(foto: gerenme/iStock by Getty Images)

Por Finanzas & Dessarrollo 

(English)

En una entrevista publicada por Rolling Stone que causó revuelo, el actor y cineasta Sean Penn le preguntó a Joaquín “El Chapo” Guzmán, considerado el narcotraficante más poderoso del mundo por el gobierno estadounidense, cómo había ingresado en el narcotráfico. El Chapo respondió: “En mi región… no hay oportunidades de empleo”. El fallecido premio Nobel Gary Becker, precursor del estudio económico de la conducta delictiva, y el Chapo coincidirían en este punto: las oportunidades económicas guardan relación con la conducta delictiva.

Este tema también se abordó en investigaciones recientes. Mi estudio con Benjamin Feigenberg (Universidad de Illinois, Chicago) y Kensuke Teshima (Universidad de Hitotsubashi) indica que la pérdida de empleos manufactureros en México, debido a la creciente competencia comercial con China en el mercado estadounidense, ha sido un factor importante en el aumento explosivo de la violencia relacionada con las drogas en los últimos años.

Los conflictos por narcotráfico en los últimos diez años han convertido a México en un epicentro de la violencia mundial, que ha cobrado más de 100.000 vidas (Beittel, 2017). La relación entre una economía débil y la violencia urbana es un tema importante en lo que atañe a las políticas, y el presidente Andrés Manuel López-Obrador, recientemente electo, ha hecho de la creación de empleo uno de los pilares de su plataforma para reducir la violencia por drogas. En líneas generales, gran parte de la violencia en el mundo hoy se concentra en áreas urbanas de economías en desarrollo involucradas en el tráfico de cocaína (Instituto Igarapé, 2017).

Si bien el comercio internacional ha beneficiado mucho a las economías en desarrollo, nuestro estudio destaca que la pérdida de empleos de manufactura por la competencia internacional puede acarrear grandes costos sociales. Para una integración internacional sostenible es preciso desarrollar enfoques innovadores de colaboración para abordar los retos sociales y de distribución asociados a la integración económica.

Pérdida de empleo y delito

Hay pocos estudios sobre la relación entre oportunidades laborales y violencia delictiva en áreas urbanas de economías en desarrollo. Gran parte de los estudios sobre este tema se centran en los países industrializados con instituciones fuertes o en conflictos rurales en economías en desarrollo. Los estudios de estas dos realidades tienden a generar resultados contradictorios: los realizados en países ricos en general no confirman tal relación (Draca y Machin, 2015), en tanto que en estudios sobre insurgencia rural se identifica una fuerte relación causal entre oportunidad económica y conflicto y delito (Dube, García-Ponce y Thom, 2016).

Melissa Dell es economista y profesora de economía en la Universidad de Harvard. (foto: IMF)

Hay motivos para pensar que el vínculo entre la pérdida de empleo y el aumento de la violencia delictiva sea más claro en las economías pobres con instituciones más débiles, incluso en lugares como México, con sus mercados laborales urbanos más desarrollados, que en las economías avanzadas. En áreas de bajo ingreso, la red de contención social suele ser frágil. Las instituciones de justicia penal en general carecen de recursos y tienen dificultades para evitar la corrupción. Las organizaciones delictivas, en cambio, pueden ofrecer amplias oportunidades de empleo, lo que las vuelve más atractivas y reduce los costos de búsqueda de empleo para los desempleados.

En un nuevo estudio (Dell, Feigenberg y Teshima, de próxima publicación) analizamos cómo los cambios en las oportunidades de empleo urbano de manufactura debido a la competencia del comercio internacional han incidido en la violencia por narcotráfico en México. La competencia comercial entre China y México en el mercado estadounidense ha sido un factor determinante de las condiciones en el mercado laboral local mexicano, lo cual ha generado gran interés público y político. Esta competencia parece socavar las oportunidades de empleo local que, según demostramos, no guardan correlación con tendencias preexistentes de narcotráfico y violencia.

Nuestro estudio concluye que si las exportaciones chinas a Estados Unidos no hubieran aumentado considerablemente durante 2007–10, el aumento de homicidios por narcotráfico en México en nuestra muestra (alrededor de 6.000 en 2007 y más de 20.000 en 2010) hubiese sido un 27% más bajo. Los efectos se agudizan en los casos en que la competencia internacional puede afectar desproporcionadamente a hombres jóvenes menos capacitados, lo que se condice con la alta propensión de este subgrupo a involucrarse en actividades ilegales.

El impacto se concentra significativamente en municipios con presencia de bandas transnacionales de narcotráfico. En cambio, no hay impacto en cuanto a homicidios por narcotráfico y en general en municipios donde no se conocía la existencia de operaciones de narcotráfico.

 

Este artículo fue orginalmente públicado en la edición de junio de 2019 de Finanzas y Desarrollo.