(foto: REUTERS/Kai Pfaffenbach /Newscom)

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Por Ashok Vir Bhatia, Srobona Mitra y Anke Weber

La inversión y la obtención de préstamos más allá de sus fronteras nacionales brinda a ahorradores y empresas la oportunidad de diversificar sus carteras y reducir los costos de financiamiento, respectivamente. En Europa, este concepto —un sistema financiero integrado que ofrezca un amplio abanico de opciones de financiamiento— sigue siendo un objetivo difícil de alcanzar, puesto que los mercados de capitales distan de estar integrados.

Nuestro reciente estudio titulado «A Capital Market Union for Europe» concluye que las finanzas europeas continúan muy segmentadas en función de las fronteras nacionales y que ahorradores e inversionistas dependen en gran medida de los sistemas bancarios de su respectivo país. Aunque el panorama está salpicado de muchos tipos de inversionistas e intermediarios, estos suelen centrarse en el ámbito interno, con un generalizado «sesgo nacional».

Desigualdad de condiciones

Ello supone un problema, porque genera desigualdad de condiciones: los costos de financiamiento que paga una empresa están enormemente supeditados al país en el que está constituida; las empresas emergentes, limitadas en las garantías que pueden ofrecer, tienen dificultades para obtener la más mínima financiación, y el consumo no está blindado frente a los shocks económicos locales.

Por ejemplo, las compañías griegas pagan una tasa de interés sobre la deuda un 2,5% superior a la de empresas similares del mismo sector en Francia, mientras que las italianas pagan intereses sobre la deuda un 0,8% superiores a los de empresas comparables de Bélgica. Además, las empresas griegas e italianas no son las únicas obligadas a librar esta ardua batalla contra los costos de financiación, porque no existe igualdad de condiciones.

Por otro lado, las sociedades con poca maquinaria e instalaciones que pueden ofrecer como garantía —como sería el caso de una empresa informática emergente— tienen dificultades para acceder a préstamos bancarios. Estas empresas crecen a un ritmo significativamente mayor en los mercados de capital más desarrollados, donde los fondos de capital de riesgo con carteras diversificadas prosperan y están más dispuestos a asumir el riesgo que supone prestar financiamiento sin garantías a empresas innovadoras.

Por último, la distribución transfronteriza de riesgos privados es muy limitada; el consumo local es cuatro veces más sensible a los shocks locales en los 28 países de la UE que en los 50 estados de Estados Unidos. Por cada reducción de 1 punto porcentual del crecimiento del PIB nacional, el consumo se reduce un promedio de 80 puntos básicos si el país pertenece a la UE, mientras que el descenso es de tan solo 18 puntos básicos en un estado promedio de Estados Unidos.

Barreras a la integración de los mercados de capital

Nuestro estudio incluyó una encuesta realizada a organismos nacionales de regulación de mercados y algunos de los principales inversionistas institucionales de la UE, en la que se identificaron importantes barreras a una mayor integración de los mercados de capital en Europa.

Las respuestas pusieron de manifiesto las deficiencias existentes en cuanto a información sobre empresas cotizadas y no cotizadas en bolsa, prácticas de insolvencia y, en un grado algo menor, regulación de los mercados de capital. También se observó que, en algunos países, la calidad de las auditorías es deficiente, existen procedimientos excesivamente complejos para recuperar los impuestos retenidos de inversiones en el extranjero, y las tasas tributarias son excesivamente elevadas.

Algunas de las ventajas que supondría una reducción de dichas barreras pueden cuantificarse. A partir de datos disponibles al público y a la vista de los resultados de la encuesta, concluimos que la reducción de las barreras identificadas podría tener beneficios macroeconómicos importantes: una disminución de los costos de financiamiento para las empresas, un aumento de los flujos de capital de cartera dentro de la UE y mayor distribución transfronteriza de los riesgos.

Por ejemplo, si Italia mejorase las prácticas para insolvencias con arreglo a las mejores normas existentes, podría reducir el costo de financiación de la deuda de sus empresas en un promedio de alrededor 0,25 puntos porcentuales. Del mismo modo, Estonia y Grecia podrían reducir los costos financieros en unos 0,50 puntos porcentuales.

Las tenencias bilaterales de activos de cartera se duplicarían si los regímenes de insolvencia y la calidad de la regulación de los países de destino mejorasen una desviación estándar de 1, lo cual equivaldría a que Portugal adaptase las prácticas de insolvencia al nivel de las normas del Reino Unido y mejorase la calidad de su regulación hasta situarla en el nivel observado en Bélgica.

Dichas mejoras de la calidad de la regulación y los regímenes de insolvencia repercutirían positivamente en la capacidad de absorción de shocks de los distintos países, reduciendo a la mitad la sensibilidad del consumo local a los shocks locales.

Tres iniciativas específicas

A partir de estas conclusiones —y teniendo en cuenta los logros del plan de acción de la UE para la unión de los mercados de capitales — instamos a las autoridades económicas europeas a plantearse la adopción de tres conjuntos de iniciativas específicas para incrementar la integración de los mercados de capital.

A fin de mejorar la transparencia y la divulgación, proponemos introducir la declaración electrónica centralizada, estandarizada y obligatoria para todos los emisores de bonos y acciones, con independencia de su tamaño y de forma continuada. Ello supondría un cambio importante en el marco europeo de divulgación. Además, puede recurrirse a tecnologías digitales para simplificar los procedimientos transfronterizos de retención fiscal.

A fin de contener el riesgo sistémico y mejorar la protección del inversionista allí donde es deficiente, proponemos una serie de medidas destinadas a agudizar la calidad de la regulación, basadas en el principio de proporcionalidad. En primer lugar, las entidades sistémicas, como las cámaras de compensación centrales y las principales sociedades de inversión, deben estar sujetas a una supervisión centralizada. En segundo lugar, la Autoridad Europea de Valores y Mercados puede y debe ser reforzada mediante la introducción de miembros del directorio independientes. En tercer lugar, el nuevo producto de pensiones paneuropeo podría hacerse más atractivo con un cambio de diseño que potencie su transferibilidad y rentabilidad. En cuarto lugar, con el reconocimiento del carácter internacional de los mercados de capitales, la UE debería perseguir la máxima cooperación reguladora con los países no miembros.

A fin de actualizar los regímenes de insolvencia, la Comisión Europea debería primero recopilar cuidadosamente datos en los ámbitos en los que la información existente no es fiable, elaborar después un código de buenas prácticas en materia de insolvencia corporativa y procedimientos de reembolso de deudas y, por último, realizar un seguimiento sistemático de los avances de los distintos países de la UE en cuanto al cumplimiento de estas normas.

El incremento de los flujos de cartera dentro de la UE contribuiría a acercarla a la consecución de su pleno potencial económico. Las medidas relativamente técnicas que proponemos para eliminar las barreras identificadas deberían poder aplicarse sin necesidad de deliberaciones políticas de alto nivel.