de la proliferación de datos y su significado para las políticas modernas. La cooperación entre reguladores, a nivel nacional e internacional, será vital para abordar algunos de los retos que plantea un mayor caudal de datos.

 

Primero, la economía

Dado que los datos representan información, recopilarlos e intercambiarlos genera y desplaza información entre empresas y consumidores, para mejor y para peor. Los móviles, las redes sociales y las empresas de búsqueda siguen la actividad de los usuarios en el mundo entero para ofrecerles servicios nuevos e individualizados que probablemente les resulten de interés.

El acceso a un mayor volumen de datos está igualando el campo de juego, se trate ya de una pequeña empresa emergente que busca crédito o de un consumidor que se informa antes de comprar un automóvil usado. Pero esto significa también que hay gente que no logra obtener cobertura médica o una hipoteca debido a sus características personales.

Los datos son hoy un insumo crítico de la producción económica moderna, junto con la tierra, el capital, la mano de obra y el petróleo. Alimentan los algoritmos de la inteligencia artificial cuyas predicciones hacen funcionar aplicaciones como los vehículos autónomos, las pruebas de dopaje, el suministro de crédito y la publicidad focalizada.

Pero en muchos sentidos importantes, los datos se diferencian de otros insumos, como el petróleo. Mucha gente puede usar los mismos datos simultáneamente sin agotarlos, lo cual significa que su acumulación tiene más probabilidades de estimular la productividad y el crecimiento a largo plazo. El valor de los datos se puede aprovechar cuando los activan muchas empresas o investigadores, que luego compiten para innovar y generar conocimientos.

Otro sentido en el que los datos se diferencian de otros insumos es cuando dos empresas intercambian datos personales, una transacción que afecta a la privacidad de la persona en cuestión y puede dejarla en una situación de desventaja estratégica. Si esa persona no recibe una compensación o ni siquiera es consciente de que la transacción ocurrió, el mercado de datos puede causar un perjuicio indebido que nos coloca en una situación peor.

Por último, es costoso evitar el robo de datos o su uso indebido. Las empresas, ¿gastarán lo suficiente como para proteger los datos que recopilan? Proteger la reputación es un poderoso incentivo para evitar una violación masiva de datos, pero es poco probable que a nivel individual las empresas tengan en cuenta el impacto de su decisión en la confianza del público en la economía general de los datos.

Hacia políticas de datos modernizadas

La proliferación de datos en la economía presenta una oportunidad fantástica para estimular el crecimiento a través de la eficiencia y la innovación. Pero para hacerlo sin poner en peligro otros objetivos —privacidad, equidad y estabilidad—, los gobiernos deben, en nuestra opinión, modernizar las políticas vigentes y hacer frente a tres dificultades crecientes.

  • Primero, los mercados de datos son excesivamente opacos: aunque la mayoría de la gente participa diariamente en la economía de los datos, no sabe bien del todo cómo se los usa, transfiere y procesa. Eso conduce a una recopilación excesiva de datos y a una falta excesiva de privacidad. Las políticas públicas deben dejar en claro los derechos y las obligaciones en materia de datos para que el mercado pueda funcionar con eficiencia.

  • Segundo, las empresas que acumulan grandes volúmenes de datos tienen un incentivo para acapararlos. Eso puede desalentar la competencia y reducir los beneficios sociales que podrían derivarse de un acceso más amplio a los datos. Los gobiernos pueden desplegar un abanico de políticas para alentar el intercambio de datos y promover así la competencia y la innovación, sin dejar de respetar la privacidad.

  • Tercero, no está claro que las empresas estén haciendo lo suficiente para proteger los datos que almacenan e impedir el hurto y el uso indebido. Eso pone en peligro la confianza del público y crea riesgos para la estabilidad que las medidas de política deberían mitigar a fin de asegurar una inversión adecuada en la ciberseguridad.

Enfrentar estos retos requerirá cooperación, tanto entre los organismos de cada país como a nivel internacional. Las cuestiones como el crecimiento, la competencia y la estabilidad han sido abordadas tradicionalmente por distintos ministerios y reguladores; una política de datos eficaz requerirá un enfoque integrado para dilucidar disyuntivas complejas.

También se necesitará colaboración internacional para conjurar el riesgo de fragmentación de la economía digital, a raíz de la cual el acceso a los datos estaría limitado por las fronteras nacionales. Si los países no tienen confianza en el manejo que los socios internacionales harán de los datos, podrían optar por erigir barreras digitales que impidan el intercambio mundial de datos, socavando la innovación y la eficiencia.

La economía de los datos apunta a un futuro prometedor, a condición de que formulemos hoy políticas acertadas.