El crecimiento en el G-20 se ha dinamizado, pero el avance hacia un crecimiento más equilibrado, sostenible e inclusivo es lento (foto: Egon Bömsch imageBROKER/Newscom).

Por Helge Berger and Margaux MacDonald

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Este blog rinde homenaje a Giang Ho, economista del Fondo Monetario Internacional que falleció repentinamente el pasado mes de agosto. Su trabajo y su ingenio están plasmados en este análisis. La echamos de menos, y estará para siempre en nuestros recuerdos.

¿Cuánto se ha acercado el Grupo de los Veinte (G‑20) a su objetivo de “crecimiento vigoroso, sostenible, equilibrado e inclusivo”? La expansión mundial sigue siendo fuerte , y por eso no debe sorprender que en su informe de 2018 el FMI le asigne buenas calificaciones al G-20 en lo que respecta a sus perspectivas a corto plazo. En comparación con el año pasado, las brechas del producto han ido cerrándose (es decir, el producto efectivo se aproxima más al potencial) y hay menos desempleados, pero los riesgos han aumentado. Al mismo tiempo, el avance hacia un crecimiento más sostenible y equilibrado ha sido lento: persisten los desequilibrios externos (superávits y déficits), los niveles elevados de endeudamiento y un bajo crecimiento de la productividad. La inclusión —que se analiza por primera vez en el informe de este año— sigue siendo una asignatura pendiente.

El crecimiento inclusivo no se cristaliza

El G-20 ha subrayado que el crecimiento inclusivo es una de sus metas de política concretas, pero un aspecto que suele considerarse como inherente a alcanzar un crecimiento sostenible es garantizar que el crecimiento beneficie a todos. Por ejemplo, las reformas estructurales gozan de un mayor respaldo político cuando los consiguientes aumentos del ingreso se distribuyen de forma más amplia.

No obstante, después de 1990, la desigualdad medida por el coeficiente de Gini aumentó en la mayoría de las economías del G-20, e incluso sigue siendo elevada en algunas economías emergentes en las que disminuyó durante ese período (las zonas rojas en el mapa denotan aumentos de la desigualdad; las zonas verdes denotan disminuciones). Por ejemplo, la desigualdad se redujo notablemente en muchos países de América Latina y en Turquía, pero sigue siendo más elevada en países europeos y norteamericanos del G-20, en donde los niveles de desigualdad aumentaron durante el mismo período.

De hecho, las mejoras del ingreso han seguido siendo muy desiguales en el período posterior a la crisis financiera: en las economías del G-20, los asalariados en el 10% inferior de la distribución del ingreso ganan en promedio solo un 8% de lo que ganan los asalariados en el 10% superior de la distribución. Estas persistentes desigualdades son factores que reflejan y la vez agravan el acceso desigual a oportunidades económicas, como educación, salud y servicios financieros.

Las autoridades pueden marcar una diferencia

Si actúan ahora y juntas, las economías del G-20 tienen la oportunidad de sustentar el firme crecimiento mundial a mediano plazo, de hacerlo más equilibrado, y de garantizar que sus ventajas se distribuyan más ampliamente. Cabe destacar que muchas de las medidas que incrementarían la productividad a mediano y largo plazo —según estimaciones, elevarían el nivel del PIB del G-20 casi un 4%— también harían más inclusivo el crecimiento.

La inversión en capital humano es un ejemplo claro. Las inversiones para afianzar la formación y las aptitudes de los trabajadores no solo ayudarán a las economías del G-20 a adaptarse mejor a las nuevas tecnologías que pueden alterar el “futuro del trabajo”, sino que también garantizarán que más personas se beneficien de los avances tecnológicos. Lo mismo se logrará ampliando la inclusión financiera y reformando las redes de protección social y los sistemas de seguro para facilitar la movilidad entre empleos, sectores y fronteras. Además, la redistribución a través de los impuestos y las transferencias seguirá siendo un componente clave de la búsqueda de un crecimiento más inclusivo entre los miembros del G-20.

En la nota de supervisión del G-20 —que se publicará el 27 de noviembre— se resumirá la forma en que las autoridades deben trabajar, en paralelo y mancomunadamente, para contener los riesgos, lo cual también ayudará a reducir la desigualdad. Por ejemplo, la reducción de las barreras al comercio de servicios no solo encierra la promesa de mitigar los riesgos derivados de los desequilibrios externos excesivos, y por ende de aliviar las tensiones, sino que también ayudará a mejorar los ingresos. Si además se adoptan políticas que garanticen una distribución amplia del crecimiento, el G-20 podrá avanzar más fácilmente hacia su meta de crecimiento vigoroso, sostenible, equilibrado e inclusivo.

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