(foto: Joaquin Hernandez/Xinhua News Agency/Newscom)

Por Weicheng Lian, Natalija Novta, y Petia Topalova

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Quizá sea difícil imaginar una época en la que una computadora de 512 kilobytes costaba más de USD 28.000. Eso sucedía en 1984. Actualmente, se puede comprar una computadora mucho más poderosa por menos de USD 300.

Hace décadas que los precios de la maquinaria y los equipos bajan respecto de los precios generales, gracias al crecimiento del comercio y a las mejoras tecnológicas generalizadas que redundaron en una producción de bienes de capital más eficiente. Eso ayudó a los países de todo el mundo a elevar la inversión real y mejorar la calidad de vida.

Sin embargo, como muestra nuestra investigación en el capítulo 3 de la edición de abril de 2019 del informe Perspectivas de la economía mundial, este importante motor de la inversión puede estar en riesgo. Las tensiones comerciales y el lento crecimiento de la productividad podrían desacelerar la reducción del precio relativo de la maquinaria y los equipos, lo que pondría un freno al crecimiento de la inversión a nivel mundial. Estas conclusiones constituyen un argumento adicional a favor de reducir las barreras comerciales y reactivar el comercio.

El comercio y la tecnología determinan los precios relativos de la maquinaria y los equipos

Desde 1990, el precio de la maquinaria y los equipos respecto del precio del consumo se redujo aproximadamente un 60% en las economías avanzadas y cerca de un 40% en las economías de mercados emergentes y en desarrollo. La caída más notable fue la del precio relativo de los equipos de computación, que disminuyó aproximadamente un 90% desde 1990: son reducciones drásticas, si las comparamos con los precios relativos de otros tipos de activos de capital, como la vivienda y las estructuras comerciales, que se mantuvieron más correlacionadas con el nivel de precio del consumo.

La integración del comercio fue el factor más importante detrás de la reducción de los precios de la maquinaria y los equipos respecto del precio del consumo, según nuestro análisis basado en datos de precios de más de 30 sectores de 40 economías. El incremento de la competencia proveniente del extranjero llevó a los productores internos de bienes de capital a bajar los precios, al tiempo que los impulsó a aumentar su productividad. A través de esos dos canales, el comercio contribuyó hasta un 60% a la reducción observada en el precio relativo de la maquinaria y los equipos entre 2000 y 2011. El rápido crecimiento de la productividad de la producción de bienes de capital relacionado con fuentes distintas del comercio también ayudó a reducir los precios relativos.

Los precios relativos impulsan la inversión

La reducción del precio de los bienes de capital respecto del precio del consumo, a su vez, dio un impulso notable a la inversión real. Nuestras simulaciones de modelos sugieren que una disminución del precio relativo de la inversión, producto de un recorte de los aranceles aplicados a los bienes de capital o de un incremento de la eficiencia de la producción de dichos bienes, genera un aumento permanente y considerable en las tasas de inversión real. Un ejemplo de ello es la experiencia reciente de Colombia con la reforma arancelaria. Las empresas cuyos insumos de capital cuestan menos por los recortes arancelarios de 2011 elevaron su nivel de inversión. Según nuestras estimaciones, una reducción de 1 punto porcentual en los aranceles aplicados sobre los bienes de capital genera un aumento de 0,4 puntos porcentuales de la inversión.

En términos más amplios, nuestros análisis empíricos revelan que, en las economías de mercados emergentes y en desarrollo promedio, aproximadamente la tercera parte del aumento de la tasa de inversión real en maquinaria y equipos de las últimas tres décadas puede atribuirse al abaratamiento de los bienes de capital respecto del consumo, mientras que las políticas macroeconómicas más sólidas y otros factores contribuyen al resto. Es posible que la desaceleración de la reducción del precio relativo de los últimos 10 años haya acentuado la debilidad del crecimiento de las inversiones registrada desde la crisis financiera mundial .

Impulso del comercio

Nuestras conclusiones revelan un argumento a favor de mantener el comercio en movimiento que suele pasarse por alto, a saber, que la integración comercial mantiene los precios de los bienes de capital en niveles bajos, lo que alienta la inversión real.

Como los aranceles aplicados sobre los bienes de capital promedian aproximadamente un 4% en los mercados emergentes y un 8% en los países en desarrollo de bajo ingreso, sigue habiendo margen para reducir las barreras al comercio. En los países de ingreso más bajo, la plena aplicación de los compromisos asumidos en el marco del Acuerdo sobre la Facilitación del Comercio de la Organización Mundial de Comercio podría generar una reducción de los costos comerciales no arancelarios equivalente a un recorte de aranceles de 15 puntos porcentuales.

Si hablamos de todas las economías, evitar las medidas proteccionistas y reactivar la liberalización del comercio podría ayudar a mantener el ritmo de la reducción del precio relativo de los bienes de capital, lo que ofrecería un impulso al bajo crecimiento de la inversión en las economías avanzadas y respaldaría la profundización del capital en los países en desarrollo, que todavía es muy necesaria.

También es crucial apoyar la innovación del sector que produce bienes de capital tanto en las economías avanzadas como en las economías en desarrollo. Las políticas que alientan la investigación y el desarrollo, el espíritu de empresa y la transferencia de tecnología, al igual que la inversión sostenida en educación e infraestructura pública, pueden tener un efecto muy positivo.

Sin embargo, las autoridades responsables de la política económica también deben prestar atención a las dificultades que podrían enfrentar algunos trabajadores y sectores a medida que se reducen los precios relativos de la maquinaria y los equipos. Como se analizó recientemente , la reducción del precio relativo de la inversión erosiona la participación de los trabajadores en el ingreso en las economías en las que muchos trabajos pueden automatizarse con facilidad. Es preciso diseñar políticas para ayudar a los trabajadores a lidiar con posibles perturbaciones laborales, con redes de seguridad social suficientemente amplias y programas que promuevan la recapacitación, el desarrollo de aptitudes y la movilidad ocupacional y regional.